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INTRODUCCIÓN
Existen distintas
teorías que explican desde distintos enfoques las causas de las
enfermedades psicosomáticas. Los psicoanalistas, como
Joyce Mc Dougall,
postulan que las personas que desarrollan dichas enfermedades tienen una
tendencia a ignorar las señales de su cuerpo, o en el caso de ser
registradas, las consideran desprovistas de importancia. Son individuos
sobreadaptados, que ante momentos difíciles o traumatizantes parecen
inquebrantables. Muchos de ellos presentan alexitimia, es decir,
dificultad para registrar y expresar sus emociones; y a veces parecen
algo desafectivos en sus relaciones con los demás. Michael Fain
explica que los pacientes psicosomáticos tuvieron madres
sobreprotectoras que hicieron lo posible para evitarles el dolor y, de
esta manera interrumpieron el desarrollo normal de la unidad
psicosomática. Estos niños tardarán más tiempo o presentarán problemas
para registrar las sensaciones de su cuerpo.
Otra teoría es la de
la "Especificidad de Respuesta" que se basa en la concepción de
la debilidad genética de un órgano. Es decir, la persona tendría una
parte de su cuerpo predispuesta para enfermar, independientemente del
factor estresante. El tipo de enfermedad que puede surgir está
determinado por el "eslabón más débil" dentro de su sistema funcional
orgánico. Ante las mismas condiciones estresantes, un individuo más
vulnerable (por constitución personal) es más probable que desarrolle un
trastorno que otro individuo con menor predisposición.
En la actualidad las
teorías tienden a ser explicaciones multifactoriales en vez de
estar centradas en único aspecto. Algunas sugieren la existencia de un
estilo emocional negativo, definido por el predominio de un complejo de
variables emocionales como la ansiedad, la depresión, la ira-hostilidad,
que podría estar implicado en el desarrollo de múltiples trastornos
físicos. Este tipo de evidencia sugiere la posibilidad de que exista un
tipo general de persona predispuesta a la enfermedad caracterizado por
la preponderancia de un estado emocional.
Otra teoría explica
las causas de las enfermedades psicosomáticas en términos de personas
predispuestas al estrés. Es decir, más propensas a exhibir conductas
psicosomáticas.
La Asociación
Psiquiátrica Americana hace una distinción de las formas en que los
factores psicológicos influyen negativamente en el estado físico:
alterando el curso
de una enfermedad (lo cual puede ser inferido por una estrecha
asociación temporal entre los factores psicológicos y el desarrollo,
exacerbación o retraso en la recuperación de la condición médica
general),
interfiriendo con el
tratamiento de la condición médica general (por ejemplo reduciendo
la adherencia al tratamiento médico),
constituyendo un
factor de riesgo adicional para la salud del individuo (por
ejemplo, causando broncoespasmo en personas con asma)
Así mismo, establece
seis tipos de factores psicológicos que pueden influir mediante alguna
de las direcciones señaladas arriba:
Trastornos mentales.
Un
trastorno mental puede afectar significativamente al curso o
tratamientos de una condición médica general (por ejemplo, una
depresión mayor afecta adversamente al pronóstico del infarto de
miocardio, el fallo renal o hemodiálisis).
Síntomas
Psicológicos.
Síntomas que, sin constituir un trastorno, afectan significativamente
el curso o tratamiento de una condición médica general. Por ejemplo,
los síntomas de ansiedad afectan negativamente el curso y severidad
del asma, el síndrome del intestino irritable y la úlcera péptica.
Rasgos de
personalidad o estilos de afrontamiento.
El rasgo de hostilidad puede ser un factor de riesgo para la
cardiopatía isquémica; un estilo de afrontamiento represor puede
retrasar la realización de una operación quirúrgica necesaria.
Conductas
desadaptativas
relacionadas con la salud. Se trata de comportamientos nocivos para la
salud, tales como el consumo de sustancias (alcohol, drogas, tabaco,
etc.), el sedentarismo, las practicas sexuales poco seguras (p.ej.,
posibilidad de contagio de sida), el comer en exceso, etc.
Respuestas
fisiológicas asociadas al estrés.
Pueden afectar tanto al curso (desarrollo, precipitación,
exacerbación, etc.) como al tratamiento de la condición médica.
Otros factores no
especificados
pueden inducir efectos adversos sobre el curso o tratamiento de
condiciones médicas generales (por ejemplo factores demográficos,
culturales o interpersonales).
En este trabajo se
hará referencia a las enfermedades psicosomáticas, principalmente,
cuando las personas afectadas por ellas son niños. Sin embargo, no hay
que descuidar que en algunos puntos, es necesaria la generalización con
el fin de entender mejor cuales son los mecanismos y caminos que inciden
en tales enfermedades.
DEFINICIÓN
Intento de definición
respaldada por las distintas teorías
Existe una
dificultad para delimitar el campo psicosomático, ya que existen
contradicciones en este término según se aplique a toda la medicina o
que se restrinja a ciertos trastornos.
Es
delicado situar la frontera entre las enfermedades psicosomáticas y las
biológicas, además de que, a su vez varía en muchos casos su grado de
intensidad.
