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Con el fin de poder unificar criterios, se ha
llegado a una Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE, ICD en inglés),
promovido por la OMS, hoy el CIE-10.
Del mismo modo, la APA (American Psychriatic
Association) ha promovido el Manual de Diagnóstico y Estadístico de los
Trastornos Mentales DSM, hoy DSM-IV.
Clasificación de trastornos mentales CIE 10
F00-F09
Trastornos mentales orgánicos, incluidos los sintomáticos.
F00 Demencia en la enfermedad de Alzheimer.
F00.0 Demencia en la enfermedad de
Alzheimer de inicio precoz.
F00.1 Demencia en la enfermedad de Alzheimer de inicio tardío.
F00.2 Demencia en la enfermedad de Alzheimer atípica o mixta.
F00.9 Demencia en la enfermedad de Alzheimer sin especificación.
F01 Demencia vascular.
F01.0 Demencia vascular de inicio agudo.
F01.1 Demencia multi-infarto.
F01.2 Demencia vascular subcortical.
F01.3 Demencia vascular mixta cortical y subcortical.
F01.8 Otras demencias vasculares.
F01.9 Demencia vascular sin especificación.
F02 Demencia en enfermedades clasificadas en otro lugar.
F02.0 Demencia en la enfermedad de Pick.
F02.1 Demencia en la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob.
F02.2 Demencia en la enfermedad de Huntington.
F02.3 Demencia en la enfermedad de Parkinson.
F02.4 Demencia en la infección por VIH.
F02.8 Demencia en enfermedades específicas clasificadas en otro lugar.
F03 Demencia sin especificación.
F04 Síndrome amnésico orgánico no inducido por alcohol u otras sustancias
psicotropas.
F05 Delirium no inducido por alcohol u otras sustancias psicotropas
F05.0 Delirium no superpuesto a demencia.
F05.1 Delirium superpuesto a demencia.
F05.8 Otro delirium no inducido por alcohol o droga.
F05.9 Delirium no inducido por alcohol u otras sustancias psicotropas sin
especificación.
F06 Otros trastornos mentales debidos a lesión o disfunción cerebral o a
enfermedad somática
F06.0 Alucinosis orgánica.
F06.1 Trastorno catatónico orgánico.
F06.2 Trastorno de ideas delirantes (esquizofreniforme) orgánico.
F06.3 Trastornos del humor (afectivos) orgánicos.
F06.4 Trastorno de ansiedad orgánico.
F06.5 Trastorno disociativo orgánico.
F06.6 Trastorno de labilidad emocional (asténico) orgánico.
F06.7 Trastorno cognoscitivo leve.
F06.8 Otro trastorno mental especificado debido a lesión o disfunción cerebral o
a enfermedad somática.
F06.9 Otro trastorno mental debido a lesión o disfunción cerebral o a enfermedad
somática sin especificación.
F07 Trastornos de la personalidad y del comportamiento debidos
a enfermedad, lesión o disfunción cerebral
F07.0 Trastorno orgánico de la personalidad.
F07.1 Síndrome post-encefalítico.
F07.2 Síndrome post-conmocional.
F07.8 Otros trastornos de la personalidad y del comportamiento debidos a
enfermedad, lesión o disfunción cerebral.
F07.9 Trastorno de la personalidad y del comportamiento debido a enfermedad,
lesión o disfunción cerebral sin especificación.
F09 Trastorno mental orgánico o sintomático sin especificación.
F10-F19 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de
sustancias psicotropas.
F10 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de alcohol.
F11 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de opioides.
F12 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de cannabinoides.
F13 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de sedantes o
hipnóticos.
F14 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de cocaína.
F15 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de otros
estimulantes (incluyendo la cafeína).
F16 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de alucinógenos.
F17 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de tabaco.
F18 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de disolventes
volátiles.
F19 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de múltiples
drogas o de otras sustancias psicotropas.
F19.0 Intoxicación aguda.
F19.1 Consumo perjudicial.
F19.2 Síndrome de dependencia.
F19.3 Síndrome de abstinencia.
F19.4 Síndrome de abstinencia con delirium.
F19.5 Trastorno psicótico.
F19.6 Síndrome amnésico inducido por alcohol o drogas.
F19.7 Trastorno psicótico residual y trastorno psicótico de comienzo tardío
inducido por alcohol u otras sustancias
psicotropas.
F19.8 Otros trastornos mentales o del comportamiento inducido por alcohol u
otras sustancias psicotropas.
F19.9 Trastorno mental o del comportamiento inducido por alcohol u otras
sustancias psicotropas sin especificación.
F20-20.9 Esquizofrenia, trastorno esquizotípico y trastornos de ideas
delirantes.
F20 Esquizofrenia.
F20.0 Esquizofrenia paranoide.
F20.1 Esquizofrenia hebefrénica.
F20.2 Esquizofrenia catatónica.
F20.3 Esquizofrenia indiferenciada.
F20.4 Depresión post-esquizofrénica.
F20.5 Esquizofrenia residual.
F20,6 Esquizofrenia simple.
F20.8 Otras esquizofrenias.
F20.9 Esquizofrenia sin especificación.
F21 Trastorno esquizotípico.
F22 Trastornos de ideas delirantes persistentes.
F22.0 Trastorno de ideas delirantes.
F22.8 Otros trastornos de ideas delirantes persistentes.
F22.9 Trastorno de ideas delirantes persistentes sin especificación.
F23 Trastornos psicóticos agudos y transitorios.
F23.0 Trastorno psicótico agudo polimorfo sin síntomas de esquizofrenia.
F23.1 Trastorno psicótico agudo polimorfo con síntomas de esquizofrenia.
F23.2 Trastorno psicótico agudo de tipo esquizofrénico.
F23.3 Otro trastorno psicótico agudo con predominio de ideas delirantes.
F23.8 Otros trastornos psicóticos agudos transitorios.
F23.9 Trastorno psicótico agudo transitorio sin especificación.
F24 Trastorno de ideas delirantes inducidas.
F25 Trastornos esquizoafectivos.
F25.0 Trastorno esquizoafectivo de tipo maníaco.
F25.1 Trastorno esquizoafectivo de tipo depresivo.
F25.2 Trastorno esquizoafectivo de tipo mixto.
F25.8 Otros trastornos esquizoafectivos.
F25.9 Trastorno esquizoafectivo sin especificación.
F28 Otros trastornos psicóticos no orgánicos.
F29 Psicosis no orgánica sin especificación.
F30-39 Trastornos del humor (afectivos)
F30 Episodio maníaco.
F30.0 Hipomanía.
F30.1 Manía sin síntomas psicóticos.
F30.2 Manía con síntomas psicóticos.
F30.8 Otros episodios maníacos.
F30.9 Episodio maníaco sin especificación.
F31 Trastorno bipolar.
F31.0 Trastorno bipolar, episodio actual hipomaníaco.
F31.1 Trastorno bipolar, episodio actual maníaco sin síntomas psicóticos.
F31.2 Trastorno bipolar, episodio actual maníaco con síntomas psicóticos.
F31.3 Trastorno bipolar, episodio actual depresivo leve o moderado.
F31.4 Trastorno bipolar, episodio actual depresivo grave sin síntomas psicóticos.
F31.5 Trastorno bipolar, episodio actual depresivo grave con síntomas psicóticos.
F31.6 Trastorno bipolar, episodio actual mixto.
F31.7 Trastorno bipolar, actualmente en remisión.
F31.8 Otros trastornos bipolares.
F31.9 Trastorno bipolar sin especificación.
F32 Episodios depresivos.
F32.0 Episodio depresivo leve.
F32.1 Episodio depresivo moderado.
F32.2 Episodio depresivo grave sin síntomas psicóticos.
F32.3 Episodio depresivo grave con síntomas psicóticos.
F32.8 Otros episodios depresivos.
F32.9 Episodio depresivo sin especificación.
F33 Trastorno depresivo recurrente.
F33.0 Trastorno depresivo recurrente, episodio actual leve.
F33.1 Trastorno depresivo recurrente, episodio actual moderado.
F33.2 Trastorno depresivo recurrente, episodio actual grave sin síntomas
psicóticos.
F33.3 Trastorno depresivo recurrente, episodio actual grave con síntomas
psicóticos.
F33.4 Trastorno depresivo recurrente actualmente en remisión.
F33.8 Otros trastornos depresivos recurrentes.
F33.9 Trastorno depresivo recurrente sin especificación.
F34 Trastornos del humor (afectivos) persistentes.
F34.0 Ciclotimia.
F34.1 Distimia.
F34.8 Otros trastornos del humor (afectivos) persistentes.
F34.9 Trastorno del humor (afectivo) persistente sin especificación.
F38 Otros trastornos del humor (afectivos)
F38.0 Otros trastornos del humor (afectivos) aislados.
F38.1 Otros trastornos del humor (afectivos) recurrentes.
F38.8 Otros trastornos del humor (afectivos).
F39 Trastorno del humor (afectivo) sin especificación
F40-49 Trastornos neuróticos, secundarios a situaciones estresantes y
somatomorfos.
F40 Trastornos de ansiedad fóbica
F40.0 Agorafobia.
F40.1 Fobias sociales.
F40.2 Fobias específicas (aisladas).
F40.8 Otros trastornos de ansiedad fóbica.
F40.9 Trastorno de ansiedad fóbica sin especificación.
F41 Otros trastornos de ansiedad.
F41.0 Trastorno de pánico (ansiedad paroxística episódica).
F41.1 Trastorno de ansiedad generalizada.
F41.2 Trastorno mixto ansioso-depresivo.
F41.3 Otro trastorno mixto de ansiedad.
F41.8 Otros trastornos de ansiedad especificados.
F41.9 Trastorno de ansiedad sin especificación.
F42 Trastorno obsesivo-compulsivo.
F42.0 Con predominio de pensamientos o rumiaciones obsesivas.
F42.1 Con predominio de actos compulsivos (rituales obsesivos).
F42.2 Con mezcla de pensamientos y actos obsesivos.
F42.8 Otros trastornos obsesivo-compulsivos.
F42.9 Trastorno obsesivo-compulsivo sin especificación.
F43 Reacciones a estrés grave y trastornos de adaptación.
F43.0 Reacción a estrés agudo.
F43.1 Trastorno de estrés post-traumático.
F43.2 Trastornos de adaptación.
F43.8 Otras reacciones a estrés grave.
F43.9 Reacción a estrés grave sin especificación.
F44 Trastornos disociativos (de conversión).
F44.0 Amnesia disociativa.
F44.1 Fuga disociativa.
F44.2 Estupor disociativo.
F44.3 Trastornos de trance y de posesión.
F44.4 Trastornos disociativos de la motilidad.
F44.5 Convulsiones disociativas.
F44.6 Anestesias y pérdidas sensoriales disociativas.
F44.7 Trastornos disociativos (de conversión) mixtos.
F44.8 Otros trastornos disociativos (de conversión).
F44.9 Trastorno disociativo (de conversión) sin especificación.
F45 Trastornos somatomorfos.
F45.0 Trastorno de somatización.
F45.1 Trastorno somatomorfo indiferenciado.
F45.2 Trastorno hipocondríaco.
F45.3 Disfunción vegetativa somatomorfa.
F45.4 Trastorno de dolor persistente somatomorfo.
F45.8 Otros trastornos somatomorfos.
F45.9 Trastorno somatomorfo sin especificación.
F48 Otros trastornos neuróticos.
F48.0 Neurastenia.
F48.1 Trastorno de despersonalización-desrealización.
F48.8 Otros trastornos neuróticos especificados.
F48.9 Trastorno neurótico sin especificación.
F50-59 Trastornos del comportamiento asociados a disfunciones fisiológicas y
a factores somáticos.
F50 Trastornos de la conducta alimentaria.
F50.0 Anorexia nerviosa.
F50.1 Anorexia nerviosa atípica.
F50.2 Bulimia nerviosa.
F50.3 Bulimia nerviosa atípica.
F50.4 Hiperfagia en otras alteraciones psicológicas.
F50.5 Vómitos en otras alteraciones psicológicas.
F50.8 Otros trastornos de la conducta alimentaria.
F50.9 Trastorno de la conducta alimentaria sin especificación.
F51 Trastornos no orgánicos del sueño.
F51.0 Insomnio no orgánico.
F51.1 Hipersomnio no orgánico.
F51.2 Trastorno no orgánico del ciclo sueño-vigilia.
F51.3 Sonambulismo.
F51.4 Terrores nocturnos.
F51.5 Pesadillas.
F51.8 Otros trastornos no orgánicos del sueño.
F51.9 Trastorno no orgánico del sueño de origen sin especificación.
F52 Disfunción sexual no orgánica.
F52.0 Ausencia o pérdida del deseo sexual.
F52.1 Rechazo sexual y ausencia de placer sexual.
F52.2 Fracaso de la respuesta genital.
F52.3 Disfunción orgásmica.
F52.4 Eyaculación precoz.
F52.5 Vaginismo no orgánico.
F52.6 Dispareunia no orgánica.
F52.7 Impulso sexual excesivo.
F52.8 Otras disfunciones sexuales no debidas a enfermedades o trastornos
orgánicos.
F52.9 Disfunción sexual no debida a enfermedad o trastorno orgánico.
F53 Trastornos mentales y del comportamiento en el puerperio no clasificados
en otro lugar.
F53.0 Trastornos mentales y del comportamiento en el puerperio no
clasificados en otro lugar leves.
F53.1 Trastornos mentales y del comportamiento en el puerperio no clasificados
en otro lugar graves.
F53.8 Otros trastornos mentales en el puerperio no clasificados en otro lugar.
F53.9 Otro trastorno mental o del comportamiento del puerperio, sin
especificación.
F54 Factores psicológicos y del comportamiento en trastornos o enfermedades
clasificados en otro lugar.
F55 Abuso de sustancias que no producen dependencia.
F59 Trastornos del comportamiento asociados a disfunciones fisiológicas y a
factores somáticos sin especificación.
F60-69 Trastornos de la personalidad y del comportamiento del adulto.
F60 Trastornos específicos de la personalidad.
F60.0 Trastorno paranoide de la personalidad.
F60.1 Trastorno esquizoide de la personalidad.
F60.2 Trastorno disocial de la personalidad.
F60.3 Trastorno de inestabilidad emocional de la personalidad.
F60.4 Trastorno histriónico de la personalidad.
F60.5 Trastorno anancástieo de la personalidad.
F60.6 Trastorno ansioso (con conducta de evitación) de la personalidad.
F60.7 Trastorno dependiente de la personalidad.
F60.8 Otros trastornos específicos de la personalidad.
F60.9 Trastorno de la personalidad sin especificación.
F61 Trastornos mixtos y otros trastornos de la personalidad.
F61.0 Trastornos mixtos de la personalidad.
F61.1 Variaciones problemáticas de la personalidad no clasificables en F60 ó
F62.
F62 Transformación persistente de la personalidad no atribuible a lesión o
enfermedad cerebral.
F62.0 Transformación persistente de la personalidad tras experiencia
catastrófica.
F62.1 Transformación persistente de la personalidad tras enfermedad
psiquiátrica.
F62.8 Otras transformaciones persistentes de la personalidad.
F62.9 Transformación persistente de la personalidad sin especificación.
F63 Trastornos de los hábitos y del control de los impulsos.
F63.0 Ludopatía.
F63.1 Piromanía.
F63.2 Cleptomanía.
F63.3 Tricotilomanía.
F63.8 Otros trastornos de los hábitos y del control de los impulsos.
F63.9 Trastorno de los hábitos y del control de los impulsos sin especificación.
F64 Trastornos de la identidad sexual.
F64.0 Transexualismo.
F64.1 Transvestismo no fetichista.
F64.2 Trastorno de la identidad sexual en la infancia.
F64.8 Otros trastornos de la identidad sexual.
F64.9 Trastorno de la identidad sexual sin especificación.
F65 Trastornos de la inclinación sexual.
F65.0 Fetichismo.
F65.1 Transvestismo fetichista.
F65.2 Exhibicionismo.
F65.3 Escoptofilia (voyeurismo).
F65.4 Paidofilia.
F65.5 Sadomasoquismo.
F65.6 Trastornos múltiples de la inclinación sexual.
F65.8 Otros trastornos de la inclinación sexual.
F65.9 Trastorno de la inclinación sexual sin especificación.
F66 Trastornos psicológicos y del comportamiento del desarrollo y orientación
sexuales.
F66.0 Trastorno de la maduración sexual.
F66.1 Orientación sexual egodistónica.
F66.2 Trastorno de la relación sexual.
F66.8 Otros trastornos del desarrollo psicosexual.
