|

Son enfermedades que no tienen una clara base
biológica. En muchas ocasiones el enfermo se queja
de que “ya he pasado por varios médicos y no me
encuentran nada… pero yo estoy mal”. Son
enfermedades reales pero provocadas por trastornos
psicoafectivos. Una enfermedad muy actual sería por
ejemplo la fibromialgia
Es delicado situar la frontera entre las
enfermedades psicosomáticas y las biológicas, además
de que, a su vez varía en muchos casos su grado de
intensidad.
Podemos recorrer toda la gama de enfermedades, desde
aquellas en las que los factores biológicos,
tóxicos, infecciosos, traumáticos o genéticos son
determinantes, hasta afecciones en las que lo son
los factores psicosociales, en forma de emociones,
de conflictos actuales o antiguos.
Porque, por ejemplo ¿qué hay más mecánico que un
traumatismo? Sin embargo, muchas veces vemos en los
sujetos que son victimas de traumatismos, su
propensión a los accidentes y esto puede revelar que
un factor emocional perturba su equilibrio afectivo.
Otro ejemplo que refleja estas interacciones es la
tendencia a sufrir resfriados. Los desequilibrios
emocionales provocan estrés y afectan al tono
vascular, concretamente a nivel de las vías
respiratorias superiores, que albergan bacterias o
virus saprofitos. El estrés a su vez influye en la
bajada de defensas. El estado mental interviene de
forma indirecta, pero real, en la resistencia a las
enfermedades infecciosas, influyendo sobre el
terreno en el que los gérmenes patógenos ejercen su
acción.

La interrelación entre lo psíquico y lo biológico lo
podemos constatar, ya que no existen trastornos
psicoafectivos que no afecten al cuerpo en sus
manifestaciones, por ejemplo la angustia, la
excitación, la depresión, la rabia. Pero también
ocurre al revés: vemos que las enfermedades
orgánicas también provocan trastornos psicoafectivos,
como por ejemplo preocupación, temores, tristeza,
angustia, etc.
En todo caso, hay que distinguir esta interrelación
de una forma rigurosa, distinguiéndolos de los
acontecimientos que forman parte de la normalidad.
Dra. Elisa Urbano
Psicóloga, sexóloga y
Terapeuta
|