Podemos
recorrer toda la gama de enfermedades, desde aquellas en las que los
factores biológicos, tóxicos, infecciosos, traumáticos o genéticos son
determinantes, hasta afecciones en las que lo son los factores
psicosociales, en forma de emociones, de conflictos actuales o antiguos.
Pero ya se trate de unas o de otras, es preciso no perder de vista la
unidad psicosomática del hombre enfermo.
Porque,
por ejemplo ¿qué hay más mecánico que un traumatismo?. Sin embargo,
muchos accidentes son actos fallidos que entran en el cuadro de la
psicopatología de la vida cotidiana. Muchas veces, en los sujetos que
son victimas de traumatismos, su propensión a los accidentes revela un
factor emocional que perturba su equilibrio afectivo.
Otro
ejemplo que refleja estas interacciones es la tendencia a sufrir
resfriados. Los desequilibrios emocionales provocan estrés y afectan al
tono vascular, concretamente a nivel de las vías respiratorias
superiores, que albergan bacterias o virus saprofitos. El estrés a su
vez influye en la bajada de defensas. El estado mental interviene de
forma indirecta, pero real, en la resistencia a las enfermedades
infecciosas, influyendo sobre el terreno en el que los gérmenes
patógenos ejercen su acción.
Según cita
Weiss y English: “La medicina psicosomática no reconoce menos
importancia que la medicina general a los factores orgánicos, sino que
valora más los factores psíquicos, con lo que devuelve a un antiguo
principio su valor, según el cual el espíritu y el cuerpo no son
elementos opuestos, sino interdependientes”.
Estudios
clínicos efectuados en enfermos en los que se ha podido establecer todos
los antecedentes biográficos han demostrado la existencia de una
relación cronológica entre la evolución de su enfermedad y las
vicisitudes de su vida afectiva. La situación que precipita al sujeto a
la enfermedad revise para cada paciente una significación afectiva
particular, porque está unida al pasado o a una problemática conductual
no resuelta. Por esta razón tiene para él un efecto estresante.
Por tanto,
los afectos pueden, por una tensión emocional crónica inducir la
producción de trastornos funcionales crónicos y después la lesión
orgánica. Por otro lado, si la expresión motora o verbal de la
agresividad o de la ansiedad está bloqueada, las descargas del sistema
nervioso central son devueltas hacia el sistema vegetativo, produciendo
desórdenes patológicos en el funcionamiento de los órganos.
Se ve así
que la causalidad de la enfermedad no es lineal ni unívoca, sino
multifactorial.
CUÁL ES SU RAÍZ
La importancia de la relación de objeto
El
psicoanálisis ha establecido la importancia de la relación de objeto y
ha permitido comprender el origen de los trastornos a partir de la
historia de la relación del sujeto con su medio.
Los
enfermos psicosomáticos parecen haber sufrido una fragilización en este
sentido al principio de su desarrollo, en el estadio preobjetal
exactamente, edad preverbal, en la que lo orgánico y lo fisiológico, lo
psicológico y lo relacional son indistintos y donde la indiferenciación
de sujeto-objeto convierte al sujeto en extremo dependiente de su madre.
Si en este
estadio el sujeto sufre una fuerte frustración de las satisfacciones
indispensables, sea por una enfermedad o por falta de cuidados o afecto
puede desarrollar un conflicto que posteriormente se puede reactivar.
Vemos en
los enfermos psicosomáticos una tendencia a utilizar defensas como la
proyección y la introyección. En la tuberculosis, por ejemplo, vemos una
respuesta de deseo de huída por repetición de la actitud de dependencia,
y en la hipertensión una actitud de agresividad y lucha, y en el asma y
ulcus gástrico una contradicción entre la actitud agresiva y de lucha y
la actitud de dependencia.
En los
enfermos psicosomáticos la profunda necesidad de dependencia y la
intensidad de su agresividad les pondría en peligro si aceptasen la
evidencia de sus pulsiones libidinosas y agresivas. Son en apariencia
bien adaptados socialmente y no dejan filtrar manifestaciones afectivas
para que no emerjan sus deseos o represiones. Desde la histeria de
conversión hasta la somatización hay una represión progresiva de los
afectos, hay un enterramiento progresivo de los síntomas en el interior
del cuerpo. El tratamiento ha de seguir un camino inverso.
CUÁL ES SU ENFOQUE ACTUAL
La medicina psicosomática.
El
objetivo de muchos autores como Alexander, Haliday, Boss, Delay y otros,
sería introducir los aspectos subjetivos en la medicina. Se trataría de
un nuevo enfoque de la medicina en la que habría que introducir “lo
psíquico” en una disciplina que, por sus aspiraciones científicas, viene
procurando excluir todo lo subjetivo de su campo.
Otros
autores dan esta batalla por perdida y optan por el establecimiento de
una nueva disciplina: la psicosomática, que aunque sería distinta de la
medicina, el psicoanálisis, la psicología y la psiquiatría, es muy
difícil delimitarla con éstas otras.
Otra
opción plantearía la existencia de fenómenos psicosomáticos, que serían
trastornos orgánicos cuya aparición y evolución no se corresponde con
las enfermedades orgánicas habituales. En esta opción se daría una
colaboración de las diversas ramas de la medicina: medicina interna,
inmunología, pediatría, etc. Desde el punto de vista psicológico, estos
trastornos podrían abordarse desde distintas orientaciones psicológicas.