F66.9 Trastorno del desarrollo psicosexual sin especificación.
F68 Otros trastornos de la personalidad y del comportamiento del adulto.
F68.0 Elaboración psicológica de síntomas somáticos.
F68.1 Producción intencionada o fingimiento de síntomas o invalideces somáticas
o psicológicas (trastorno ficticio).
F68.8 Otros trastornos de la personalidad y del comportamiento del adulto
especificados.
F69 Trastorno de la personalidad y del comportamiento del adulto sin
especificación.
F70-79 Retraso mental.
F70 Retraso mental leve.
F71 Retraso mental moderado.
F72 Retraso mental grave.
F73 Retraso mental profundo.
F78 Otros retrasos mentales.
F79 Retraso mental sin especificación.
F80-89 Trastornos del desarrollo psicológico.
F80 Trastornos específicos del desarrollo del habla y del lenguaje.
F80.0 Trastorno específico de la pronunciación.
F80.1 Trastorno de la expresión del lenguaje.
F80.2 Trastorno de la comprensión del lenguaje.
F80.3 Afasia adquirida con epilepsia (síndrome de Landau-Kleffner).
F80.8 Otros trastornos del desarrollo del habla y del lenguaje.
F80.9 Trastorno del desarrollo del habla y del lenguaje sin especificación.
F81 Trastornos específicos del desarrollo del aprendizaje escolar.
F81.0 Trastorno específico de la lectura.
F81.1 Trastorno específico de la ortografía.
F81.2 Trastorno específico del cálculo.
F81.3 Trastorno mixto del desarrollo del aprendizaje escolar.
F81.8 Otros trastornos del desarrollo del aprendizaje escolar.
F81.9 Trastorno del desarrollo del aprendizaje escolar sin especificación.
F82 Trastorno específico del desarrollo psicomotor.
F83 Trastorno específico del desarrollo mixto.
F84 Trastornos generalizados del desarrollo.
F84.0 Autismo infantil.
F84.1 Autismo atípico.
F84.2 Síndrome de Rett.
F84.3 Otro trastorno desintegrativo de la infancia.
F84.4 Trastorno hipercinético con retraso mental y movimientos estereotipados.
F84.5 Síndrome de Asperger.
F84.8 Otros trastornos generalizados del desarrollo.
F84.9 Trastorno generalizado del desarrollo sin especificación.
F88 Otros trastornos del desarrollo psicológico.
F89 Trastorno del desarrollo psicológico sin especificación.
F90-98 Trastornos del comportamiento y de las emociones de comienzo habitual en
la infancia y adolescencia.
F90 Trastornos hipercinéticos.
F90.0 Trastorno de la actividad y de la atención.
F90.1 Trastorno hipercinético disocial.
F90.8 Otros trastornos hipercinéticos.
F90.9 Trastorno hipercinético sin especificación.
F91 Trastornos disociales.
F91.0 Trastorno disocial limitado al contexto familiar.
F91.1 Trastorno disocial en niños no socializados.
F91.2 Trastorno disocial en niños socializados.
F91.3 Trastorno disocial desafiante y oposicionista.
F91.8 Otros trastornos disociales.
F91.9 Trastorno disocial sin especificación.
F92 Trastornos disociales y de las emociones mixtos.
F92.0 Trastorno disocial depresivo.
F92.8 Otros trastornos disociales y de las emociones mixtos.
F92.9 Trastorno disocial y de las emociones mixto sin especificación.
F93 Trastornos de las emociones de comienzo habitual en la infancia.
F93.0 Trastorno de ansiedad de separación de la infancia.
F93.1 Trastorno de ansiedad fóbica de la infancia.
F93.2 Trastorno de hipersensibilidad social de la infancia.
F93.3 Trastorno de rivalidad entre hermanos.
F93.8 Otros trastornos de las emociones en la infancia.
F93.9 Trastorno de las emociones en la infancia sin especificación.
F94 Trastornos del comportamiento social de comienzo habitual en la infancia
y adolescencia.
F94.0 Mutismo selectivo.
F94.1 Trastorno de vinculación de la infancia reactivo.
F94.2 Trastorno de vinculación de la infancia desinhibido.
F94.8 Otros trastornos del comportamiento social en la infancia y adolescencia.
F94.9 Trastorno del comportamiento social en la infancia y adolescencia sin
especificación.
F95 Trastornos de tics.
F95.0 Trastorno de tics transitorios.
F95.1 Trastorno de tics crónicos motores o fonatorios.
F95.2 Trastorno de tics múltiples motores y fonatorios combinados (síndrome de
Gilles de la Tourette).
F95.8 Otros trastornos de tics.
F95.9 Trastorno de tics sin especificación.
F98 Otros trastornos de las emociones y del comportamiento de comienzo
habitual en la infancia y adolescencia.
F98.0 Enuresis no orgánica.
F98.1 Encopresis no orgánica.
F98.2 Trastorno de la conducta alimentaria en la infancia.
F98.3 Pica en la infancia.
F98.4 Trastorno de estereotipias motrices.
F98.5 Tartamudeo (espasmofemia).
F98.6 Farfulleo.
F98.8 Otros trastornos de las emociones y del comportamiento en la infancia y
adolescencia especificados.
F98.9 Trastorno de las emociones y del comportamiento de comienzo habitual en la
infancia o la adolescencia sin especificación.
F99 Trastorno mental sin especificación.
F00-09 Trastornos
mentales orgánicos, incluidos los sintomáticos
La mayoría de los
trastornos mentales orgánicos pueden comenzar a cualquier edad, excepto quizás
durante la primera infancia. En la práctica, la mayoría de estos trastornos
tienden a empezar en la edad adulta. Algunos de estos trastornos son
aparentemente irreversibles y progresivos y otros son transitorios o responden a
tratamientos específicos.
El uso del término
"orgánico" significa que el síndrome clasificado como tal puede ser atribuido a
un trastorno o enfermedad cerebral orgánico o sistémico diagnosticable en sí
mismo. El término "sintomático" se utiliza para los trastornos mentales
orgánicos en los cuales la afectación cerebral es secundaria a un trastorno o
enfermedad sistémico extracerebral.
Para el diagnóstico
de los trastornos de esta sección se requiere, en la mayoría de los casos, hacer
uso de dos códigos: uno para el síndrome psicopatológico y otro para el
trastorno subyacente.
Demencia
La demencia es un
síndrome debido a una enfermedad del cerebro, generalmente de naturaleza crónica
o progresiva, en la que hay déficits de múltiples funciones corticales
superiores, entre ellas la memoria, el pensamiento, la orientación, la
comprensión, el cálculo, la capacidad de aprendizaje, el lenguaje y el juicio.
La conciencia permanece clara. El déficit cognoscitivo se acompaña por lo
general, y ocasionalmente es precedido, de un deterioro en el control emocional,
del comportamiento social o de la motivación. Este síndrome se presenta en la
enfermedad de Alzheimer, en la enfermedad vasculocerebral y en otras condiciones
que afectan al cerebro de forma primaria o secundaria.
La demencia produce
un deterioro intelectual apreciable que repercute en la actividad cotidiana del
enfermo, por ejemplo, en el aseo personal, en el vestirse, en el comer o en las
funciones excretoras. Este deterioro de la actividad cotidiana depende mucho de
factores socioculturales. Los cambios en el modo como el enfermo desempeña su
actividad social, tales como el conservar o el buscar un empleo, no deben de ser
utilizados como pautas para el diagnóstico, porque hay grandes diferencias
transculturales y factores externos que repercuten en el mercado laboral.
Si estuvieran
presentes síntomas depresivos que no llegan a satisfacer las pautas diagnósticas
de episodio depresivo (F32.0-F32.3) o si se presentaran alucinaciones o ideas
delirantes, puede recurrirse a un quinto carácter para indicar cuáles de ellas
son predominantes:
.X0 Sin
síntomas adicionales.
.X1 Con predominio de ideas delirantes.
.X2 Con predominio de alucinaciones.
.X3 Con predominio de síntomas depresivos.
.X4 Con otros síntomas mixtos.
Pautas para el
diagnóstico
Deterioro de la memoria que afecta a la
capacidad para registrar, almacenar y recuperar información nueva. En estadios
avanzados pueden también perderse contenidos familiares y material aprendido en
el pasado. Hay además un deterioro del pensamiento y de la capacidad de
razonamiento, una reducción en el flujo de las ideas y un deterioro del proceso
de almacenar información, por lo que al individuo afectado le resulta cada vez
más difícil prestar atención a más de un estímulo a la vez, como, por ejemplo,
tomar parte en una conversación con varias personas. También hay una dificultad
en cambiar el foco de atención de un tema a otro. Para poder hacer un
diagnóstico claro de demencia, los síntomas y el deterioro deben haber estado
presentes por lo menos durante seis meses.
F00 Demencia en la enfermedad de Alzheimer
La enfermedad de
Alzheimer es una enfermedad degenerativa cerebral primaria, de etiología
desconocida que presenta rasgos neuropatológicos y neuroquímicos
característicos. El trastorno se inicia por lo general de manera insidiosa y
lenta y evoluciona progresivamente durante un período de años. El período
evolutivo puede ser corto, dos o tres años, pero en ocasiones es bastante más
largo. Puede comenzar en la edad madura o incluso antes (enfermedad de Alzheimer
de inicio presenil), pero la incidencia es mayor hacia el final de la vida
(enfermedad de Alzheimer de inicio senil). En casos con inicio antes de los 65 a
70 años es posible tener antecedentes familiares de una demencia similar, el
curso es más rápido y predominan síntomas de lesión en los lóbulos temporales y
parietales, entre ellos disfasias o dispraxias. En los casos de inicio más
tardío, el curso tiende a ser más lento y a caracterizarse por un deterioro más
global de las funciones corticales superiores. Los enfermos con síndrome de Down
tienen un alto riesgo de desarrollar una enfermedad de Alzheimer.
La demencia en la enfermedad de Alzheimer se considera hoy día irreversible.
Pautas para el diagnóstico
a)
Presencia de un cuadro demencial, como el descrito mas arriba.
b) Comienzo insidioso y deterioro lento. El momento exacto del inicio del
cuadro es difícil de precisar, aunque los que conviven con el enfermo suelen
referir un comienzo brusco.
c) Ausencia de datos clínicos o en las exploraciones complementarias que
sugieran que el trastorno mental pudiera ser debido a otra enfermedad cerebral ó
sistémica capaces de dar lugar a una demencia (por ejemplo, hipotiroidismo,
hipercalcemia, deficiencia de vitamina B12, deficiencia de niacina, neurosífilis,
hidrocefalia normotensiva o hematoma subdural).
d) Ausencia de un inicio apoplético, súbito o de signos neurológicos
focales, tales como hemiparesia, déficits sensoriales, defectos del campo visual
o falta de coordinación de movimientos, signos estos que no han tenido que estar
presentes en la etapas iniciales de la enfermedad (aunque puedan superponerse a
ella en períodos más avanzados).
En un cierto número
de casos, los rasgos de la enfermedad de Alzheimer y los de la demencia vascular
pueden estar simultáneamente presentes. Si ambos coinciden claramente deberá
hacerse un doble diagnóstico (y codificación). Si una demencia vascular precede
a una enfermedad de Alzheimer, es posible que esta última sea imposible de
diagnosticar en la práctica clínica.
Incluye: Demencia degenerativa de tipo Alzheimer.
F00.0 Demencia en la
enfermedad de Alzheimer de inicio precoz
El inicio es más
precoz que el de F00.1 y el deterioro tiene una evolución más rápida, con
marcadas alteraciones de las funciones corticales superiores. En la mayoría de
los casos se presentan, en períodos relativamente precoces de la evolución,
afasias, agrafía, alexia o apraxias.
Pautas para el
diagnóstico
Las mismas que para
F00, pero teniendo en cuenta el comienzo más temprano que la forma senil, es
decir, antes de los 65 años. El curso progresivo suele ser rápido.
Incluye:
Enfermedad de Alzheimer de tipo 2.
Demencia presenil de tipo Alzheimer.
F00.1 Demencia en la enfermedad de Alzheimer de inicio tardío
Demencia en la
enfermedad de Alzheimer en la que el comienzo clínico tiene lugar después de la
edad de los 65 años, normalmente hacia finales de los 70 e incluso más tarde,
cuyo curso progresa lentamente y en la que normalmente el rasgo más prominente
es el deterioro de la memoria.
Pautas para el
diagnóstico
Las mismas que para
F00, teniendo en cuenta además la presencia o ausencia de los rasgos que la
diferencian de la forma de comienzo precoz (F00.0).
Incluye:
Enfermedad de Alzheimer de tipo 1.
Demencia senil de tipo Alzheimer.
F00.2 Demencia en la enfermedad de Alzheimer atípica o mixta
Demencias cuyas características no se ajustan a
las descripciones y pautas para el diagnóstico de F00.0 y F00.1 y demencias
mixtas, vascular y de Alzheimer.
F00.9 Demencia en la enfermedad de Alzheimer sin
especificación
F01 Demencia vascular
La demencia
vascular (antes llamada demencia arteriosclerótica) incluye a la demencia multi-infarto,
y se distingue de la demencia en la enfermedad de Alzheimer por el modo de
comienzo, las características clínicas y la evolución. Lo más característico es
que haya antecedentes de ictus transitorios, con breves trastornos de conciencia
y paresias o pérdidas de visión fugaces. La demencia puede también ser
consecutiva a una serie de accidentes vasculares agudos o más rara vez a un
único ataque apoplético mayor. Es entonces cuando se manifiesta un cierto
deterioro de la memoria y del pensamiento. El comienzo de la enfermedad tiene
lugar en la edad avanzada. El cuadro suele ser brusco, como consecuencia de un
episodio isquémico aislado o la demencia puede ir haciéndose presente de una
manera más gradual. La demencia es la consecuencia de los infartos del tejido
cerebral secundarios a una enfermedad vascular, incluida la enfermedad vascular
hipertensiva. Por lo general, los infartos son pequeños y sus efectos son
acumulativos.
Pautas para el
diagnóstico
Presencia de
demencia. Deterioro cognoscitivo, que suele ser desigual, de tal manera que
puede haber una pérdida de memoria, un deterioro intelectual y signos
neurológicos focales, mientras que la conciencia de enfermedad y la capacidad de
juicio pueden estar relativamente conservadas. Un comienzo brusco, un deterioro
escalonado y la presencia de síntomas y signos neurológicos focales aumenta la
probabilidad del diagnóstico de demencia vascular, cuya confirmación vendrá
sólo, en algunos casos, de la tomografía axial computarizada o en último extremo
de la neuropatología.
Otras
características son: hipertensión arterial, soplos carotídeos, labilidad
emocional con distimias depresivas pasajeras, llantos o risas intempestivas,
episodios transitorios de obnubilación de conciencia o de delirium, a menudo
provocados por nuevos infartos. Suele aceptarse que la personalidad se mantiene
relativamente bien conservada, pero en algunos casos hay cambios evidentes de la
misma, apareciendo apatía o desinhibición o acentuación de rasgos previos, tales
como egocentrismo, actitudes paranoides o irritabilidad.
Incluye: Demencia
arteriosclerótica.
La demencia
vascular puede coexistir con la de Alzheimer. En este caso utilizar el código
F00.2, como en los casos en los que un accidente vascular surge sobre un cuadro
clínico y unos antecedentes que sugieren la presencia de una enfermedad de
Alzheimer.
F01.0 Demencia vascular de inicio agudo
Se desarrolla por
lo general de un modo rápido tras una serie de ictus debidos a trombosis
vasculares, embolias o hemorragias. En casos raros, la causa puede ser un único
infarto de gran tamaño.
F01.1 Demencia multi-infarto
Tiene un inicio más
gradual que la forma aguda, normalmente precedido de varios episodios isquémicos
menores que producen un número creciente de infartos del parénquima cerebral.
Incluye: Demencia
predominantemente cortical.
F01.2 Demencia vascular subcortical
Generalmente la
corteza cerebral está indemne, lo cual contrasta con el cuadro clínico, que
puede parecerse mucho al de una demencia de la enfermedad de Alzheimer (cuando
se presenta una desmielinización difusa de la sustancia blanca puede utilizarse
el término de encefalopatía de Binswanger). Pueden existir antecedentes de
hipertensión arterial y de focos de destrucción isquémica en las zonas profundas
de la sustancia blanca de los hemisferios cerebrales.
F01.3 Demencia vascular mixta, cortical y subcortical
Con componentes
mixtos, cortical y subcortical.