El peligro es la mezcla indiscriminada de conceptos con lo que su
aplicación perdería todo su valor terapéutico.
Estos
trastornos orgánicos desencadenados o agravados por causas psíquicas han
de ser analizados de una forma seria, amparados por una teoría rigurosa,
pues se hallan implicados tanto lo psíquico como lo biológico.
La
implicación de lo psíquico y lo biológico lo podemos constatar, ya que
no existen trastornos psicoafectivos que no afecten al cuerpo en sus
manifestaciones, por ejemplo la angustia, la excitación, la depresión,
la rabia. Pero también vemos que las enfermedades orgánicas también
provocan trastornos psicoafectivos, como por ejemplo preocupación,
temores, tristeza, angustia, etc.
En todo
caso, esta interrelación ha de ser probada de una forma rigurosa para
aconsejar una intervención terapéutica, distinguiéndolos de los
acontecimientos que forman parte de la normalidad.
Etiología de los trastornos psíquicos
Dentro de
este apartado incluimos las alteraciones somáticas en general del ser
humano, es decir, la etiología de los trastornos psíquicos de los
adultos, los niños y los adolescentes para tener en principio una visión
general. De todas formas, en lo que vamos a profundizar en este trabajo,
tal como indica su título, va a ser en las enfermedades psicosomáticas
infanto-juveniles..
Comenzamos
definiendo la neurosis para posteriormente mejor entender las histerias,
tanto las de conversión como las de disociación, y la personalidad
histérica.
NEUROSIS
Vemos en
la neurosis que cuando el conflicto psíquico se expresa con
modificaciones físicas como sensaciones de ahogo, vómitos, contracturas,
no se halla tampoco ninguna alteración somática en su origen. El
neurótico se siente asombrado de sus propias ansiedades, inhibiciones,
temores, ideas que se imponen en su pensamiento, aparentemente en
desacuerdo con su personalidad, pero a través de la técnica
psicoanalítica se puede profundizar en el subconsciente y revivir,
gracias a la transferencia sus primeras relaciones de objeto. Lo que
parecía inconexo e incomprensible se muestra claro y comprensible con su
personalidad.
Las
disfunciones somáticas pueden ser sensoriales y subjetivas, pero
subjetivamente reales, ya que aunque no exista ninguna lesión orgánica
en su origen por ejemplo una cefalea, de origen psicógeno es
verdaderamente dolorosa para el paciente, no imaginaria como se suele
creer.
Freud
distinguió dos grandes grupos de las neurosis actuales:
-
Las neurosis de ansiedad y la
neurastenia.
-
El de la psiconeurosis formado por la
histeria de conversión o neurosis fóbica y la neurosis obsesiva.
Las causas de la neurosis
La
neurosis parece desencadenarse por situaciones de frustración,
sufrimiento o decepción, como son los desengaños amorosos, los fracasos
o dificultades profesionales, los cambios laborales, sociales o
familiares bruscos. Suele ocurrir en los periodos de vida criticas: en
la pubertad, entrada en la edad adulta, matrimonio, inicio de involución
en el hombre, etc. De todas formas, las dificultades reales de la vida
no bastan para que se produzca una alteración psíquica duradera como la
neurosis, es necesario que previamente exista un factor interno
determinado por la evolución infantil que las haga patógenas. Este
factor es determinado por la frustración interna o conflicto neurótico,
por lo tanto, la frustración interna (que es la importante) y la externa
se complementan.
Concepto de neurosis histérica
Detrás de
la sintomatología existen unos rasgos característicos de personalidad
histérica que muestran de forma clara las distintas formas que adopta la
histeria en su forma de expresión externa.
Podemos
distinguir la histeria de los trastornos psicógenos o funcionales, ya
que los signos histéricos son siempre psicógenos, pero lo psicógenos
para ser calificados de histéricos no basta con que sean funcionales, es
decir, carentes de alteración somática en su origen, sino que además han
de responder al propósito del inconsciente y que a través de los mismos
el enfermo obtenga un beneficio primario. Por ejemplo una persona puede
reaccionar ante un acontecimiento psíquicamente traumatizante con un
vómito, pero solo se puede considerar este signo como reacción histérica
si la fantasía inconsciente del enfermo posee un sentido que se expresa
a la vez como un impulso reprimido y las fuerzas que a él se oponen.
La
histeria puede ser dividida en dos grandes formas: la histeria de
conversión y la histeria de disociación.
CONCEPTO
DE HISTERIA DE CONVERSIÓN
La
conversión se trata de un proceso inconsciente por el que los conflictos
intrapsíquicos generadores de intensa ansiedad, a causa de que los
impulsos y afectos son reprimidos, las defensas actúan contra ellos, y
se llegan a convertir en diferentes síntomas externos: motores,
sensoriales, fisiológicos y psicológicos. Por lo que puede decirse
conversión somática y conversión psicológica.
La
histeria de conversión siempre expresa lo reprimido y las fuerzas
represoras. Presenta la contradicción de que gratifica lo reprimido,
pero castiga por esta gratificación.
Los signos
más característicos de este tipo de histeria son las conversiones
somáticas, desarrolladas a partir de presiones psíquicas inconscientes.
Los conflictos emocionales son convertidos y expresados en síntomas
somáticos localizados en distintas partes del cuerpo, con especial
predominio en aquellas que se hallan bajo control voluntario. Para poder
comprender el simbolismo de este lenguaje somático deberemos descubrir
el simbolismo involucrado en los impulsos reprimidos, los antecedentes y
los factores desencadenantes de la neurosis.
Síntomas clínicos
-
Síntomas paroxísticos
-
Crisis
psicomotora histérica.
Consiste en una crisis acompañada de pérdida de conciencia, con caída al
suelo y convulsiones, muy similares a las crisis epilépticas, aunque se
distingue de éstas por la intencionalidad y teatrabilidad, ya que el
sujeto se muestra exagerado, mesándose los cabellos, llevándose la meno
al corazón, agrediendo a quienes intentan contenerlo, etc. La duración
de esta crisis suele oscilar desde unos minutos a varias horas. En
muchas ocasiones se producen después de una excitación emocional. El
sujeto reacciona ante los estímulos externos de quienes le rodean.
-
Crisis
lipotímicas.
Se diferencia de una lipotimia sincopal en que la pérdida de conciencia
no es nunca completa y reacciona ante los estímulos externos. Se
presenta después de un disgusto, tensión emocional, estado de miedo,
etc. El enfermo cae de forma tal que no se lesiona en la caída.
-
Ataques
catalépticos.
El sujeto queda aparentemente dormido, sin que las personas que le
rodean consigan despertarle. Al practicarle un electroencefalograma no
se observan signos eléctricos del sueño. Es menos frecuente que los
anteriores.
-
Síntomas permanentes
-
Trastornos
motores.
o
Parálisis.
Pueden ser sistematizadas en la que pierden la capacidad para efectuar
un movimiento determinado, o bien localizadas, o generalizadas, en la
que toman la forma de hemiplejias o paraplejías.
o
Contracturas.
Pueden afectar a la musculatura estriada y pueden ser, igual que las
parálisis sistematizadas, localizadas o generalizadas. También pueden
afectar a la musculatura visceral, en la que principalmente afectan al
aparato respiratorio, al tubo digestivo y al aparato uro-genital. El
histérico utiliza la motricidad visceral como una forma de modificar el
propio cuerpo, en lugar de modificar el mundo externo, y como una forma
de expresar deseos y sentimientos que no pueden ser expresados
abiertamente. Por ejemplo: vómitos o náuseas puede significar que el
enfermo no puede “tragar” esa situación. Las lesiones cutáneas, las
urticarias, los edemas, etc. pueden incluirse dentro de las
alteraciones vasomotras.
-
Trastornos
sensitivos.
o
Son comunes
las anestesias, parestesias e hiperestesias, que no se corresponden con
alteraciones neurológicas, ya que varía ante los distintos exámenes
según sean las circunstancias personales del paciente, y es muy
susceptible a la sugestión.
o
También son
característicos los trastornos sensoriales, los más frecuentes son los
visuales, en los que existen contradicciones, como por ejemplo que un
paciente pueda leer pero no sea capaz de ver lo que ocurre a su
alrededor. O que en otras ocasiones se presente una ceguera histérica.
La diferenciación es muy difícil de detectar, pero en este caso los
problemas se hallan asociados a reflejos pupilares intactos y motilidad
normal de los globos oculares.
CONCEPTO
DE HISTERIA DE DISOCIACIÓN
Psicológicamente disociación significa desunión, separación o escisión.
Es decir, en la disociación existe un aislamiento de los distintos
elementos de la personalidad, se produce por lo tanto una inconsciente
separación de una idea, impulso, comportamiento, etc. del conjunto de la
vida psíquica, de forma que la integración de la personalidad queda
rota.
Hablamos
de histeria de disociación cuando estos procesos de disociación son tan
intensos que no quedan referidos solamente a la vida psíquica
inconsciente, sino que se presentan como estados patológicos, de forma
clínicamente evidenciable. Es un tipo de respuesta defensiva
inconsciente en forma de huida psicológica.
Clínica
-
Disociación fragmentaria
-
Despersonalización.
o
Individual.
Sentimiento de pérdida de identidad personal, se siente a sí mismo como
extraño o irreal.
o
Ambiental.
Estos
sentimientos de extrañeza e irrealidad se refieren al mundo circundante.
-
Amnesia
histérica.
La evocación de una parte de las propias experiencias queda fuera del
alcance de la evocación voluntaria, por causas emocionales.
-
Disociación simultánea.
En este síndrome coexisten, disociadas entre sí, dos o más formas de
funciones psíquicas (ideas, recuerdos, impulsos, etc.) y actividades
físicas que son realizadas simultáneamente. El móvil reside en la
necesidad de huir de un conflicto que produce ansiedad.
-
Disociación alternante.
Se trata de una disociación masiva, cuyos principales cuadros clínicos
son el sonambulismo, el cual se produce en la infancia, las
fugas en las que el sujeto viaja sin una finalidad comprensible,
hasta que súbitamente recobra su estado usual y se extraña al
encontrarse lejos de su hogar, y la doble personalidad, en la
cual dos fragmentos de la personalidad dominan de forma alterna la vida
psíquica consciente, de forma que el enfermo se comporta como si tuviera
dos personalidades.