F01.8 Otra demencia vascular
F01.9 Demencia vascular sin especificación
F02 Demencia en enfermedades clasificadas en
otro lugar
Se clasifican aquí
los casos de demencia debidos a una etiología distinta de la enfermedad de
Alzheimer o de la enfermedad vascular. Pueden comenzar en cualquier período de
la vida, aunque raramente en la edad avanzada.
F02.0 Demencia en la enfermedad de Pick
Es una demencia
progresiva de comienzo en la edad media de la vida (por lo general entre los 50
y los 60 años de edad), caracterizada por cambios precoces y lentamente
progresivos del carácter y por alteraciones del comportamiento, que evolucionan
hacia un deterioro de la inteligencia, de la memoria y del lenguaje, acompañado
de apatía, de euforia y, en ocasiones, de síntomas o signos extrapiramidales. El
cuadro neuropatológico corresponde a una atrofia selectiva de los lóbulos
frontales y temporales, pero sin la aparición de placas neuríticas ni
degeneración neurofibrilar en magnitudes superiores a las del envejecimiento
normal. Los casos de comienzo más precoz tienden a presentar una evolución peor.
Las manifestaciones comportamentales a menudo preceden al deterioro franco de la
memoria.
Pautas para el
diagnóstico
a)
Demencia progresiva.
b) Predominio de rasgos de afectación frontal, tales como euforia,
embotamiento afectivo, pérdida de las normas de educación, desinhibición y
apatía o inquietud.
c) Los trastornos de comportamiento que normalmente precedan al claro
deterioro de la memoria.
Los rasgos de
afectación de los lóbulos frontales son más acentuados que los de los lóbulos
temporales o parietales, al contrario de lo que sucede en la enfermedad de
Alzheimer.
F02.1 Demencia en la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob
Es una demencia
progresiva con multitud de síntomas y signos neurológicos debida a alteraciones
neuropatológicas específicas (encefalopatía espongiforme subaguda), cuya
supuesta etiología es un agente transmisible. El inicio tiene lugar normalmente
hacia la mitad o el final de la vida, por lo general en torno a los 50 años,
pero puede presentarse en cualquier momento de la edad adulta. El curso es
subagudo y lleva a la muerte en uno a dos años.
Pautas para el
diagnóstico
Demencia de
evolución relativamente rápida, desde meses hasta uno o dos años que se
acompañan de múltiples síntomas neurológicos. En algunos casos, como en la
llamada forma amiotrófíca, los signos neurológicos pueden preceder al inicio de
la demencia.
En la enfermedad de
Creutzfeldt-Jakob suele presentarse una parálisis espástica progresiva de los
miembros, acompañada de síntomas extrapiramidales tales como temblor, rigidez y
movimientos coreoatetoides. Otras variantes pueden presentar ataxia, déficits
visuales, fibrilaciones musculares y atrofia muscular por afectación de neurona
motora superior. Una tríada compuesta de demencia intensa y devastadora de curso
rápido, enfermedad piramidal y extrapiramidal con mioclonias y
electroencefalograma característico (presencia de ondas trifásicas) suele
considerarse como altamente sugestiva de esta enfermedad.
F02.2 Demencia en la enfermedad de Huntington
Forma parte de una
degeneración masiva del tejido cerebral. La enfermedad de Huntington es
trasmitida por un único gen dominante. Los síntomas surgen por lo general hacia
la tercera o cuarta década de la vida y la incidencia en ambos sexos es
probablemente la misma. En algunos casos los primeros síntomas pueden ser
depresión, ansiedad o síntomas claramente paranoides, acompañados de cambios de
la personalidad. La evolución es lentamente progresiva, llevando a la muerte
normalmente al cabo de 10 a 15 años.
Pautas para el
diagnóstico
La asociación de
movimientos coreiformes, demencia y antecedentes familiares de enfermedad de
Huntington es altamente sugestiva del diagnóstico, aunque hay casos esporádicos
en los que no es así.
Las manifestaciones
más tempranas suelen ser los movimientos coreiformes involuntarios, sobre todo
de la cara, manos y hombros o de la marcha. Estos suelen preceder a la demencia
y rara vez faltan antes de que la demencia esté muy avanzada. Pueden predominar
otros síntomas motores cuando el comienzo tiene lugar en una edad
extraordinariamente joven (por ejemplo, rigidez estriatal) o en edad más
avanzada (por ejemplo, temblor intencional).
En las etapas
iniciales la demencia se caracteriza por una afectación predominante de las
funciones de los lóbulos frontales, con una relativa conservación de la memoria
hasta las fases mas avanzadas.
Incluye: Demencia
en el corea de Huntington.
F02.3 Demencia en la enfermedad de Parkinson
Demencia que
aparece en el curso de una clara enfermedad de Parkinson (en especial en sus
formas más graves). No se han demostrado rasgos clínicos que permitan
distinguirla de otras demencias. La demencia que aparece en el .curso de una
enfermedad de Parkinson puede ser diferenciada de la de la enfermedad de
Alzheimer o de la de una demencia vascular. Sin embargo, hay evidencia de que
existe una comorbilidad entre estos trastornos y la enfermedad de Parkinson.
Este hecho justifica esta categoría que pretende identificar los casos en que
coexisten demencia y enfermedad de Parkinson, hasta que esta cuestión haya
podido ser aclarada por la investigación.
Pautas para el
diagnóstico
La demencia aparece
en un individuo que ya padece una enfermedad de Parkinson avanzada, generalmente
grave.
Incluye:
Demencia en los parkinsonismos.
Demencia en la parálisis agitante.
F02.4 Demencia en la infección por VIH
Trastorno
caracterizado por déficits cognoscitivos que satisfacen las pautas para el
diagnóstico de demencia, en ausencia de una enfermedad concomitante u otro
trastorno que pudiera explicar los hallazgos distintos de una infección por VIH.
Presenta quejas de fallos de memoria, enlentecimiento, déficits de concentración
y dificultades para la lectura y la resolución de problemas.
Son frecuentes la
apatía, reducción de la espontaneidad y retraimiento social. En una minoría
significativa de individuos afectados la enfermedad puede presentarse de forma
atípica, como por ejemplo, trastorno del humor (afectivo), psicosis o
convulsiones. En la exploración somática se objetiva a menudo temblor,
dificultades para efectuar movimientos rápidos y repetitivos, falta de
equilibrio, ataxia, hipertonía, hiperreflexia generalizada, signos positivos de
liberación frontal y afectación de los movimientos oculares de seguimiento y
movimientos oculares sacádicos.
Los niños pueden
presentar un trastorno del desarrollo neurológico debido al VIH, caracterizado
por retraso en el desarrollo, hipertonía, microcefalia y calcificación de los
ganglios básales. La afectación neurológica es más frecuente en ausencia de
infecciones oportunistas y neoplasias, a diferencia de lo que sucede en los
adultos.
La demencia por VIH
suele evolucionar casi siempre de forma rápida, en el plazo de semanas o meses
hacia una demencia global grave, estado de mutismo y la muerte.
Incluye:
Encefalopatía por VIH o encefalitis subaguda.
Complejo demencia-sida.
F02.8 Demencia en otras enfermedades
específicas clasificadas en otro
lugar
Demencias que
pueden presentarse como una manifestación o una consecuencia de diversos de
trastornos cerebrales o somáticos generales. Debe añadirse el código de la CIE-10
correspondiente para especificar la etiología del trastorno subyacente.
También debe
utilizarse este código para el complejo parkinsonismo-demencia de Guam
(identificado con un quinto carácter, si es necesario). Se trata de una demencia
de rápida evolución, seguida de una disfunción extrapiramidal y, en algunos
casos, de una esclerosis lateral amiotrófica. La enfermedad fue inicialmente
descrita en la isla de Guam donde se presenta con una frecuencia relativamente
alta en la población aborigen, afectando al doble de varones que de mujeres.
Ahora se sabe que también se presenta en en Nueva Guinea, Papua y en Japón.
Incluye:
Demencia en: Intoxicaciones por monóxido de carbono (T58).
Lipoidosis cerebral (E75.-).
Epilepsia (G40.-).
Parálisis general progresiva (A52.1).
Degeneración hepatolenticular (enfermedad de Wilson) (E83.0).
Hipercalcemia (E83.5).
Hipotiroidismo adquirido (E00-E02).
Intoxicaciones (T36-T65).
Esclerosis múltiple (G35).
Neurosífilis (A52.1).
Deficiencia de niacina (pelagra) (E52).
Poliarteritis nodosa (M30.0).
Lupus eritematoso sistémico (M32.-).
Tripanosomiasis africana (B56.-), americana (B57.-).
Deficiencia de vitamina B12 (E53.8).
F03 Demencia sin especificación
Se recurre a esta
categoría cuando se satisfacen las pautas generales para el diagnóstico de
demencia pero no es posible identificar ninguno de los tipos específicos
(F00.0-F02.9).
Incluye:
Psicosis senil o presenil sin especificación.
Demencia senil o presenil sin especificación.
Demencia degenerativa primaria sin especificación.
F04
Síndrome amnésico orgánico no inducido por alcohol u otras sustancias
psicotropas
Síndrome
caracterizado por un deterioro marcado de la memoria para hechos remotos, en el
cual la memoria para hechos inmediatos está conservada. También está disminuida
la capacidad para aprender cosas nuevas, lo que da lugar a una amnesia
anterógrada y a una desorientación en el tiempo. Forma parte del síndrome una
amnesia retrógrada, pero de una intensidad variable, que puede disminuir en el
curso del tiempo, si la enfermedad o el proceso patológico subyacentes tienen
tendencia a remitir. Presencia de confabulaciones aunque de forma inconstante.
La percepción y otras funciones cognoscitivas, incluyendo la inteligencia, están
bien conservadas y constituyen un trasfondo del que destaca de un modo
particular el trastorno de la memoria. El pronóstico depende del curso de la
lesión básica (normalmente afecta al sistema hipotálamo-diencefálico o a la
región del hipocampo). La recuperación completa es, en principio, posible.
Pautas para el
diagnóstico
a)
Presencia de un trastorno de la memoria puesto de manifiesto por un deterioro de
la misma para hechos recientes (incapacidad para el aprendizaje de material
nuevo), una amnesia anterógrada y retrógrada y una capacidad reducida de
recordar experiencias pasadas en orden inverso a su aparición.
b) Antecedentes o presencia objetiva de lesión o enfermedad cerebrales
(en especial una que afecte de un modo bilateral a estructuras diencefáticas y
temporales mediales).
c) Ausencia de afectación de la capacidad para el recuerdo inmediato
(explorada, por ejemplo, mediante la prueba de los dígitos), de trastornos de la
atención y de la conciencia o de deterioro intelectual general.
La presencia de confabulaciones, la falta de conciencia de enfermedad y las
alteraciones emocionales (apatía, falta de iniciativa) son elementos sugestivos,
aunque no indispensables, para el diagnóstico.
Incluye: Psicosis o
síndrome de Korsakov (no alcohólicos).
F05
Delirium no inducido por alcohol u otras sustancias psicotropas
Síndrome cerebral
orgánico que carece de una etiología específica, caracterizado por la presencia
simultánea de trastornos de la conciencia y atención, de la percepción, del
pensamiento, de la memoria, de la psicomotilidad, de las emociones y del ciclo
sueño-vigilia. Puede presentarse en cualquier edad, pero es más frecuente
después de los 60 años. El cuadro de delirium es transitorio y de intensidad
fluctuante. La mayoría de los casos se recuperan en cuatro semanas o menos. Sin
embargo, no es raro que el delirium persista con fluctuaciones incluso durante
seis meses, en especial cuando ha surgido en el curso de una enfermedad hepática
crónica, carcinoma o endocarditis bacteriana subaguda. La distinción que se hace
algunas veces entre el delirium agudo y subagudo no tiene gran relevancia
clínica y el trastorno ha de ser concebido como un síndrome unitario cuya
intensidad puede ir de leve a muy grave. Un delirium puede superponerse o
evolucionar hacia una demencia.
Pautas para el
diagnóstico
a)
Deterioro de la conciencia y de la atención (que abarca un espectro que va desde
la obnubilación al coma y una disminución de la capacidad para dirigir,
focalizar, mantener o desplazar la atención).
b) Trastorno cognoscitivo global (distorsiones de la percepción,
alucinaciones e ilusiones, sobre todo visuales, deterioro del pensamiento
abstracto y de la capacidad de comprensión, con o sin ideas delirantes
pasajeras, pero de un modo característico con algún grado de incoherencia,
deterioro de la memoria inmediata y reciente, pero 'con la memoria remota
relativamente intacta, desorientación en el tiempo y, en la mayoría de los casos
graves, en el espacio y para las personas).
c) Trastornos psicomotores (hipo- o hiperactividad y cambios imprevistos
de un estado a otro, aumento del tiempo de reacción, incremento o disminución
del flujo del habla, acentuación de la reacciones de sorpresa).
d) Trastornos en el ciclo del sueño-vigilia (insomnio o, en los casos
graves, pérdida total del sueño o inversión de las fases del ciclo del sueño
vigilia, somnolencia diurna, empeoramiento vespertino de los síntomas, ensueños
desagradables o pesadillas que pueden prolongarse durante la vigilia en la forma
de alucinaciones o ilusiones).
e) Trastornos emocionales, por ejemplo, depresión, ansiedad o miedo,
irritabilidad, euforia, apatía o perplejidad.
El comienzo del
cuadro suele ser rápido, en su curso deben presentarse fluctuaciones diurnas de
los síntomas y la duración total del trastorno debe ser inferior a los seis
meses. El cuadro clínico descrito es tan característico que un diagnóstico
fiable de delirium puede hacerse incluso antes de confirmar su etiología. Si el
diagnóstico ofrece duda, además de los antecedentes de una enfermedad somática o
cerebral subyacente, puede ser necesario poner de manifiesto una disfunción
cerebral (por ejemplo, mediante un electroencefalograma anormal, que habitual,
pero no invariablemente, se caracteriza por un enlentecimiento de la actividad
de fondo).
Incluye:
Síndrome agudo-cerebral.
Estado confusional agudo o subagudo (no alcohólico).
Psicosis infecciosa aguda o subaguda.
Reacción orgánica aguda o subaguda.
Síndrome psico-orgánico agudo.
F05.0 Delirium no superpuesto a demencia
Usar este código
para los casos en los que se satisfagan las pautas de delirium que no se
superpone a demencia previa.
F05.1 Delirium superpuesto a demencia
Usar este código
para los casos en los que se satisfacen las pautas anteriores, pero que se
desarrollan en el curso de una demencia (F00-F03).
F05.8 Otro delirium
Incluye:
Delirium de origen
mixto.
Delirium o estado confusional subagudo.
F05.9 Delirium sin
especificación
F06
Otros trastornos mentales debidos a lesión o disfunción cerebral o a enfermedad
somática
Trastornos mentales
causados por alteraciones cerebrales debidas a enfermedad cerebral primaria, a
enfermedad sistémica o de otra naturaleza que afecta secundariamente al cerebro
o a una sustancia tóxica exógena (excluyendo el alcohol y las sustancias
psicotropas clasificados en F10-F19). Estos trastornos tienen en común el que
sus rasgos clínicos no permiten por sí mismos hacer un diagnóstico de presunción
de un trastorno mental orgánico, como demencia o delirium. Por el contrario, sus
manifestaciones clínicas se parecen o son idénticas a aquellas de los trastornos
no considerados como "orgánicos" en el sentido específico. Su inclusión aquí se
justifica por la presunción de que su etiología es una enfermedad o una
disfunción cerebral que actúa directamente y que no son simplemente la expresión
de una asociación fortuita con dicha enfermedad o disfunción o de la reacción
psicológica a sus síntomas, tal como trastornos esquizofreniformes asociados a
epilepsia de larga duración.
Pautas para el
diagnóstico
a)
Evidencia de una enfermedad, lesión o disfunción cerebral o de una enfermedad
sistémica de las que pueden acompañarse de uno de los síndromes mencionados.
b) Relación temporal (semanas o pocos meses) entre el desarrollo de la
enfermedad subyacente y el inicio del síndrome psicopatológico.
c) Remisión del trastorno mental cuando mejora o remite la presunta causa
subyacente.
d) Ausencia de otra posible etiología que pudiera explicar el síndrome
psicopatológico (por ejemplo, unos antecedentes familiares muy cargados o la
presencia de un estrés precipitante).
Las condiciones a)
y b) justifican un diagnóstico provisional, pero la certeza diagnóstica aumenta
de un modo considerable si están presentes las cuatro.