-
Estados
disociativos de trance.
Se caracteriza por
una falta de respuesta a los estímulos ambientales. El trance puede
durar varias horas o varios días, y suele estar relacionado con alguna
situación emocional conflictiva.
-
Disociación hipnótica.
A través de la
sugestión del hipnotizador, se instaura un estado de trance similar al
anterior, durante el cual el sujeto de experimentación sufre una intensa
focalización hacia su hipnotizador.
PERSONALIDAD
HISTÉRICA
Los
expertos afirman que todos los individuos que presentan síntomas
clínicos de histeria poseen unos rasgos comunes, que aunque se pueden
presentar en otros individuos, son especialmente frecuentes en la
neurosis fóbica (llamada también histeria de angustia), la cual presenta
gran afinidad con la histeria.
Los
rasgos de comportamiento externo más importantes son:
-
Egocentrismo muy
acentuado.
-
Labilidad emocional,
con sentimientos aparentemente intensos, pero volubles y cambiantes
fácilmente.
-
Tendencia al
“actino-out”, con escasa o nula previsión de las consecuencias.
-
Falta de inhibiciones y
limitado autocontrol.
-
Teatralismo, tiende al
comportamiento dramático y a cierto tipo de exhibicionismo.
-
Susceptibilidad ante la
sugestión.
-
Tendencia a la
imitación por su elevado nivel de sugestibilidad.
-
Escaso interés por el
estudio y las realizaciones de orden intelectual.
-
Superficialidad e
inconstancia en sus relaciones con los demás.
-
Aparente actitud de
dependencia y necesidad de protección, contradictoriamente combinada
con autoritarismo y habilidad para manejar a los otros.
-
Incapacidad para amar
profundamente. En las mujeres histéricas coexiste la frigidez con la
coquetería, en incluso en ocasiones con la promiscuidad sexual.
Los
rasgos y mecanismos profundos de la personalidad
1.
Represión
primaria y masiva.
2.
Capacidad para
la conversión de los problemas psiquicos en fenómenos somáticos,
realizando un verdadero “lenguaje de los órganos”.
3.
Fuerte
tendencia a la regresión.
4.
Facilidad para
la disociación.
5.
Utilización de
abundantes mecanismos de defensa primitivos, como la negación,
simbolización, ideación y formación reactiva.
6.
Escasa
capacidad para la formación de sublimaciones.
Etiología
La teoría
psicoanalítica presupone en la histeria una fijación del desarrollo
psicosexual en el nivel de la fase edifica.
Lo
característico de la histeria de conversión estriba en que la expresión
de lo reprimido se expresa a través de modificaciones corporales,
mientras que en las otras neurosis el afecto queda en lo psíquico.
El
mecanismo de defensa característico de la histeria de conversión es la
represión, de mantener fuera de la conciencia todo aquello que se
refiera a impulsos prohibidos.
Reacciones psicofisiológicas de la conversión histérica
La
nomenclatura estándar de la APA diferencia las reacciones de conversión
de los trastornos psicofisiológicos, autonómicos y viscerales sobre la
base de los siguientes criterios:
Los
síntomas de conversión:
Se expresan principalmente a través
del sistema sensoriomotor voluntario.
El síntoma expresa un impulso, una
idea, un afecto, etc.
La respuesta psicofisiológica a un
afecto o impulso, consciente o no, que por su intensidad o duración
puede dar lugar a una disfunción y a lesiones irreversibles.
Las
reacciones psicofisiológicas:
Son el resultado del sistema de
descarga del sistema nervioso autónomo.
-
No existe tal simbolización.
Aunque en
la práctica las diferencias están lejos de ser tan nítidas y
definitivas, ya que por ejemplo signos tradicionales de la histeria de
conversión, como los vómitos, síncopes o nauseas, se hallan basados en
alteraciones del sistema nervioso autónomo.
LA CONVERSIÓN PSICOSOMÁTICA DE LA AGRESIVIDAD
Las
pulsiones y los sentimientos agresivos se acostumbran a expresar en
nuestra sociedad por medio de actividades como el trabajo, deportes,
sexualmente, juegos, etc., o de forma imaginaria como son los sueños,
por medio de los mecanismos de defensa como la proyección en
espectáculos violentos (vemos por ejemplo la violencia que se despierta
en un campo de fútbol), o en el cine en películas duras, etc.
Pero en muchas
ocasiones estas sustituciones de la expresión de las pulsiones en forma
de brusca agresividad, no son suficientes para neutralizar las
frustraciones acumuladas, y entonces puede quedarse en el interior y
descargarse directamente en el organismo, sin pasar por las modulación
de las fantasías del inconsciente, y de este modo puede producir en el
cuerpo una respuesta de un síntoma funcional u orgánico.
Mecanismo de conversión de una emoción cotidiana en patológica
Comprenderemos de
forma esquemática esta conversión, para diferenciar una emoción trivial
y cotidiana de una patológica. Para ello veremos qué ocurre el los
aparatos digestivo y cardiovascular.
·
Comenzamos
por el grado más ligero de afectación somática, que serían las emociones
más triviales:
Por ejemplo, en el
aparato digestivo vemos que se expresa con la anorexia, la bulimia, la
“bola esofágica”, nauseas, vómitos, diarreas, etc.
En el aparato
cardiovascular se expresa con taquicardias, palpitaciones,
modificaciones al alza o a la baja de la presión arterial, etc. Es
sabido que la cólera se expresa directamente por trastornos del aparato
circulatorio.
·
Pasamos a un
grado más profundo de afectación somática con trastornos funcionales que
son respuestas más elaboradas del organismo.
En el aparato
digestivo la anorexia es más duradera, así como las nauseas o vómitos
que se presentan y se asocian a situaciones mal toleradas, un ejemplo
podría ser la obesidad. A nivel del colon las manifestaciones con
colitis espasmódicas son frecuentes.
En el aparato
cardiovascular se dan síntomas más graves, como los dolores precondiales,
las lipotimias, los desvanecimientos, las falsas anginas de pecho, etc.
Los pacientes que padecen estos trastornos con clasificados como distonía
vegetativa o trastornos vagosimpáticos.
·
Finalmente,
si el rechazo emocional prosigue, se puede llegar a síndromes lesionales,
clasificados como enfermedad psicosomática. En el modelo
biológico se expresaría diciendo que la cantidad de energía
perturbadora, que se da según su intensidad y duración, es demasiado
alta para la posibilidad de restauración del organismo, por lo que la
célula entraría en un estado patológico, que agravándose podría incluso
perder su estructura y morir.
En esta
clasificación de enfermedad psicosomática es cuando la reacción
agresiva pasa directamente al órgano, en lugar de permanecer en el
cuerpo psíquico bajo la forma de fantasías de agresividad o mecanismos
de defensa del inconsciente.
En el aparato
digestivo han sido estudiados dos grandes síntomas psicosomáticos: la
úlcera gastroduodenal y la rectocolitis hemorrágica.
A nivel del aparato
cardiovascular se dan los infartos de miocardio y la hipertensión
arterial crónica especialmente. Pero todos los otros aparatos pueden ser
objeto de trastornos, como el aparato respiratorio con las crisis de
asma psicosomática.
A nivel de piel son
las reacciones vasomotrices: palidez, sonrojo, y todas las
manifestaciones alérgicas.
En dermatología M
Bolgert (1972) declaró a propósito de la psoriasis
“el interrogatorio
de los enfermos permite encontrar con una gran frecuencia agresiones o
frustraciones psicológicas de diversa naturaleza en el origen de los
abcesos”.
LA RELACIÓN DE OBJETO
La
relación de objeto, explica la forma en que la persona se relaciona con
el mundo que lo rodea, que es el resultado complejo de una determinada
organización de la personalidad. Desde esta perspectiva, el primer
“objeto” para un niño sería la madre o el adulto significativo y la
manera cómo se establece el vínculo entre madre e hijo es fundamental
para el desarrollo de la personalidad. Spitz, ha hecho un
importante aporte, pues investigó a fondo sobre el primer año de vida,
estudiando sobre cómo se establece la relación de objeto, a través de
observar directamente a lactantes, investigó cómo se desarrolla la díada
madre - hijo, cómo evoluciona este vínculo, cuáles son las etapas y las
alteraciones originadas en el trastorno de la relación.
Para él,
estos cuadros son una respuesta somática del niño a un fallo del medio,
a la privación materna. Son las manifestaciones más tempranas de la
enfermedad psicosomática, precursora de las enfermedades psicosomáticas
posteriores. Que viene a ser la respuesta directa del bebé - quien como
sabemos posee un “Yo” muy poco estructurado - a traumas que no puede
dominar.
Posteriormente en el proceso de desarrollo infantil que va de la
dependencia absoluta a la autonomía relativa. Hay momentos claves o
etapas críticas a las que los padres tienen que estar muy atentos con lo
que le sucede al niño y especialmente por lo que les sucede internamente
a ellos, en especial a la mamá, si ella ha sido el adulto significativo
durante los primeros 2 años para el niño.
Pues a los 2 años aproximadamente, con la adquisición de la marcha, se
produce un impacto psicológico muy profundo en el niño, ya que ahora es
él quien determina dónde ir manejando, según sus deseos y necesidades,
su cuerpo en el espacio. Lo que le genera al niño sentimientos de
fortaleza.
De acuerdo
con cómo viva el niño esta independencia o dependencia y a cómo esta
situación sea tomada por la madre, para la Dra. Bekei se producen
distintos tipos de relación del niño con la mamá, que pueden determinar,
en el caso que no sean vividos en forma adecuada, efectos patológicos
diversos.
En su
experiencia, en esta etapa la mamá puede fallar reforzando la
dependencia excesiva o patológica, lo que lleva a la formación de
enfermedades psicosomáticas.
La autora
considera que conductas maternas diametralmente opuestas, pueden
provocar trastornos idénticos, en esta fase en la que el niño manifiesta
conductas de independencia (ya no siguen a los padres a todos lados,
empiezan a decir “no”, no aceptan que los dirijan, quieren hacer las
cosas solos, etc.) Si la mamá alienta la independencia del niño y no lo
acoge cuando el niño se acerca a ella buscando ser reasegurado, puesto
que inconscientemente rechaza que se aleje, el miedo del niño por perder
definitivamente a la mamá, si se anima a alejarse, paralizará los
intentos de éste de independizarse. Y de esta manera, la dependencia
excesiva o simbiótica se perpetúa.