Los siguientes
trastornos son los que con mayor probabilidad dan lugar a los síndromes
incluidos aquí: epilepsia, encefalitis límbica, enfermedad de Huntington,
traumatismos craneales, neoplasias del cerebro, neoplasias extracraneales con
repercusión remota sobre el sistema nervioso central (en especial carcinoma del
páncreas), enfermedad vascular, lesiones o malformaciones vasculares, lupus
eritematoso y otras enfermedades del colágeno, enfermedades endocrinas (en
especial hipotiroidismo e hipertiroidismo, enfermedad de Cushing), trastornos
metabólicos (hipoglucemia, porfiria, hipoxia), enfermedades tropicales y
enfermedades parasitarias (tripanosomiasis), efectos tóxicos de sustancias
psicotropas no psicotropas (propanolol, 1-DOPA, metil-DOPA, esferoides,
antihipertensivos y antimaláricos).
Excluye:
Trastornos mentales asociados con delirium (F05).
Trastornos mentales asociados con demencia (F00-F03).
F06.0 Alucinosis orgánica
Trastorno
caracterizado por alucinaciones persistentes o recurrentes, normalmente visuales
o auditivas, que se presentan en un estado de conciencia clara y que pueden ser
o no reconocidas como tales por quien las padece. Puede presentarse una
elaboración delirante de las alucinaciones, pero lo mas frecuente es que se
conserve la conciencia de enfermedad.
Pautas para el
diagnóstico
Además de las
pautas generales antes descritas (F06), es necesaria la presencia de
alucinaciones persistentes o recurrentes en cualquiera de sus modalidades y la
ausencia de obnubilación de la conciencia, de deterioro intelectual
significativo, de trastorno de memoria y de predominio de ideas delirantes.
Incluye:
Delirio dermatozoico.
Estado alucinatorio orgánico (no alcohólico).
Excluye:
Alucinosis alcohólica (F10.52).
Esquizofrenia (F20).
F06.1 Trastorno catatónico orgánico
Trastorno
caracterizado por una actividad psicomotriz disminuida (estupor) o aumentada
(agitación), que se acompaña de síntomas catatónicos. Pueden alternarse ambos
polos de trastornos psicomotores. Se desconoce si en estos cuadros orgánicos
puede presentarse la gama completa de los trastornos catatónicos descritos en la
esquizofrenia. Tampoco ha podido aclararse de una manera concluyente si un
estado catatónico orgánico puede presentarse con un estado de conciencia claro o
si es siempre una manifestación de un delirium, con una amnesia subsiguiente
total o parcial. Esto implica tener precaución a la hora de diagnosticar un
estado así y evaluar cuidadosamente las pautas para el diagnóstico de delirium.
Suele aceptarse que las encefalitis y las intoxicaciones con monóxido de carbono
dan lugar a este síndrome con más frecuencia que otras causas orgánicas.
Pautas para el
diagnóstico
Deben satisfacerse
las pautas generales para aceptar una etiología orgánica, expuestas en F06.
Además, deberán presentarse uno de los síntomas siguientes:
a)
Estupor (disminución o ausencia total de movimientos espontáneos con mutismo
parcial o total, negativismo y posturas rígidas mantenidas).
b) Agitación (franca inquietud motriz con o sin tendencias agresivas).
c) Ambos estados (pasando de un modo rápido e imprevisto de la hipo a la
hiperactividad).
Otros fenómenos
catatónicos que aumentan la fiabilidad del diagnóstico son: estereotipias,
flexibilidad cérea y actos impulsivos.
Excluye:
Esquizofrenia catatónica (F20.2).
Estupor disociativo (F44.2).
Estupor sin especificación (R40.1).
F06.2 Trastorno de ¡deas delirantes (esquizofreniforrne) orgánico.
Trastorno en cuyo
cuadro clínico predominan ideas delirantes persistentes o recurrentes. Las ideas
delirantes pueden acompañarse de alucinaciones pero éstas no se limitan a su
contenido. Pueden presentarse rasgos sugerentes de esquizofrenia, tales como
alucinaciones bizarras o trastornos del pensamiento.
Pautas para el
diagnóstico
Deben satisfacerse
las pautas generales para aceptar una etiología orgánica, expuestas en F06.
Además, deberán presentarse ideas delirantes (de persecución, de transformación
corporal, de celos, de enfermedad o muerte de uno mismo o de otra persona).
También pueden estar presentes alucinaciones, trastornos del pensamiento o
fenómenos catatónicos aislados. La conciencia y la memoria no deben estar
afectadas. Este diagnóstico no deberá hacerse si la presunta relación causal
orgánica no es específica o se limita a hallazgos tales como una dilatación de
los ventrículos cerebrales visualizados en una tomografía axial computarizada o
por signos neurológicos menores ("blandos").
Incluye:
Estados orgánicos paranoides o alucinatorio-paranoides.
Psicosis esquizofreniformes de la epilepsia.
Excluye:
Episodio psicótico agudo transitorio (F23).
Trastornos psicóticos debidos al consumo de sustancias psicotropas (F1x.5).
Trastorno de ideas delirantes persistentes (F22).
Esquizofrenia (F20).
F06.3 Trastornos del humor (afectivos) orgánicos
Trastorno
caracterizado por depresión del estado de ánimo, disminución de la vitalidad y
de la actividad. Puede también estar presente cualquier otro de los rasgos
característicos de episodio depresivo (ver F30). El único criterio para la
inclusión de este estado en la sección orgánica es una presunta relación causal
directa con un trastorno cerebral o somático, cuya presencia deberá ser
demostrada con independencia, por ejemplo, por medio de una adecuada exploración
clínica y complementaria o deducida a partir de una adecuada información
ananmésica. El síndrome depresivo deberá ser la consecuencia del presunto factor
orgánico y no ser la expresión de la respuesta emocional al conocimiento de la
presencia del mismo o a las consecuencias de los síntomas de un trastorno
cerebral concomitante. Son casos prototípicos la depresión postinfecciosa (por
ejemplo, la que sigue a una gripe, que debe codificarse aquí). Pero la euforia
leve, persistente, que no alcanza el rango de hipomanía (que aparece, por
ejemplo, en asociación con la terapia esteroidea o con fármacos antidepresivos)
no debe codificarse aquí, sino en F06.8.
Pautas para el
diagnóstico
Deben satisfacerse
las pautas generales para aceptar una etiología orgánica. Además, deberán
presentarse los requisitos de F30-F33.
Excluye:
Trastornos del humor (afectivos) no orgánicos o sin especificar específicos
(F30-F39).
Trastorno del humor (afectivo) orgánico por lesión del hemisferio derecho
(F07.8).
Los siguientes
códigos de cinco caracteres pueden usarse para especificar el cuadro clínico:
F06.30 Trastorno maníaco orgánico.
F06.31 Trastorno bipolar orgánico.
F06.32 Trastorno depresivo orgánico.
F06.33 Trastorno del humor (afectivo) mixto orgánico.
F06.4 Trastorno de ansiedad orgánico
Cuadro
caracterizado por los rasgos esenciales de un trastorno de ansiedad generalizada
(F41.1), de trastorno de pánico (F41.0) o por una combinación de ambos, pero que
se presenta como consecuencia de un trastorno orgánico capaz de producir una
disfunción cerebral (epilepsia del lóbulo temporal, tireotoxicosis o
feocromocitoma).
Excluye: Trastornos
de ansiedad no orgánicos o sin especificar (F41).
F06.5 Trastorno disociativo orgánico
Trastorno que
satisface las pautas de uno de los trastornos de F44, trastornos disociativos
(de conversión), y a la vez las pautas generales de etiología orgánica (como se
describe en la introducción a esta sección).
Excluye: Trastorno
disociativo (de conversión) no orgánico o sin especificar (F44).
F06.6 Trastorno de labilidad emocional (asténico) orgánico
Estado
caracterizado por la presencia de incontinencia o labilidad emocionales
persistentes, de fatigabilidad y de diversas sensaciones corporales
desagradables (mareos, por ejemplo) y dolores atribuibles a un factor orgánico.
Suele aceptarse que este trastorno se presenta con mayor frecuencia en la
enfermedad vasculocerebral y en la hipertensión, en asociación con otras causas.
Excluye: Trastorno
somatomorfo no orgánico o sin especificar (F45).
F06.7 Trastorno cognoscitivo leve
Trastorno que puede
preceder, acompañar o suceder a infecciones o trastornos somáticos, cerebrales o
sistémicos (incluyendo la infección por HIV) muy diversos. Puede no existir una
afectación cerebral puesta de manifiesto por signos neurológicos, pero si
grandes molestias o interferencias con actividades. Los límites de esta
categoría están sin establecer definitivamente. Cuando es consecuencia de una
enfermedad somática de la que el enfermo se recupera, el trastorno cognoscitivo
leve no se prolonga más de unas pocas semanas. Este trastorno sólo debe de
diagnosticarse en ausencia de claros trastornos mentales o comportamentales.
Pautas para el
diagnóstico
La característica
principal es una disminución del rendimiento cognitivo, que puede incluir
deterioro de la memoria y dificultades de aprendizaje o de concentración.
F06.8 Otro trastorno mental especificado debido a lesión o disfunción cerebral o
a enfermedad somática
Estado de ánimo
alterado que ocurre durante el tratamiento con esferoides o antidepresivos.
Incluye: Psicosis
epiléptica sin especificación.
F06.9 Otro trastorno mental debido lesión o disfunción cerebral o a enfermedad
somática.
F07
Trastornos de la personalidad y del comportamiento debidos a enfermedades,
lesiones o disfunciones cerebrales
Alteración de la
personalidad y del comportamiento puede ser debida a una enfermedad, una lesión
o una disfunción cerebral puede ser de carácter residual concomitante con una
enfermedad daño o disfunción cerebral. En algunos casos las características
concretas de las manifestaciones de estos trastornos de la personalidad y del
comportamiento residuales o concomitantes pueden sugerir el tipo o localización
de la afección cerebral.
F07.0 Trastorno orgánico de la personalidad
Trastorno se
caracteriza por una alteración significativa de las formas habituales del
comportamiento premórbidos. Estas alteraciones afectan de un modo particular a
la expresión de las emociones, de las necesidades y de los impulsos. Los
procesos cognoscitivos pueden estar afectados en especial o incluso
exclusivamente en el área de la planificación de la propia actividad y en la
previsión de probables consecuencias sociales y personales, como en el llamado
síndrome del lóbulo frontal. No obstante, se sabe que este síndrome se presenta
no sólo en las lesiones del lóbulo frontal, sino también en lesiones de otras
áreas circunscritas del cerebro.
Pautas para el
diagnóstico
Claros antecedentes
u otra evidencia de enfermedad, lesión o disfunción cerebral, en la presencia de
dos o más de los siguientes rasgos:
a)
Capacidad persistentemente reducida para mantener una actividad orientada a un
fin, concretamente las que requieran períodos largos de tiempo o gratificaciones
mediatas.
b) Alteraciones emocionales, caracterizados por labilidad emocional,
simpatía superficial e injustificada (euforia, expresiones inadecuadas de
júbilo) y cambios rápidos hacia la irritabilidad o hacia manifestaciones súbitas
de ira y agresividad. En algunos casos el rasgo predominante puede ser la
apatía.
c) Expresión de necesidades y de impulsos que tienden a presentarse sin
tomar en consideración sus consecuencias o molestias sociales (el enfermo puede
llevar a cabo actos antisociales tales como robos, comportamientos sexuales
inadecuados, comer vorazmente o no mostrar preocupación por su higiene y aseo
personales).
d) Trastornos cognoscitivos, en forma de suspicacia o ideas paranoides o
preocupación excesiva por un tema único, por lo general abstracto (por ejemplo,
la religión, el "bien y el mal"), o por ambas a la vez.
e) Marcada alteración en el ritmo y flujo del lenguaje, con rasgos tales
como circunstancialidad, "sobreinclusividad", pegajosidad e hipergrafía.
f) Alteración del comportamiento sexual (disminución de la sexualidad o
cambio del objeto de preferencia sexual).
Incluye:
Síndrome del lóbulo frontal.
Trastorno de personalidad de la epilepsia límbica.
Síndrome postiobotomía.
Personalidad orgánica pseudopsicopática.
Personalidad orgánica pseudorretrasada. Estado postieucotomía.
Excluye:
Transformación persistente de la personalidad tras experiencia catastrófica
(F62.0).
Transformación persistente de la personalidad tras enfermedad psiquiátrica
(F62.1).
Síndrome postconmocional (F07.2).
Síndrome postencefalítico (F07.1).
Trastornos de personalidad (F60.-).
F07.1 Síndrome postencefalítico
Cambios de
comportamiento residuales que se presentan tras la recuperación de una
encefalitis vírica o bacteriana. Los síntomas no son específicos y varían de
unos a otros individuos, de acuerdo con el agente infeccioso y, sobre todo, con
la edad del enfermo en el momento de la infección. La diferencia principal entre
este trastorno y el resto de los trastornos orgánicos de personalidad es que es
a menudo reversible.
Pautas para el
diagnóstico
Malestar general,
apatía o irritabilidad, cierto déficit de las funciones cognoscitivas
(dificultades de aprendizaje), alteración de los hábitos del sueño y de la
ingesta, cambios de la conducta sexual y disminución de la capacidad de juicio.
Pueden presentarse muy diversas disfunciones neurológicas residuales tales como
parálisis, sordera, afasia, apraxia constructiva o acalculia.
Excluye: Trastorno
orgánico de personalidad (F07.0).
F07.2 Síndrome postconmocional
Este síndrome se
presenta normalmente después de un traumatismo craneal, por lo general
suficientemente grave como para producir una pérdida de la conciencia. En él se
incluye un gran número de síntomas tales como cefaleas, mareos (en los que
suelen faltar los rasgos característicos del vértigo), cansancio, irritabilidad,
dificultades de concentración y de la capacidad de llevar a cabo tareas
intelectuales, deterioro de la memoria, insomnio y tolerancia reducida a
situaciones estresantes, a excitaciones emocionales y al alcohol.
Los síntomas pueden
acompañarse de un estado de ánimo depresivo o ansioso, dando lugar a una cierta
pérdida de la estimación de sí mismo y a un temor a padecer una lesión cerebral
permanente. Estos sentimientos refuerzan los síntomas primarios y se pone así en
marcha un círculo vicioso. Algunos enfermos se vuelven hipocondríacos y se
embarcan en la búsqueda constante de diagnósticos y de tratamientos, y de ellos
algunos pueden adoptar el papel permanente de enfermo.
Pautas para el
diagnóstico
Presencia de al
menos tres de los rasgos señalados anteriormente. Debe hacerse una evaluación
mediante exploraciones complementarias (electroencefalografía, potenciales
evocados del tronco cerebral, técnicas neurorradiológicas, oculonistagmografía,
etc.), dado que pueden servir para objetivar los síntomas, aunque en la mayoría
de los casos estos resultados son negativos. Las quejas no son necesariamente
debidas a motivos de compensación.
Incluye:
Síndrome (encefalopatía) postconmocional.
Síndrome cerebral post-traumático no psicótico.
F07.8 Otros trastornos de la personalidad y del comportamiento debidos a
enfermedades, lesiones o disfunciones cerebrales
Las enfermedades,
lesiones o disfunciones cerebrales pueden producir muy diversos trastornos
cognoscitivos, emocionales, de la personalidad y del comportamiento y no todos
ellos son clasificables en los apartados anteriores.
Algunas personas
con trastornos en el hemisferio cerebral derecho presentan cambios en la
capacidad para expresar o comprender emociones. A pesar de que, de un modo
superficial, el enfermo pudiera parecer deprimido, normalmente no está presente
un estado de ánimo depresivo, sino que lo que sucede es que está reducida la
expresión de las emociones.
Se debe utilizar
este código también para:
a)
Síndromes específicos de alteraciones de la personalidad o del comportamiento
presuntamente debidos a enfermedades, lesiones o disfunciones cerebrales
distintos de F07.0-F07.2.
b) Aquellos estados con trastornos cognoscitivos de grado medio que no
tienen intensidad suficiente para ser considerados como demencia en trastornos
mentales progresivos tales como enfermedad de Alzheimer, enfermedad de
Parkinson, etc. El diagnóstico deberá cambiarse si en un momento dado se
satisfacieran las pautas de demencia.
Excluye: Delirium
(F05.-).
F07.9 Trastorno de personalidad y del comportamiento debido a
enfermedad, lesión o disfunción cerebral sin especificación
Incluye:
Psicosíndrome orgánico.
F09
Trastorno mental orgánico o sintomático sin especificación
Incluye:
Psicosis orgánica sin especificación.
Psicosis sintomático sin especificación.
Excluye:
Psicosis sin especificación (F29).
Psicosis de origen incierto (F29).
F10-19 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de sustancias
psicotropas
Trastornos cuya
gravedad va desde la intoxicación no complicada y el consumo perjudicial hasta
cuadros psicóticos y de demencia manifiestos. Todos ellos son secundarios al
consumo de una o más sustancias psicotropas (aun cuando hayan sido prescritas
por un médico).
La sustancia
referida se indica mediante el segundo o tercer carácter (los dos primeros
dígitos tras la letra F) y el cuarto y quinto caracteres codifican los cuadros
clínicos concretos. No todos los códigos del cuarto carácter son aplicables a
todas y cada una de las sustancias.
Pautas para el
diagnóstico
La identificación
de la sustancia psicotropa involucrada, que puede hacerse mediante los datos
proporcionados por el propio individuo, de los análisis objetivos de muestras de
orina, sangre, etc., o de cualquier otra fuente (muestras de sustancias en las
pertenencias del enfermo, síntomas y signos clínicos o información proporcionada
por terceros).
Muchos de los que
consumen sustancias psicotropas no se limitan a una sola. No obstante, la
clasificación diagnóstica del trastorno debe hacerse, cuando sea posible, de
acuerdo con las sustancias (o de la clase de sustancias) consumidas más
importantes. Por ello, en caso de duda, hay que tener en cuenta la sustancia o
el tipo de sustancia que causa el trastorno presente en el momento y aquella que
se consume con más frecuencia, en especial cuando se trata de un consumo
continuo o cotidiano.
Únicamente en los
casos en los que el consumo es errático e indiscriminado o en los que se recurre
a una mezcla inseparable de diferentes sustancias, debería codificarse en F19,
trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de múltiples
sustancias psicotropas o de otras sustancias psicotropas. Si se hubiera
identificado el consumo de varias sustancias concretas, todas ellas deben ser
codificadas.
El uso patológico
de otras sustancias no psicotropas como laxantes, aspirinas, etc., debe
codificarse de acuerdo con F55, abuso de sustancias que no crean dependencia
(con un cuarto carácter para especificar el tipo de sustancia consumida).
Los casos en los
que los trastornos mentales (particularmente delirium en la edad avanzada) sean
debidos a sustancias psicotropas, pero sin la presencia de uno de los trastornos
incluidos en este capitulo (por ejemplo uso perjudicial o síndrome de
dependencia) deberían codificarse en F00-F09. Cuando un cuadro de delirium se
superpone a uno de los trastornos incluidos en esta sección debería codificarse
mediante F1x.3 ó F1x.4.
F19
Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de múltiples drogas
o de otras sustancias psicotropas.
F1x.0 Intoxicación aguda
Estado transitorio
consecutivo a la ingestión o asimilación de sustancias psicotropas o de alcohol
que produce alteraciones del nivel de conciencia, de la cognición, de la
percepción, del estado afectivo, del comportamiento o de otras funciones y
respuestas fisiológicas o psicológicas.
Pautas para el
diagnóstico
La intoxicación
aguda suele estar en relación con la dosis de la sustancia, aunque hay
excepciones en individuos con cierta patología orgánica subyacente (por ejemplo,
con una insuficiencia renal o hepática) en los que dosis relativamente pequeñas
pueden dar lugar a una intoxicación desproporcionadamente grave. La
desinhibición relacionada con el contexto social (por ejemplo, en fiestas o
carnavales) debe también ser tenida en cuenta. La intoxicación aguda es un
fenómeno transitorio. La intensidad de la intoxicación disminuye con el tiempo,
y sus efectos desaparecen si no se repite el consumo de la sustancia. La
recuperación es completa excepto cuando el tejido cerebral está dañado o surge
alguna otra complicación. Los síntomas de la intoxicación no tienen por qué
reflejar siempre la acción primaria de la sustancia. Por ejemplo, las sustancias
psicotropas depresoras del sistema nervioso central pueden producir síntomas de
agitación o hiperreactividad o las sustancias psicotropas estimulantes, dar
lugar a un estado de introversión y retraimiento social. Los efectos de algunas
sustancias como el cánnabis y los alucinógenos son particularmente
imprevisibles. Por otra parte, muchas sustancias psicotropas pueden producir
efectos de diferentes tipos en función de la dosis. Por ejemplo, el alcohol que
a dosis bajas parece tener efectos estimulantes del comportamiento, produce
agitación y agresividad al aumentar la dosis y a niveles muy elevados da lugar a
una clara sedación.
Incluye:
Embriaguez aguda en alcoholismo.
"Mal viaje" (debido a drogas alucinógenas).
Embriaguez sin especificación.
Puede recurrirse al
quinto carácter siguiente para indicar si la intoxicación aguda tiene alguna
complicación.
F1x.00 No complicada (los síntomas varían de intensidad, pero suelen estar en
relación con la dosis, en especial a los niveles mas altos).
F1x.01 Con traumatismo o lesión corporal.
F1 x.02 Con otra complicación médica (por ejemplo, hematemesis, aspiración de
vómitos, etc.).
Con delirium.
Con distorsiones de la percepción.
Con coma.
Con convulsiones.
Intoxicación patológica (se aplica sólo al alcohol): consiste en la aparición
brusca de un comportamiento agresivo o violento, no característico de individuos
en estado sobrio, después de ingerir una cantidad de alcohol que no produciría
intoxicación en la mayoría de las personas.
F1x.1 Consumo perjudicial
Forma de consumo
que está afectando ya a la salud física (como en los casos de hepatitis por
administración de sustancias psicotropas por vía parenteral) o mental, como por
ejemplo, los episodios de trastornos depresivos secundarios al consumo excesivo
de alcohol.
Pautas para el
diagnóstico
El diagnóstico
requiere que se haya afectado la salud mental o física del que consume la
sustancia.
Las formas
perjudiciales de consumo suelen dar lugar a consecuencias sociales adversas de
varios tipos. El hecho de que una forma de consumo o una sustancia en particular
sean reprobados por terceros o por el entorno en general, no es por sí mismo
indicativo de un consumo perjudicial, como tampoco lo es sólo el hecho de haber
podido derivar en alguna consecuencia social negativa tales como ruptura
matrimonial.
F1x.2 Síndrome de dependencia
Conjunto de
manifestaciones fisiológicas, comportamentales y cognoscitivas en el cual el
consumo de una droga, o de un tipo de ellas, adquiere la máxima prioridad para
el individuo, mayor incluso que cualquier otro tipo de comportamiento de los que
en el pasado tuvieron el valor más alto. La manifestación característica del
síndrome de dependencia es el deseo (a menudo fuerte y a veces insuperable) de
ingerir sustancias psicotropas (aun cuando hayan sido prescritas por un médico),
alcohol o tabaco. La recaída en el consumo de una sustancia después de un
período de abstinencia lleva a la instauración más rápida del resto de las
características del síndrome de lo que sucede en individuos no dependientes.
Pautas para el
diagnóstico
El diagnóstico de
dependencia sólo debe hacerse si durante en algún momento en los doce meses
previos o de un modo continuo han estado presentes tres o más de los rasgos
siguientes:
a)
Deseo intenso o vivencia de una compulsión a consumir una sustancia.
b) Disminución de la capacidad para controlar el consumo de una sustancia
o alcohol, unas veces para controlar el comienzo del consumo y otras para poder
terminarlo para controlar la cantidad consumida.
c) Síntomas somáticos de un síndrome de abstinencia (ver F1x.3, F1x.4)
cuando el consumo de la sustancia se reduzca o cese, cuando se confirme por: el
síndrome de abstinencia característico de la sustancia; o el consumo de la misma
sustancia (o de otra muy próxima) con la intención de aliviar o evitar los
síntomas de abstinencia.
d) Tolerancia, de tal manera que se requiere un aumento progresivo de la
dosis de la sustancia para conseguir los mismos efectos que originalmente
producían dosis más bajas (son ejemplos claros los de la dependencia al alcohol
y a los opiáceos, en las que hay individuos que pueden llegar a ingerir dosis
suficientes para incapacitar o provocar la muerte a personas en las que no está
presente una tolerancia).
e) Abandono progresivo de otras fuentes de placer o diversiones, a causa
del consumo de la sustancia, aumento del tiempo necesario para obtener o ingerir
la sustancia o para recuperarse de sus efectos.
f) Persistencia en el consumo de la sustancia a pesar de sus evidentes
consecuencias perjudiciales, tal y como daños hepáticos por consumo excesivo de
alcohol, estados de ánimo depresivos consecutivos a períodos de consumo elevado
de una sustancia o deterioro cognitivo secundario al consumo de la sustancia.
Una característica
esencial del síndrome de dependencia es que deben estar presentes el consumo de
una sustancia o el deseo de consumirla. La conciencia subjetiva de la compulsión
al consumo suele presentarse cuando se intenta frenar o controlar el consumo de
la sustancia. Este requisito diagnóstico excluye a los enfermos quirúrgicos que
reciben opiáceos para alivio del dolor y que pueden presentar síntomas de un
estado de abstinencia a opiáceos cuando no se les proporciona la sustancia, pero
que no tienen deseo de continuar tomando la misma.
El síndrome de
dependencia puede presentarse a una sustancia específica (por ejemplo, tabaco y
diazepam), para una clase de sustancias (por ejemplo, opiáceos) o para un
espectro más amplio de sustancias diferentes (como en el caso de los individuos
que sienten la compulsión a consumir por lo general cualquier tipo de sustancias
disponibles y en los que se presentan inquietud, agitación o síntomas somáticos
de un estado de abstinencia, al verse privados de las sustancias).
Incluye:
Alcoholismo crónico.
Dipsomanía.
Adición a fármacos.
El diagnóstico de
síndrome de dependencia se puede especificar mas con los siguientes códigos de
cinco caracteres:
F1x.20 En la actualidad en abstinencia.
F1 x.21 En la actualidad en abstinencia en un medio protegido (hospital,
comunidad terapéutica, prisión, etc.).
F1x.22 En la actualidad en un régimen clínico de mantenimiento o sustitución
supervisado (por ejemplo, con metadona, con chicles o parches de nicotina)
(dependencia controlada).
F1x.23 En la actualidad en abstinencia con tratamiento con sustancias aversivas
o bloqueantes (por ejemplo, disulfiram o naltrexona).
F1x.24 Con consumo actual de la sustancia (dependencia activa).
F1x.25 Con consumo continuo.
F1x.26 Con consumo episódico (dipsomanía).
F1x.3 Síndrome de abstinencia
Conjunto de
síntomas que se agrupan según diferentes modos y niveles de gravedad que se
presentan cuando hay una abstinencia absoluta o relativa de una determinada
sustancia, tras un consumo reiterado, generalmente prolongado o a dosis
elevadas. El comienzo y la evolución del estado de abstinencia están limitados
en el tiempo y están relacionados con el tipo de la sustancia y la dosis
consumida inmediatamente antes de la abstinencia. El síndrome de abstinencia
puede complicarse con convulsiones.
Pautas para el
diagnóstico
El síndrome de
abstinencia es uno de los indicadores de la presencia del síndrome de
dependencia (véase F1x.2), por lo cual este diagnóstico también debe ser tomado
en consideración.
Los síntomas
somáticos varían de acuerdo con la sustancia consumida. Los trastornos
psicológicos (por ejemplo ansiedad, depresión o trastornos del sueño) son
también rasgos frecuentes de la abstinencia. Es característico que los enfermos
cuenten que los síntomas del síndrome de abstinencia desaparecen cuando vuelven
a consumir la sustancia.
Los síntomas del
síndrome de abstinencia pueden inducirse por estímulos condicionados o
aprendidos, aun en la ausencia de un uso previo inmediato de la sustancia. En
estos casos el diagnóstico de síndrome de abstinencia sólo se hará si lo
requiere su gravedad.
El diagnóstico de
síndrome de abstinencia puede concretarse más con un quinto carácter:
F1x.30 No complicado.
F1x.31 Con convulsiones.
F1x.4 Síndrome de abstinencia con delirium
Trastorno en el que
un síndrome de abstinencia (ver F1x.3) se complica con un delirium (ver las
pautas de F05.-).
Los síntomas
prodrómicos típicos son insomnio, temblores y miedo. A veces el comienzo está
precedido por convulsiones de abstinencia. La tríada clásica de síntomas
consiste en obnubilación de la conciencia y estado confusional, alucinaciones e
ilusiones vividas en cualquier modalidad sensorial y temblor intenso. Pueden
aparecer también ideas delirantes, agitación, insomnio, inversión del ciclo
sueño-vigilia y síntomas de excitación del sistema nervioso vegetativo.
Excluye: Delirium
no inducido por alcohol u otras sustancias psicotropas (F05.-).
El diagnóstico de
síndrome de abstinencia con delirium puede concretarse más con cinco caracteres:
F1x.40 Sin convulsiones.
F1x.41 Con convulsiones.
F1x.5 Trastorno psicótico
Trastorno que
normalmente se presenta acompañando al consumo de una sustancia o inmediatamente
después de él, caracterizado por alucinaciones (auditivas, pero que afectan a
menudo a más de una modalidad sensorial), falsos reconocimientos, ideas
delirantes o de referencia (a menudo de naturaleza paranoide o de persecución),
trastornos psicomotores (excitación, estupor) y estados emocionales anormales,
que van desde el miedo intenso hasta el éxtasis. Suele haber claridad del
sensorio, aunque puede estar presente un cierto grado de obnubilación de la
conciencia, que no llega al grado de un estado confusional grave. Lo
característico es que el trastorno se resuelva parcialmente en un mes y de un
modo completo en seis meses.
Pautas para el
diagnóstico
Trastornos
psicóticos que se presentan durante el consumo de una droga o inmediatamente
después de él (por lo general dentro de las primeras 48 horas), siempre y cuando
no sean una manifestación de un síndrome de abstinencia con delirium (ver F1x.4)
o de comienzo tardío. Los trastornos psicóticos de comienzo tardío (comienzo
después de dos semanas de consumo de la sustancia) pueden aparecer, pero deben
codificarse como F1x.7.
Los síntomas son
variados, ya que están en función de la sustancia y de la personalidad del
consumidor. En el caso de las sustancias estimulantes, como la cocaína y las
anfetaminas, estos trastornos psicóticos se presentan por lo general tras
consumos prolongados o a dosis altas de la sustancia.
Incluye:
Alucinosis alcohólica.
Celotipia alcohólica.
Paranoia alcohólica.
Psicosis alcohólica sin especificación.
El diagnóstico de
trastorno psicótico puede concretarse más con cinco caracteres:
F1x.50 Ésquizofreniforme.
F1x.51 Con predominio de las ideas delirantes.
F1x.52 Con predominio de las alucinaciones (incluye la alucinosis alcohólica).
F1x.53 Con predominio de síntomas polimorfos.
F1x.54 Con predominio de síntomas depresivos.
F1x.55 Con predominio de síntomas maníacos.
F1x.56 Trastorno psicótico mixto.
F1x.6 Síndrome amnésico
Síndrome en el cual
hay un deterioro notable y persistente de la memoria para hechos recientes y la
memoria remota se afecta en algunas ocasiones, mientras que está conservada la
capacidad de evocar recuerdos inmediatos. También suelen estar presentes un
trastorno del sentido del tiempo, con dificultades para ordenar cronológicamente
acontecimientos del pasado y una disminución de la capacidad para aprender
nuevas cosas. Puede ser marcada la presencia de confabulaciones, aunque no
siempre están presentes. El resto de las funciones cognoscitivas suele estar
relativamente bien conservadas.
Pautas para el
diagnóstico
a)
Trastorno de memoria para hechos recientes (aprendizaje de material nuevo),
trastorno del sentido del tiempo (alteración de la capacidad para ordenar
cronológicamente los acontecimientos del pasado, aglutinación de acontecimientos
repetidos en uno solo, etc.).
b) Ausencia de alteración de la evocación de recuerdos inmediatos, menor
alteración de la conciencia y en general de las funciones cognoscitivas.
c) Antecedentes o la presencia objetiva de consumo crónico (y a dosis
particularmente altas) de alcohol u otras sustancias psicotropas.
Incluye:
Psicosis de Korsakov inducida por alcohol u otras sustancias psicotropas.
Síndrome de Korsakov inducido por alcohol u otras sustancias psicotropas.
F1x.7 Trastorno psicótico residual y trastorno psicótico de comienzo tardío
inducido por alcohol o por sustancias psicotropas
Estados en los
cuales ciertos trastornos cognoscitivos, afectivos, de la personalidad o del
comportamiento debidos al consumo de alcohol u otras sustancias psicotropas,
persisten más allá del tiempo de actuación de la sustancia.