Por otra
parte, si la mamá pone obstáculos a los intentos de independencia del
niño, negando su amor al niño cuando éste se afirma, el niño paraliza su
proceso de independización. Frases como “Si sales a la calle, ya no te
quiero”; “Si no te portas bien, me voy y te dejo solo”, confunden y
angustian gravemente al niño en esta etapa.
Finalmente, se logra un compromiso: para poder conservar el amor de mamá
manteniendo la dependencia, y seguir construyendo su proceso de
independencia y personalización simultáneamente, el niño tiene que
enfermarse, instalándose la enfermedad psicosomática.
Este es un
aporte para reflexionar sobre los vínculos y la importancia de los
padres y en especial la madre en los primeros años y de cómo podemos
apoyar a nuestros hijos y ayudarlos a que crezcan sanos y fuertes en
todo sentido.
ENFERMEDADES PSICOSOMÁTICAS EN BEBÉS Y NIÑOS
INTRODUCCION
Cuando un niño nace,
requiere de un conjunto de cuidados especiales por parte de su madre, ya
que de ahora en más el medio en el que le toca vivir le resulta hostil,
agresivo; el recién nacido posee una fragilidad que lo hace muy
vulnerable a virus, bacteria, golpes, etc.
El bebé que antes se
encontraba totalmente abrigado, alimentado y protegido dentro del
vientre de la madre ahora necesita adaptarse forzosamente a ese nuevo
entorno, con la ayuda de ella y es allí donde comienza a incorporar lo
que le llega del medio externo. Por esa razón en sus primeros tres meses
establece una relación de dependencia casi exclusiva con la madre.
Cuando hay fallas en ésta relación, o sea el bebé percibe
irregularidades, climas de tensión o sus primeras necesidades no son
satisfechas, esto lo puede expresar a través de su cuerpo por medio de
enfermedades, que si bien terminan siendo orgánicas, son originadas
desde su psiquismo, que se encuentra en estado de gestación. Por eso
recalcamos los cuidados de las madres a sus bebés, no solo con respecto
a sus necesidades elementales como ser el sueño, la eliminación de sus
heces y orina, la respiración y la alimentación, sino a la relación que
se establece entre ellos. El bebé percibe la voz y el olor de su madre,
como así también las irregularidades, los estados de ánimo, de tensión,
el cariño, la paciencia y la dedicación que le brinda la mamá e incluso
el bebé sabe cuando y en que medida es deseado por sus padres. De allí
surge que cualquier anomalía en ésta relación primaria podría ser
nefasta para la futura personalidad del niño. Recordemos que en casos
extremos algunos niños recién nacidos y hospitalizados, al no tener
contacto con su madre ni con ninguna otra persona, han fallecido a pesar
de haber estado bien alimentados, abrigados y dormidos.
Lo que les faltó es
que los tocaran, los acariciaran, etc., que les hayan brindado el cariño
que comúnmente una madre le entrega a su hijo.
René Spitz habla de
tres etapas que son decisivas para el desarrollo de los niños y en las
cuales se podría gestar el desarrollo de cualquier patología; estas son
la etapa del tercer mes, el período de los seis a ocho meses y la mitad
del segundo año.
También se da una
ida y vuelta entre la mamá y el bebé, es decir, ella puede descodificar
las necesidades y el estado de satisfacción de su hijo, a los que
responde con gestos y actitudes instintivas que el niño percibe. Entre
ellos se da una comunicación que va más allá de lo verbal; por eso la
mamá, tal vez sin saberlo, va constituyendo los primeros rudimentos de
la personalidad del niño, ya que si bien el niño nunca va poder recordar
estas experiencias, ellas van a formar parte de la "huella mnémica", que
son las primeras inscripciones en el psiquismo y que incidirán en el
futuro desarrollo del niño.
Muchas madres se
ocupan en forma casi exclusiva de los cuidados físicos del bebé, pero no
siempre se comprenden los factores psíquicos que pueden ser los que
originan diversas enfermedades psicosomáticas, pues como ya dijimos,
muchas de ellas derivan de anomalías en las relaciones con el medio,
fundamentalmente con su madre; dichas enfermedades se dan como una
disfuncionalidad, ejemplo de ello son los cólicos del primer trimestre.
Ya en la segunda parte del primer trimestre, hay una importante
modificación en la estructura del niño, se da la adquisición de la
primera sonrisa y también en éste período encontramos al niño un poco
inestable, nervioso, su sueño es más frágil, comienzan los llantos que
manifiestan su incomodidad, etc.
Más tarde, en el
segundo semestre, observamos que el niño reconoce visualmente a su madre
estableciéndose la primera relación de objeto, el niño diferencia a su
madre de las demás personas y puede establecer una relación dual con
ella. Michelle Fain en su libro " L’ enfant et son corps " nos dice que
cuando esto se produce el niño concentra en su madre las dos pulsiones:
La libidinal y la agresiva, lo que nos indica que es de esperar que el
niño rechace y se enoje con su madre, es natural que se le permita
expresar en forma moderada su agresión.