Pautas para el
diagnóstico
La presencia de
este trastorno debe estar directamente relacionada con el consumo de alcohol u
otra sustancia psicotropa. Los casos cuyo comienzo tiene lugar con posterioridad
a un episodio de consumo de sustancias sólo deben ser diagnosticados de
trastorno psicótico residual inducido por alcohol u otras sustancias psicotropas,
si hay una evidencia clara y sólida para atribuir al trastorno psicótico
residual al efecto de la sustancia. Un trastorno psicótico residual implica un
cambio o una exageración marcada de las formas de comportamiento previas y
normales.
El trastorno
psicótico residual debe persistir más allá del período en el cual puede asumirse
razonablemente la presencia de los efectos directos de una sustancia en
particular (véase F1x.0, intoxicación aguda). La demencia secundaria al consumo
de alcohol u otras sustancias psicotropas no es siempre irreversible, y así las
funciones intelectuales y mnésicas pueden mejorar tras un período de abstinencia
total.
El diagnóstico de
trastorno psicótico residual inducido por sustancias psicotropas puede
subdividirse utilizando cinco caracteres:
F1 x.70 Con reviviscencias ("flashbacks"),
que pueden distinguirse de los trastornos psicóticos en parte por su naturaleza
episódica, y porque frecuentemente son de muy corta duración (segundos o
minutos) o por los síntomas de reduplicación (a veces exacta) de experiencias
anteriores relacionadas con sustancias psicotropas.
F1x.71 Trastorno de la personalidad o del comportamiento,
cuando satisfagan las pautas de trastorno orgánico de la personalidad (F07.0).
F1x.72 Trastorno afectivo residual,
cuando satisfagan las pautas de trastorno del humor (afectivo) orgánico
(F06.30).
F1x.73 Demencia inducida por alcohol u otras sustancias psicotropas,
de acuerdo con las pautas generales para demencias descritas en la introducción
de la sección F00-F09.
F1x.74 Otro deterioro cognoscitivo persistente.
Se trata de una categoría residual para los trastornos en los que persiste un
deterioro cognitivo pero que no satisface las pautas de síndrome amnésico
(F1x.6) o demencia (F1x.73) inducidos por alcohol u otras sustancias psicotropas.
F1 x.75 Trastorno psicótico de comienzo tardío inducido por alcohol u otras
sustancias psicotropas
F1x.8 Otros trastornos mentales o del comportamiento
Trastornos en los
cuales el consumo de una sustancia puede identificarse como responsable directo
del cuadro clínico que contribuye a dicha situación, pero en los que no
encuentran pautas suficientes para poder ser incluido en ninguno de los
trastornos precedentes.
F1x.9 Trastorno mental o del comportamiento sin especificación
F20-29 Esquizofrenia, trastorno esquizotípico y trastornos de ideas delirantes
F20
Esquizofrenia
Este trastorno se
caracteriza por distorsiones fundamentales y típicas de la percepción, del
pensamiento y de las emociones, estas últimas en forma de embotamiento o falta
de adecuación de las mismas. En general, se conservan tanto la claridad de la
conciencia como la capacidad intelectual, aunque con el paso del tiempo pueden
presentarse déficits cognoscitivos. El trastorno compromete las funciones
esenciales que dan a la persona normal la vivencia de su individualidad,
singularidad y dominio de sí misma. El enfermo cree que sus pensamientos,
sentimientos y actos más íntimos son conocidos o compartidos por otros y pueden
presentarse ideas delirantes en torno a la existencia de fuerzas naturales o
sobrenaturales capaces de influir, de forma a menudo bizarra, en los actos y
pensamientos del individuo afectado. Este se siente el centro de todo lo que
sucede.
Son frecuentes las
alucinaciones, especialmente las auditivas, que pueden comentar la propia
conducta o los pensamientos propios del enfermo. Suelen presentarse además otros
trastornos de la percepción: los colores o los sonidos pueden parecer
excesivamente vividos o tener sus cualidades y características alteradas y
detalles irrelevantes de hechos cotidianos pueden parecer más importantes que la
situación u objeto principal. La perplejidad es frecuente ya desde el comienzo,
la cual suele acompañarse de la creencia de que las situaciones cotidianas
tienen un significado especial, por lo general siniestro y dirigido contra el
propio enfermo. En el trastorno del pensamiento característico de la
esquizofrenia los aspectos periféricos e irrelevantes de un concepto, que en la
actividad mental normal están soterrados, afloran a la superficie y son
utilizados en lugar de los elementos pertinentes y adecuados para la situación.
Así el pensamiento se vuelve vago, elíptico y oscuro y su expresión verbal es a
veces incomprensible. Son frecuentes los bloqueos e interpolaciones en el curso
del pensamiento y el enfermo puede estar convencido de que un agente extraño
está grabando sus pensamientos. Las características más importantes de la
afectividad son la superficialidad, su carácter caprichoso y la incongruencia.
La ambivalencia y el trastorno de la voluntad se manifiestan como inercia,
negativismo o estupor. Pueden presentarse también síntomas catatónicos.
El comienzo puede
ser agudo, con trastornos graves del comportamiento conductal o insidioso con un
desarrollo gradual de ideas y de una conducta extraña. El curso también presenta
una gran variabilidad y no es inevitablemente crónico y deteriorante (debe
especificarse con un quinto carácter). Un porcentaje de casos, que varía en las
diferentes culturas y poblaciones, evoluciona hacia una recuperación completa o
casi completa. Ambos sexos se afectan aproximadamente por igual, pero el
comienzo tiende a ser más tardío en las mujeres.
Aunque en sentido
estricto no se han identificado síntomas patognomónicos, ciertos fenómenos
psicopatológicos tienen una significación especial para el diagnóstico de
esquizofrenia, los cuales suelen presentarse asociados entre sí. Estos son:
a)
Eco, robo, inserción del pensamiento o difusión del mismo.
b) Ideas delirantes de ser controlado, de influencia o de pasividad,
claramente referidas al cuerpo, a los movimientos de los miembros o a
pensamientos o acciones o sensaciones concretos y percepción delirante.
c) Voces alucinatorias que comentan la propia actividad, que discuten
entre ellas sobre el enfermo u otros tipos de voces alucinatorias que proceden
de otra parte del cuerpo.
d) Ideas delirantes persistentes de otro tipo que no son adecuadas a la
cultura del individuo o que son completamente imposibles, tales como las de
identidad religiosa o política, capacidad y poderes sobrehumanos (por ejemplo,
de ser capaz de controlar el clima, de estar en comunicación con seres de otros
mundos).
e) Alucinaciones persistentes de cualquier modalidad, cuando se acompañan
de ideas delirantes no estructuradas y fugaces sin contenido afectivo claro, o
ideas sobrevaloradas persistentes, o cuando se presentan a diario durante
semanas, meses o permanentemente.
f) Interpolaciones o bloqueos en el curso del pensamiento, que dan lugar
a un lenguaje divagatorio, disgregado, incoherente o lleno de neologismos.
g) Manifestaciones catatónicas, tales como excitación, posturas
características o flexibilidad cérea, negativismo, mutismo, estupor.
h) Síntomas "negativos" tales como apatía marcada, empobrecimiento del
lenguaje, bloqueo o incongruencia de la respuesta emocional (estas últimas
habitualmente conducen a retraimiento social y disminución de la competencia
social). Debe quedar claro que estos síntomas no se deban a depresión o a
medicación neuroléptica.
i) Un cambio consistente y significativo de la cualidad general de
algunos aspectos de la conducta personal, que se manifiestan como pérdida de
interés, falta objetivos, ociosidad, estar absorto y aislamiento social.
Pautas para el
diagnóstico
Presencia como
mínimo de un síntoma muy evidente o dos o más si son menos evidentes, de
cualquiera de los grupos uno a cuatro, o síntomas de por lo menos dos de los
grupos referidos entre el cinco y el ocho, que hayan estado claramente presentes
la mayor parte del tiempo durante un período de un mes o más.
El diagnóstico de
esquizofrenia no deberá hacerse en presencia de síntomas depresivos o maníacos
relevantes, a no ser que los síntomas esquizofrénicos antecedieran claramente al
trastorno del humor (afectivo). Si los síntomas de trastorno del humor y los
esquizofrénicos se presentan juntos y con la misma intensidad, debe recurrirse
al diagnóstico de trastorno esquizoafectivo (F25.-), aun cuando los síntomas
esquizofrénicos justificaran por sí solos el diagnóstico de esquizofrenia.
Tampoco deberá diagnosticarse una esquizofrenia en presencia de una enfermedad
cerebral manifiesta o durante una intoxicación por sustancias psicotropas o una
abstinencia a las mismas. Los trastornos similares que se presentan en el curso
de una epilepsia o de otra enfermedad cerebral deberán codificarse de acuerdo
con la categoría F06.2 y aquellos inducidos por sustancias psicotropas como
F1x.5.
Formas de
evolución
La forma de
evolución de los trastornos esquizofrénicos se clasificará según las siguientes
categorías de cinco caracteres:
F20x.0 Continua.
F20x.1 Episódica con defecto progresivo.
F20x.2 Episódica con defecto estable.
F20x.3 Episódica con remisiones completas.
F20x.4 Remisión incompleta.
F20x.5 Remisión completa.
F20x.8 Otra forma de evolución.
F20x.9 Forma de evolución indeterminada, período de observación demasiado breve.
F20.0 Esquizofrenia paranoide
Es el tipo más
frecuente de esquizofrenia en la mayor parte del mundo. En el cuadro clínico
predominan las ideas delirantes relativamente estables, a menudo paranoides, que
suelen acompañarse de alucinaciones, en especial de tipo auditivo y de otros
trastornos de la percepción. Sin embargo, los trastornos afectivos, de la
voluntad, del lenguaje y los síntomas catatónicos pueden ser poco llamativos.
Las ideas
delirantes y alucinaciones paranoides más características son las siguientes:
a)
Ideas delirantes de persecución, de referencia, de celos, genealógicas, de tener
una misión especial o de transformación corporal.
b) Voces alucinatorias que increpan al enfermo dándole órdenes, o
alucinaciones auditivas sin contenido verbal, por ejemplo, silbidos, risas o
murmullos.
c) Alucinaciones olfatorias, gustatorias, sexuales u de otro tipo de
sensaciones corporales. Pueden presentarse también alucinaciones visuales,
aunque rara vez dominan.
El curso de la
esquizofrenia paranoide puede ser episódico, con remisiones parciales o
completas, o crónico. En esta última variedad los síntomas floridos persisten
durante años y es difícil distinguir episodios aislados. El comienzo tiende a
ser más tardío que en las formas hebefrénica y catatónica.
Pautas para el
diagnóstico
Deben satisfacerse
las pautas generales para el diagnóstico de esquizofrenia y además deben
predominar las alucinaciones o las ideas delirantes y ser relativamente poco
llamativos los trastornos de la afectividad, de la voluntad y del lenguaje y los
síntomas catatónicos. Normalmente las alucinaciones son del tipo descrito en b)
y c). Las ideas delirantes pueden ser casi de cualquier tipo, pero las más
características son las ideas delirantes de ser controlado, de influencia, de
dominio y las ideas de persecución de diversos tipos.
Incluye:
Esquizofrenia parafrénica.
Excluye:
Estado paranoide involutivo (F22.8).
Paranoia (F22.0).
F20.1 Esquizofrenia hebefrénica
Forma de
esquizofrenia en la que los trastornos afectivos son importantes, las ideas
delirantes y las alucinaciones son transitorias y fragmentarias y es frecuente
el comportamiento irresponsable e imprevisible y los manierismos. La afectividad
es superficial e inadecuada y se acompaña con frecuencia de risas insulsas o
sonrisas absortas como de satisfacción de sí mismo, de un modo despectivo de
actuar, de muecas, manierismos, burlas, quejas hipocondriacas y de frases
repetitivas. El pensamiento aparece desorganizado y el lenguaje es divagatorio e
incoherente. Hay una tendencia a permanecer solitario y el comportamiento carece
de propósito y de resonancia afectiva. Esta forma de esquizofrenia comienza por
lo general entre los 15 y los 25 años de edad y tiene un pronóstico malo por la
rápida aparición de síntomas negativos, en especial de embotamiento afectivo y
de abulia.
Además de las
alteraciones afectivas y de la voluntad, destaca el trastorno del pensamiento.
Pueden aparecer alucinaciones e ideas delirantes pero no son predominantes. Se
pierden la iniciativa y la determinación, se pierde cualquier tipo de finalidad
de tal forma que el comportamiento del enfermo parece errático y vacío de
contenido. Además, la preocupación superficial y manierística por temas
religiosos, filosóficos o abstractos puede hacer difícil al que escucha seguir
el hilo del pensamiento.
Pautas para el
diagnóstico
Para un diagnóstico
seguro de hebefrenia normalmente es necesario un período de dos o tres meses de
observación continua para asegurarse de que persiste el comportamiento
característico.
Incluye:
Esquizofrenia desorganizada.
Hebefrenia.
F20.2 Esquizofrenia catatónica
Presencia de
trastornos psicomotores graves, que varían desde la hipercinesia al estupor o de
la obediencia automática al negativismo. Durante largos períodos de tiempo
pueden mantenerse posturas y actitudes rígidas y encorsetadas. Otra
característica llamativa de este trastorno es la excitación intensa.
Pautas para el
diagnóstico
Deben satisfacerse
las pautas generales para el diagnóstico de esquizofrenia. Pueden aparecer
síntomas catatónicos aislados y transitorios en el contexto de cualquier otro
tipo de esquizofrenia. Para el diagnóstico de esquizofrenia catatónica deben
predominar en el cuadro clínico uno o más de los siguientes tipos de
comportamiento:
a)
Estupor (marcada disminución de la capacidad de reacción al entorno y reducción
de la actividad y de los movimientos espontáneos) o mutismo.
b) Excitación (actividad motriz aparentemente sin sentido, insensible a
los estímulos externos).
c) Catalepsia (adoptar y mantener voluntariamente posturas extravagantes
e inadecuadas).
d) Negativismo (resistencia aparentemente sin motivación a cualquier
instrucción o intento de desplazamiento o presencia de movimientos de
resistencia).
e) Rigidez (mantenimiento de una postura rígida contra los intentos de
ser desplazado).
f) Flexibilidad cérea (mantenimiento de los miembros y del cuerpo en
posturas impuestas desde el exterior).
g) Obediencia automática (se cumplen de un modo automático las
instrucciones que se le dan) y perseveración del lenguaje.
Incluye:
Estupor catatónico.
Catalepsía esquizofrénica.
Catatonía esquizofrénica.
Flexibilidad cérea esquizofrénica.
F20.3 Esquizofrenia indiferenciada
Conjunto de
trastornos que satisfacen las pautas generales para el diagnóstico de
esquizofrenia (ver la introducción a F20) pero que no se ajustan a ninguno de
los tipos F20.0-F20.2 o presentan rasgos de más de uno de ellos, sin que haya un
claro predominio de uno en particular. Esta categoría deberá utilizarse
únicamente para los cuadros psicóticos (excluyendo, pues, a la esquizofrenia
residual, F20.5, y a la depresión postesquizofrénica, F20.4) y sólo después de
haber intentado clasificar el cuadro clínico en alguna de las tres categorías
precedentes.
Pautas para el
diagnóstico
a)
Satisfacen las pautas para el diagnóstico de esquizofrenia.
b) No satisfacen las pautas de los tipos catatónico, hebefrénico o
paranoide.
c) No reúnen las pautas para la esquizofrenia residual o la depresión
postesquizofrénica.
Incluye:
Esquizofrenia atípica.
F20.4 Depresión postesquizofrénica
Trastorno de tipo
depresivo, a veces prolongado, que surge después de un trastorno esquizofrénico.
Durante él pueden persistir algunos síntomas esquizofrénicos, pero no predominan
en el cuadro clínico. Estos síntomas esquizofrénicos persistentes pueden ser
"positivos" o "negativos", aunque estos últimos son los mas frecuentes. Rara vez
son lo suficientemente graves o duraderos para satisfacer las pautas de un
episodio depresivo grave (F32.2 y F32.3) y a menudo es difícil decidir qué
síntomas del enfermo son debidos a una depresión, cuáles a la medicación
neuroléptica y cuáles son expresión del trastorno de la voluntad y del
empobrecimiento afectivo de la esquizofrenia por sí misma. Estos estados
depresivos se acompañan de un alto riesgo de suicidio.
Pautas para el
diagnóstico
a)
El enfermo ha tenido en los últimos doce meses una enfermedad esquizofrénica que
satisfacía las pautas generales de esquizofrenia (ver la introducción a F20).
b) Persisten algunos síntomas esquizofrénicos.
c) Los síntomas depresivos son destacados, fuente de malestar y cumplen
al menos las pautas de un episodio depresivo (F32) y han estado presentes por lo
menos durante dos semanas.
F20.5 Esquizofrenia residual
Estado crónico del
curso de la enfermedad esquizofrénica, en el que se ha producido una clara
evolución progresiva desde los estados iniciales (que incluyen uno o más
episodios con síntomas psicóticos que han satisfecho las pautas generales de la
esquizofrenia) hacia los estadios finales caracterizados por la presencia de
síntomas "negativos" y de deterioro persistente, aunque no necesariamente
irreversibles.
Pautas para el
diagnóstico
a)
Presencia de síntomas esquizofrénicos "negativos" destacados, por ejemplo,
inhibición psicomotriz, falta de actividad, embotamiento afectivo, pasividad y
falta de iniciativa, empobrecimiento de la calidad o contenido del lenguaje,
comunicación no verbal (expresión facial, contacto visual, entonación y postura)
empobrecida, deterioro del aseo personal y del comportamiento social.
b) Evidencia de que en el pasado ha habido por lo menos un episodio claro
que ha reunido las pautas para el diagnóstico de esquizofrenia.
c) Un período de por lo menos un año durante el cual la intensidad y la
frecuencia de la sintomatología florida (ideas delirantes y alucinaciones) han
sido mínimas o han estado claramente apagadas, mientras que destacaba la
presencia de un síndrome esquizofrénico "negativo".
d) La ausencia de demencia u otra enfermedad o trastorno cerebral
orgánico, de depresión crónica o de institucionalización suficiente como para
explicar el deterioro.
Incluye:
Esquizofrenia crónica no diferenciada.
Estado esquizofrénico residual.
F20.6 Esquizofrenia simple
Trastorno no muy
frecuente en el cual se presenta un desarrollo insidioso aunque progresivo, de
un comportamiento extravagante, de una incapacidad para satisfacer las demandas
de la vida social y de una disminución del rendimiento en general. No hay
evidencia de alucinaciones y ni de ideas delirantes y el trastorno es no tan
claramente psicótico como los tipos hebefrénico, paranoide y catatónico. Los
rasgos "negativos" característicos de la esquizofrenia residual (por ejemplo,
embotamiento afectivo, abulia) aparecen sin haber sido precedidos de síntomas
psicóticos claramente manifiestos. El creciente empobrecimiento social puede
conducir a un vagabundeo, los enfermos se encierran en sí mismos, se vuelven
ociosos y pierden sus objetivos.
Pautas para el
diagnóstico
Desarrollo
progresivo durante un período de tiempo superior a un año, de los síntomas
"negativos" característicos de la esquizofrenia residual, sin que hayan existido
antecedentes de alucinaciones, de ideas delirantes ni de otras manifestaciones
de un episodio psicótico pasado, con cambios significativos en la conducta
personal manifestados con una marcada pérdida de interés, ociosidad y
aislamiento social.
Incluye:
Esquizofrenia simple.
F20.8 Otra esquizofrenia
Incluye:
Esquizofrenia cenestopática.
Trastorno esquizofreniforme sin especificación.
Excluye:
Trastorno psicótico agudo de tipo esquizofrénico (F23.2).
Esquizofrenia cíclica (F25.2).
Esquizofrenia latente (F23.2).
F20.9 Esquizofrenia
sin especificación
F21
Trastorno esquizotípico
Trastorno
caracterizado por un comportamiento excéntrico y por anomalías del pensamiento y
de la afectividad que se asemejan a las de la esquizofrenia, a pesar de que no
se presentan, ni se han presentado, las anomalías características y definidas de
este trastorno. No hay síntomas predominantes o característicos, pero pueden
aparecer algunos de los siguientes rasgos:
a)
La afectividad es fría y vacía de contenido, y a menudo se acompaña de anhedonia.
b) El comportamiento o la apariencia son extraños, excéntricos o
peculiares.
c) Empobrecimiento de las relaciones personales y una tendencia al
retraimiento social.
d) Ideas de referencia, ideas paranoides o extravagantes, creencias
fantásticas y preocupaciones autísticas que no conforman claras ideas
delirantes.
e) Ideas paranoides o suspicacia.
f) Rumiaciones obsesivas sin resistencia interna, a menudo sobre
contenidos dismórficos, sexuales o agresivos.
g) Experiencias perceptivas extraordinarias como ilusiones corporales
somato-sensoriales u otras ilusiones o manifestaciones de despersonalización o
desrealización ocasionales.
h) Pensamiento y lenguaje vagos, circunstanciales, metafóricos,
extraordinariamente elaborados y a menudo estereotipados, sin llegar a una clara
incoherencia o divagación del pensamiento.
i) Episodios, casi psicóticos, ocasionales y transitorios, con '
alucinaciones visuales y auditivas intensas e ideas pseudo-delirantes, que
normalmente se desencadenan sin provocación externa.
Este trastorno
tiene un curso crónico con fluctuaciones de intensidad. Ocasionalmente
evoluciona hacia una esquizofrenia clara. Es mas frecuente en individuos
genéticamente emparentados con esquizofrénicos y se cree que es una parte del
espectro genético de la esquizofrenia.
Pautas para el
diagnóstico
Deben estar
presentes de una manera continuada o episódica durante al menos dos años, tres o
cuatro de los rasgos característicos enumerados más arriba. Además, el enfermo
nunca habrá reunido las pautas para un diagnóstico de esquizofrenia. Unos
antecedentes de esquizofrenia en familiares de primer grado es un apoyo
adicional para el diagnóstico, aunque no es un requisito necesario.
Incluye:
Esquizofrenia limítrofe ("borderline").
Esquizofrenia latente.
Reacción esquizofrénica latente.
Esquizofrenia prepsicótica.
Esquizofrenia prodrómica.
Esquizofrenia pseudoneurótica.
Esquizofrenia pseudopsicopática.
Trastorno esquizotípico de la personalidad.
Excluye:
Síndrome de Asperger (F84.5).
Trastorno esquizoide de la personalidad (F60.1).
F22
Trastornos de ideas delirantes persistentes
Variedad de
trastornos en los cuales la característica clínica única o más destacada la
constituyen las ideas delirantes consolidadas durante bastante tiempo, que no
pueden ser clasificadas como orgánicas, esquizofrénicas o afectivas. Se trata
probablemente de un grupo heterogéneo, cuyas relaciones con la esquizofrenia no
son claras. Por otra parte, la importancia relativa en su génesis de los
factores genéticos, de los rasgos de la personalidad y las circunstancias
vitales no es clara y es probablemente diversa.
F22.0 Trastorno de ideas delirantes
Grupo de trastornos
caracterizado por la aparición de un único tema delirante o de un grupo de ideas
delirantes relacionadas entre sí que normalmente son muy persistentes, y que
incluso pueden durar hasta el final de la vida del individuo. El contenido del
tema o conjunto de ideas delirantes es muy variable. A menudo es de persecución,
hipocondriaco o de grandeza, pero también puede referirse a temas de litigio o
de celos o poner de manifiesto la convicción de que una parte del propio cuerpo
está deformada o de que otros piensan que se despide mal olor o que se es
homosexual. Lo más característico es que no se presente otra psicopatología,
pero pueden aparecer de modo intermitente síntomas depresivos y, en algunos
casos, alucinaciones olfatorias y táctiles. Las voces alucinatorias, los
síntomas esquizofrénicos tales como las ideas delirantes de ser controlado, el
embotamiento afectivo y la presencia de una enfermedad cerebral son
incompatibles con este diagnóstico. Sin embargo, alucinaciones auditivas
ocasionales o transitorias, no típicamente esquizofrénicas y que no constituyen
una parte principal del cuadro clínico, no excluyen el diagnóstico en enfermos
ancianos.
Suele comenzar
hacia la edad media o avanzada de la vida, pero algunas veces, especialmente en
casos de creencias sobre deformaciones del cuerpo, surge en el inicio de la
madurez. El contenido de las ideas delirantes y el momento en el que aparecen y
suele poder tener relación con algunas situaciones biográficas significativas,
por ejemplo, ideas delirantes de persecución en personas que pertenecen a
minorías sociales. Fuera del comportamiento directamente relacionado con el tema
de las ideas o sistema delirante, son normales la afectividad, el lenguaje y el
resto de la conducta.
Pautas para el
diagnóstico
El tema o conjunto
de ideas delirantes deben ser la manifestación clínica única o la más destacada
y deben de estar presentes durante por lo menos tres meses y ser claramente
propias del enfermo, es decir, no depender de factores culturales. Pueden
presentarse síntomas depresivos de una manera intermitente e incluso un episodio
depresivo completo (F32.-) siempre y cuando las ideas delirantes no coincidan
con las alteraciones del estado de ánimo. No hay evidencia de lesión cerebral,
de voces alucinatorias ocasionales y de antecedentes de síntomas esquizofrénicos
(ideas delirantes de ser controlado, difusión del pensamiento, etc.).
Incluye:
Paranoia.
Psicosis paranoide sin especificación.
Estado paranoide.
Parafrenia (tardía).
Delirio sensitivo de referencia (sensitiver Beziehungswahn).
Excluye:
Trastorno paranoide de la personalidad (F60.0).
Psicosis paranoide psicógena (F23.3).
Reacción paranoide (F23.3). Esquizofrenia paranoide (F20.0).
F22.8 Otros trastornos de ideas delirantes persistentes
Categoría residual
para los trastornos de ideas delirantes persistentes que no reúnen las pautas de
un trastorno de ideas delirantes (F22.0). Deben codificarse aquí los trastornos
en los cuales el tema o conjunto de ideas delirantes se acompañen de voces
alucinatorias o de síntomas esquizofrénicos en grado insuficiente como para
satisfacer las pautas de esquizofrenia (F20.-). Los trastornos delirantes que
han durado por lo menos más de tres meses pero menos de seis, deben, no
obstante, ser codificados, al menos transitoriamente de acuerdo con F23.
Incluye:
Dismorfofobia delirante.
Estado paranoide involutivo.
Paranoia querulante.
F22.9 Trastorno delirante persistente sin especificación
F23
Trastornos psicóticos agudos y transitorios
El método utilizado
para diagnosticar se basa en construir una secuencia diagnóstica la cual refleja
el orden de prioridad asignado a características claves del trastorno. El orden
de prioridad utilizado es el siguiente:
a)
Comienzo agudo (menos de dos semanas), como característica que define al grupo
en general.
b) Presencia de síndromes típicos.
c) Presencia de estrés agudo.
El comienzo agudo
se define como un cambio desde un estado sin características psicóticas a otro
claramente anormal y psicótico en un período de dos semanas o menos. Hay
evidencia de que el comienzo agudo es signo de buen pronóstico y es posible que
cuanto más súbito sea el inicio, mejor será el desenlace.
Los síndromes
típicos seleccionados son, primero, el estado rápidamente cambiante y variable,
llamado aquí "polimorfo", el cual ha sido descrito en los trastornos psicóticos
agudos en varios países y, en segundo lugar, la presencia de síntomas
esquizofrénicos típicos.
La presencia de
estrés agudo puede también especificarse con un quinto carácter, teniendo en
cuenta su relación tradicional con la psicosis aguda. El estrés agudo asociado
significa que los primeros síntomas psicóticos se presentaron no más allá de dos
semanas después de uno o más acontecimientos que serian vivenciados como
estresantes por la mayoría de personas en circunstancias similares dentro del
mismo ambiente cultural. Acontecimientos típicos de esta clase son los duelos,
las pérdidas inesperadas de compañeros o de trabajo, el contraer matrimonio, o
el trauma psicológico del combate, el terrorismo y la tortura. Las dificultades
o problemas crónicos no deben ser considerados en este contexto como fuente de
estrés.
La recuperación
completa tiene lugar generalmente dentro del plazo de dos o tres meses, a menudo
en pocas semanas e incluso días, y sólo una pequeña proporción de enfermos con
estos trastornos desarrollan estados persistentes e invalidantes.
Pautas para el
diagnóstico
Ninguno de los
trastornos de este grupo satisface las pautas de un episodio maníaco (F30.-) o
depresivo (F32.-), aunque los cambios emocionales y los síntomas afectivos
individuales puedan estar de vez en cuando en primer plano.
Ausencia de una
causa orgánica, tal como de conmoción cerebral, delirium o demencia. A menudo se
observa perplejidad, preocupación o falta de atención hacia la conversación
inmediata pero si estos síntomas son tan marcados o persistentes como para
sugerir delirium o demencia de causa orgánica, el diagnóstico debe ser pospuesto
hasta que las exploración o la evolución hayan aclarado este punto.
Las pautas
temporales (tanto en lo que se refiere a las dos semanas como a las 48 horas) no
se refieren al tiempo de máxima gravedad y perturbación, sino a plazos en los
cuales los síntomas psicóticos han llegado a ser obvios y desorganizadores de,
al menos, algunos aspectos de la vida diaria y del trabajo. El apogeo del
trastorno puede tener lugar en ambos casos más tarde. Los síntomas y las
alteraciones deben de ser obvios sólo en los plazos citados, en el sentido de
que normalmente habrán llevado al individuo a buscar algún tipo de ayuda o de
intervención médica.
Puede utilizarse un
quinto carácter para indicar si el trastorno psicótico agudo se asocia a una
situación estresante aguda:
F23.x0 No secundario a situación estresante aguda.
F23.x1 Secundario a situación estresante aguda.
F23.0 Trastorno psicótico agudo polimorfo (sin síntomas de esquizofrenia)
Trastorno psicótico
agudo en el cual las alucinaciones, las ideas delirantes y las alteraciones de
la percepción son evidentes pero marcadamente variables y cambiantes de un día
para otro e incluso de una hora a otra. También suele estar presente un estado
de confusión emocional con intensos sentimientos fugaces de felicidad y éxtasis
o de angustia e irritabilidad. Este cuadro clínico cambiante, polimorfo e
inestable es característico y aunque a veces destacan síntomas individuales de
tipo afectivo o psicótico, no se satisfacen las pautas para episodio maníaco
(F30.-), episodio depresivo (F32.-) o esquizofrenia (F20.-). Este trastorno
suele tener un comienzo súbito (menos de 48 horas) y una rápida resolución de
los síntomas. En un elevado número de casos no existe un claro estrés
precipitante.
Pautas para el
diagnóstico
a)
El comienzo sea agudo (pasar desde un estado no psicótico a un estado claramente
psicótico en el plazo de dos semanas o menos).
b) Estén presentes varios tipos de alucinaciones o ideas delirantes,
variando de tipo e intensidad de un día para otro o dentro del mismo día.
c) Exista un estado emocional cambiante de forma similar.
d) A pesar de la variedad de los síntomas, ninguno esté presente con la
suficiente consistencia como para satisfacer las pautas de esquizofrenia (F20.-)
o de un episodio maníaco o depresivo (F30.- o F32.-).
Incluye:
"Bouffée delirante" sin síntomas de esquizofrenia o no especificada.
Psicosis cicloide sin síntomas de esquizofrenia o no especificada.
F23.1 Trastorno psicótico agudo polimorfo con síntomas de esquizofrenia
Trastorno psicótico
agudo en el que se satisfacen las pautas diagnósticas del trastorno psicótico
agudo polimorfo (F23.0) y en el que están presentes de forma consistente
síntomas típicos de la esquizofrenia.
Pautas para el
diagnóstico
Deben cumplirse las
pautas a), b) y c) del trastorno psicótico agudo polimorfo (F23.0). Que además
hayan estado presentes síntomas que satisfacen las pautas de la esquizofrenia
(F20.-) durante la mayor parte del tiempo desde que el cuadro clínico psicótico
se estableció de forma evidente.
Si los síntomas
esquizofrénicos persisten más de un mes, el diagnóstico debe ser cambiado por el
de esquizofrenia (F20.-).
Incluye:
"Bouffée delirante" con síntomas de esquizofrenia.
Psicosis cicloide con síntomas de esquizofrenia.
F23.2 Trastorno psicótico agudo de tipo esquizofrénico
Trastorno psicótico
agudo en el cual los síntomas psicóticos son comparativamente estables y
satisfacen las pautas de la esquizofrenia (F20.-) pero cuya duración ha sido
inferior a un mes. Puede estar presente hasta cierto punto una inestabilidad o
variabilidad emocional, pero no con la extensión descrita en el trastorno
psicótico agudo polimorfo (F23.0).