También en éste
período se da la angustia de separación y por eso el niño emplea
mecanismos defensivos para luchar contra la ansiedad que lo perturba: (
Desarrolla actividades de juego, adopta objetos transicionales que
permiten reemplazar momentáneamente a su madre, realiza actividades
autoeróticas y también motoras). Es de gran importancia poder tomar la
distancia adecuada para el progreso del niño, es decir, facilitarle la
separación paulatina de la madre.
Hacia el segundo
año, el niño va dando una importancia cada vez mayor al aspecto
intelectual, ya que según Piaget adquiere la función simbólica, con el
acceso al pensamiento, al lenguaje entrando el pequeño en un nuevo mundo
para conocer. Aunque también es el período de los conflictos: el niño se
debate entre su independencia-dependencia de la madre, pues allí se dan
el sentimiento de omnipotencia más el pensamiento mágico, que el niño
todo lo puede, contrastado con esa necesidad de estar protegido por su
madre.
En esta etapa,
llamada pre-edípica se dan numerosas enfermedades como ser espasmo de
glotis, insomnio, cóleras, etc. Aquí queda mucho por investigar, debido
a que se están detectando numerosas patologías que sufren los adultos y
que provienen de ésta época, que es el preludio de una fase vital para
la vida posterior del adulto siendo parte del tránsito por el complejo
de Edipo.
Finalmente
nos cabe reflexionar sobre todo lo que es Un Bebé, ya que si bien
destacamos como fundamental la visita del bebé al pediatra, no menos
importante son los cuidados que es recomendable tener en su relación con
la madre, porque el bebé estará incorporando en forma permanente lo
vivido en dicha relación, recordando que su vulnerabilidad y dependencia
los hace sumamente sensibles a cualquier desorden que perciben en su
medio.
¿PORQUE
UN BEBÉ O NIÑO ENFERMA?
nteriormente
hablamos de la vulnerabilidad de los niños y el estado de dependencia
con que nacen, esto nos indica que cualquier anormalidad que se produzca
en el medio del bebé favorecerá la posibilidad de contraer o desarrollar
una enfermedad. Las causas pueden ser múltiples, desde el carácter de la
madre, su dedicación al niño, su grado de aceptación del mismo, el trato
que le dé, etc. como también de otras circunstancias como ser
condiciones adversas de vida de la familia, tensiones en la pareja,
nacimiento de un hermano, modificaciones laborales a causa de la crianza
del niño, etc.
Si el niño presenta
una enfermedad al nacer, según Kriesler habría de investigarse los
fenómenos psicológicos que rodearon al nacimiento del niño y que pueden
ser generadores de una mala relación inicial con la madre y de problemas
posteriores que el niño manifiesta a través de su enfermedad por ej.:
después del nacimiento, muchas madres atraviesan un período difícil y se
produce un rechazo, muchas veces inconsciente, hacia el bebé y el bebé
lo refleja con una enfermedad psicosomática, como ser la obesidad,
insomnio etc.
A. Carel destaca
como el destino de ésta fase depende de la posibilidad que tenga la
madre de elaborar la diferencia existente entre la representación del
niño y su percepción real. Esto viene del hecho que toda madre durante
su embarazo se plantea la posibilidad del nacimiento de su niño enfermo
o deforme y este pensamiento se debe al fantasma de tener sentimientos
de ser una mala madre y por ende ser la culpable del nacimiento del niño
defectuoso. También sugiere Kriesler que si pensamos a la maternidad
como la última fase de la maduración psicosexual de la mujer, se puede
comprender que ésta situación está impregnada por todo un pasado
actualizado por dicho acontecimiento y a veces cuestionado, si los
viejos conflictos están mal elaborados.
Actualmente la
función del padre ha cambiado en favor de una participación más activa
en los cuidados del niño, aunque en los primeros meses la relación niño-
madre es bastante estrecha y luego el padre se va incorporando
paulatinamente tratando de interponerse entre la pseudo simbiosis
formada por los dos primeros, para darse el triángulo madre - padre -
bebé.
Si esto no se
produce, se puede dar una relación que favorece la enfermedad
psicosomática, reflejando la importancia de un equilibrio en la
participación de ambos padres en los cuidados del niño.
Muchos ejemplos nos
dan la pauta de la repercusión que tiene el padre en las enfermedades
psicosomáticas, ya que es importante el lugar que tenga en esa relación,
puede ser el de un padre con excesivos sentimientos maternales, un padre
desinteresado, incomprensivo, o que está en constante presión para
lograr los supuestos avances de su hijo; también es imprescindible el
lugar que la madre le atribuye al padre delante del niño.
Otro aspecto a tener
en cuenta son las condiciones sociales actuales: el trabajo de la madre,
mayor proximidad del padre, el cuidado del niño confiado a otras
personas, separación de la madre, pueden intervenir en la frecuencia y
calidad de la patología precoz. Ej. Asma, Insomnio, etc.
EL NACIMIENTO PRECOZ
La vulnerabilidad y
dependencia que trae el bebé al nacer, se agravan con los bebés
prematuros en donde es necesario intensificar mucho más los cuidados.
Descartando las
insuficiencias que se pueden producir en un parto prematuro, se debe
tener sumo cuidado con las consecuencias que implican la atención del
bebé, ya que por lo general éste debe estar en incubadora |