Pautas para el
diagnóstico
a)
El comienzo de los síntomas psicóticos sea agudo (desde un estado no psicótico a
otro claramente psicótico en dos semanas o menos).
b) Hayan estado presentes síntomas que satisfacen las pautas de la
esquizofrenia (F20.-) durante la mayor parte del tiempo desde que el cuadro
clínico psicótico se estableció de forma evidente.
c) No se satisfacen las pautas del trastorno psicótico agudo polimorfo.
Si los síntomas
esquizofrénicos duran más de un mes, este diagnóstico deberá sustituirse por el
de esquizofrenia (F20.-).
Incluye:
Esquizofrenia aguda (indiferenciada).
Esquizofrenia aguda.
Trastorno o psicosis esquizofreniforme breve.
Oneirofrenia. Reacción esquizofrénica.
Excluye:
Trastorno de ideas delirantes (esquizofreniforme) orgánico (F06.2).
Trastorno esquizofreniforme sin especificación (F20.8).
F23.3 Otro trastorno psicótico agudo con predominio de ideas delirantes
Trastornos
psicóticos agudos en los cuales la característica principal es la presencia de
ideas delirantes o alucinaciones comparativamente estables pero que no
satisfacen las pautas de la esquizofrenia (F20.-). Las ideas delirantes de
persecución o de referencia son frecuentes y las alucinaciones son generalmente
auditivas (voces que hablan directamente al enfermo).
Pautas para el
diagnóstico
a)
El comienzo de los síntomas psicóticos sea agudo (desde un estado no psicótico a
otro claramente psicótico en dos semanas o menos).
b) Las ideas delirantes o alucinaciones hayan estado presentes durante la
mayoría del tiempo desde que el cuadro clínico comenzó a manifestarse.
c) No se satisfacen las pautas de la esquizofrenia (F20.-) ni del
trastorno psicótico agudo polimorfo (F23.0).
Si las ideas
delirantes persisten más de tres meses, el diagnóstico debe cambiarse por el de
trastornos de ideas delirantes persistentes (F22.-). Si son sólo las
alucinaciones las que persisten más de tres meses, el diagnóstico debe cambiarse
por el de otros trastornos psicóticos no orgánicos (F28).
Incluye:
Reacción paranoide.
Psicosis psicógena paranoide.
F23.8 Otros trastornos psicóticos agudos y transitorios
Trastornos
psicóticos agudos no clasificables en los apartados precedentes (tales como
cuadros psicóticos agudos en los cuales aparecen claras alucinaciones o ideas
delirantes, pero que persisten por muy poco tiempo). Los estados de excitación
no diferenciados deben ser también codificados aquí cuando no se disponga de más
información acerca del estado mental del enfermo, siempre que haya evidencia de
que no existe una causa orgánica que justifique los síntomas.
F23.9 Trastorno psicótico agudo y transitorio sin especificación
Incluye: Psicosis
reactiva (breve) sin especificación.
F24
Trastorno de ideas delirantes inducidas
Trastorno de ideas
delirantes, poco frecuente, compartido por dos o más personas que comparten
estrechos lazos emocionales. Sólo uno de los afectados padece un auténtico
trastorno psicótico. En el otro o los otros las ideas delirantes son inducidas y
normalmente remiten cuando se les separa. El trastorno psicótico del individuo
dominante suele ser una esquizofrenia, pero esto no es algo ni necesario ni
constante. Tanto las ideas delirantes originales de la persona dominante como
las inducidas en la otra, son crónicas, de naturaleza persecutoria o de
grandeza. Las creencias delirantes sólo son trasmitidas de esta manera en
circunstancias extraordinarias poco frecuentes. Casi siempre las dos personas
son familiares cercanos, aislados del entorno por su lengua, cultura o por
factores geográficos. Las personas en las cuales las ideas delirantes son
inducidas suelen ser también dependientes o tienen una relación de servidumbre
con la que padece la psicosis genuina.
Pautas para el
diagnóstico
a)
Dos o más personas comparten el mismo tema o sistema de ideas delirantes y se
apoyan mutuamente en sus creencias.
b) Ambas comparten una relación extraordinariamente estrecha, del tipo
descrito mas arriba.
c) Hay evidencia temporal y circunstancial de que las ideas delirantes
están inducidas en la persona pasiva (dominada) de la pareja por el contacto con
la persona activa (dominante).
Incluye:
"Folie á deux".
Trastorno paranoide inducido. Psicosis simbiótica.
Excluye: "Folie simultanee".
F25
Trastornos esquizoafectivos
Trastornos
episódicos en los cuales tanto los síntomas afectivos como los esquizofrénicos
son destacados y se presentan durante el mismo episodio de la enfermedad,
preferiblemente de forma simultánea o al menos con pocos días de diferencia
entre unos y otros. No es clara aún su relación con los trastornos del humor
(afectivos) (F30-F39) y con los trastornos esquizofrénicos (F20-F24) típicos.
Otros cuadros en los cuales los síntomas afectivos aparecen superpuestos o
forman parte de una enfermedad esquizofrénica preexistente, o en los cuales
coexisten o alternan con otros tipos de trastornos de ideas delirantes
persistentes, se clasifican bajo la categoría adecuada de F20-F29.
Los enfermos que
sufren episodios esquizoafectivos recurrentes, en particular aquellos cuyos
síntomas son de tipo maníaco más que de tipo depresivo, generalmente se
recuperan completamente y sólo rara vez desarrollan un estado defectual.
Pautas para el
diagnóstico
Las manifestaciones
de ambos tipos de síntomas, esquizofrénicos y afectivos, son claras y destacadas
y se presentan simultáneamente o con un plazo de pocos días entre unos y otros,
dentro del mismo episodio de la enfermedad, y cuando, como consecuencia de lo
anterior, el episodio de enfermedad no satisface las pautas ni de esquizofrenia
ni de episodio depresivo o maníaco. Es frecuente, por ejemplo, que los
esquizofrénicos presenten síntomas depresivos tras un episodio psicótico (ver
F20.4, depresión postesquizofrénica). Algunos enfermos presentan episodios
esquizoafectivos recurrentes, los cuales pueden ser de tipo maníaco, depresivo o
mixtos. Otros presentan uno o dos episodios esquizoafectivos intercalados entre
episodios maníacos o depresivos típicos. En el primer caso el diagnóstico
adecuado es el de trastorno esquizoafectivo. En el segundo, la aparición de un
episodio esquizoafectivo de forma ocasional no invalida el diagnóstico de
trastorno bipolar o trastorno depresivo recurrente si el cuadro clínico es
típico en otros aspectos.
F25.0 Trastorno esquizoafectivo de tipo maníaco
Trastorno en el
cual los síntomas esquizofrénicos y los maníacos son destacados en el mismo
episodio de enfermedad. La alteración del humor es generalmente en forma de
euforia acompañada de aumento de la estimación de sí mismo e ideas de grandeza,
pero a veces son más evidentes la excitación o irritabilidad, acompañadas de un
comportamiento agresivo y de ideas de persecución. En ambos casos existe un
aumento de la vitalidad, hiperactividad, dificultades de concentración y una
pérdida de la inhibición social normal. Pueden estar presentes ideas delirantes
de referencia, de grandeza o de persecución, pero se requieren otros síntomas
más típicamente esquizofrénicos para establecer el diagnóstico. El enfermo puede
insistir, por ejemplo, en que sus pensamientos están siendo difundidos o
interceptados, o que fuerzas extrañas están tratando de controlarlos, o puede
referir oír voces de varias clases, o expresar ideas delirantes extrañas que no
son sólo de grandeza o de persecución. Se requiere a menudo un interrogatorio
minucioso para establecer que el enfermo está realmente experimentando estos
fenómenos mórbidos y no sólo bromeando o hablando de forma metafórica. Los
trastornos esquizoafectivos de tipo maníaco son con frecuencia psicosis floridas
con un comienzo agudo, pero la recuperación completa suele tener lugar en pocas
semanas, a pesar de que el comportamiento esté alterado de un modo llamativo.
Pautas para el
diagnóstico
Debe existir una
exaltación marcada del humor, o una exaltación menos evidente del humor
acompañada de irritabilidad o excitación. Deben hallarse claramente presentes
dentro del mismo episodio, por lo menos uno y preferiblemente dos síntomas
característicos de la esquizofrenia (tal y como se especifica en las pautas
(a-(d) para el diagnóstico de F20.-, esquizofrenia).
Incluye:
Psicosis esquizoafectiva de tipo maníaco.
Psicosis esquizofreniforme de tipo maníaco.
F25.1 Trastorno esquizoafectivo de tipo depresivo
Trastorno en el
cual los síntomas esquizofrénicos y depresivos son destacados en el mismo
episodio de enfermedad. La depresión del humor suele acompañarse de varios
síntomas depresivos característicos o de trastornos del comportamiento tales
como inhibición psicomotriz, insomnio, pérdida de vitalidad, de apetito o de
peso, reducción en los intereses habituales, dificultades de concentración,
sentimientos de culpa, de desesperanza e ideas de suicidio. Al mismo tiempo o
dentro del mismo episodio están presentes otros síntomas típicamente
esquizofrénicos. El enfermo puede insistir, por ejemplo, en que sus pensamientos
están siendo difundidos o interceptados, o en que fuerzas extrañas están
tratando de controlarlo. Puede estar convencido de estar siendo espiado o de ser
víctima de un complot que no se justifica por su comportamiento, o de oír voces
que no son únicamente despectivas o condenatorias sino que hablan de matarlo o
comentan entre ellas su comportamiento. Los trastornos esquizoafectivos de tipo
depresivo suelen ser habitualmente menos floridos y alarmantes que los episodios
esquizoafectivos de tipo maníaco, pero tienden a durar más y el pronóstico es
menos favorable. Aunque la mayoría de enfermos se recuperan completamente,
algunos desarrollan con el tiempo un deterioro esquizofrénico.
Pautas para el
diagnóstico
Debe aparecer un
humor depresivo marcado, acompañado por lo menos por dos síntomas depresivos
característicos o de trastornos del comportamiento enumerados en el episodio
depresivo (F32.-). Además, deben hallarse dentro del mismo episodio, por lo
menos uno y preferiblemente dos síntomas típicamente esquizofrénicos (tal y como
se especifica para F20.-, en las pautas para el diagnóstico de esquizofrenia a)-
d).
Incluye:
Psicosis esquizoafectiva de tipo depresivo.
Psicosis esquizofreniforme de tipo depresivo.
F25.2 Trastorno esquizoafectivo de tipo mixto
Trastornos en los
cuales los síntomas esquizofrénicos (F20.-) coexisten con los de trastorno
bipolar, episodio actual mixto (F31.6).
Incluye:
Esquizofrenia cíclica.
Psicosis mixta esquizofrénica y afectiva.
F25.8 Otros trastornos esquizoafectivos
F25.9 Trastorno esquizoafectivo sin especificación
Incluye: Psicosis esquizoafectiva sin especificación.
F28
Otros trastornos psicóticos no orgánicos
Trastornos
psicóticos que no satisfacen las pautas para esquizofrenia (F20.-) o para los
tipos psicóticos de trastornos del humor (afectivos) (F30-F39) y los trastornos
psicóticos que no satisfacen las pautas sintomáticas para trastorno de ideas
delirantes persistentes (F22.-).
Incluye: Psicosis
alucinatoria crónica sin especificación.
F29
Psicosis no orgánica sin especificación
Incluye:
Psicosis sin especificación.
Psicosis de origen incierto.
Excluye:
Trastorno mental sin especificación (F99).
Psicosis orgánica o sintomática sin especificación (F09).
F30-39 Trastornos del humor (afectivos)
La alteración
fundamental en estos trastornos es una alteración del humor o de la afectividad,
por lo general en el sentido de la depresión (acompañada o no de ansiedad) o en
el de la euforia. Este cambio suele acompañarse de uno del nivel general de
actividad (vitalidad). La mayoría del resto de los síntomas son secundarios a
estas alteraciones del humor y de la vitalidad o son comprensibles en su
contexto. La mayoría de estos trastornos tienden a ser recurrentes y el inicio
de cada episodio suele estar en relación con acontecimientos o situaciones
estresantes. Esta sección incluye los trastornos del humor (afectivos) en todos
los grupos de edad. Aquellos que se presentan en la infancia y adolescencia se
codificarán por tanto también de acuerdo con las pautas que siguen.
F30
Episodio maníaco
Se especifican aquí
tres niveles de gravedad que comparten la exaltación del humor, y el aumento de
la cantidad y velocidad de la actividad física y mental propias del individuo.
Todas la subdivisiones de esta categoría deben utilizarse sólo para episodios
maníacos aislados. En el caso de que haya episodios del trastorno del humor
(afectivos) anteriores o posteriores, ya sean depresivos, maníacos o
hipomaníacos, debe recurrirse al trastorno bipolar (F31.-).
Incluye:
Trastorno bipolar aislado.
Episodio maníaco aislado.
F30.0 Hipomanía
La hipomanía es un
grado menor de manía (F30.1) en el que las alteraciones del humor y del
comportamiento son demasiado persistentes y marcadas como para ser incluidas en
el apartado de ciclotimia (F34.0) pero a su vez no se acompañan de alucinaciones
o ideas delirantes. Hay una exaltación leve y persistente del ánimo (durante al
menos varios días seguidos), un aumento de la vitalidad y de la actividad y por
lo general, sentimientos marcados de bienestar y de elevado rendimiento físico y
mental. También es frecuente que el individuo se vuelva más sociable, hablador,
que se comporte con una familiaridad excesiva, que muestre un excesivo vigor
sexual y una disminución de la necesidad de sueño, pero nada de esto tiene una
intensidad suficiente como para interferir con la actividad laboral o provocar
rechazo social. En algunos casos la irritabilidad, el engreimiento y la grosería
pueden sustituir a la exagerada sociabilidad eufórica.
Puede alterarse la
capacidad de atención y concentración, dando lugar a una imposibilidad para
desarrollar con calma actividades laborales, de entretenimiento o descansar
tranquilamente. No obstante, esto no suele impedir el interés por actividades y
empresas totalmente nuevas o por gastos ligeramente excesivos.
Pautas para el
diagnóstico
Deben presentarse
varias de las características citadas más arriba de exaltación o de alteración
del estado de animo, y del aumento de la vitalidad durante al menos varios días
seguidos, en un grado y con una persistencia mayor que la descrita para la
ciclotimia (F34.0). Una interferencia considerable con las actividad laboral o
social permite el diagnóstico de hipomanía pero si la interferencia es grave o
completa se debe diagnosticar de manía (F30.1 o F30.2).
F30.1 Manía sin síntomas psicóticos
En este trastorno
existe una exaltación del humor sin relación con las circunstancias ambientales,
que puede variar desde una jovialidad descuidada hasta una excitación casi
incontrolable. La euforia se acompaña de aumento de vitalidad con
hiperactividad, logorrea y una disminución de las necesidades de sueño. Hay una
pérdida de la inhibición social normal, una imposibilidad de mantener la
atención y gran tendencia a distraerse. La estimación de sí mismo crece
desmesuradamente y se expresan sin inhibiciones ideas de grandeza o
extraordinariamente optimistas.
Pueden presentarse
trastornos de la percepción tales como una apreciación de los colores en forma
especialmente vivida (y por lo general hermosa), o bien una preocupación con los
detalles finos de las superficies o texturas, así como hiperacusia subjetiva. El
individuo se puede embarcar en proyectos extravagantes e impracticables, gastar
dinero de forma descabellada o tornarse excesivamente agresivo, cariñoso o
chistoso en circunstancias inadecuadas. En algunos episodios maníacos, el humor
es irritable y receloso más que exaltado. La primera manifestación tiene lugar
con mayor frecuencia entre los 15 y los 30 años de edad, pero puede presentarse
a cualquier edad desde el final de la infancia hasta la séptima u octava década
de la vida.
Pautas para el
diagnóstico
El episodio debe
durar al menos una semana, debe ser lo suficientemente grave como para alterar
la actividad laboral y social de forma más o menos completa. La alteración del
humor debe acompañarse de un aumento de la vitalidad y varios de los síntomas
descritos en el apartado previo (en particular la logorrea, la disminución de
las necesidades del sueño, las ideas de grandeza y el optimismo excesivo).
F30.2 Manía con síntomas psicóticos
El cuadro clínico
es el de una forma de manía más grave que la descrita en F30.1. El grado de
aumento de la estimación de sí mismo y las ideas de grandeza pueden desembocar
en ideas delirantes, así como la irritabilidad y el recelo pueden dar paso a las
ideas delirantes de persecución. En los casos graves pueden presentarse marcadas
ideas delirantes de grandeza o religiosas referidas a la propia identidad o a
una misión especial. La fuga de ideas y la logorrea pueden dar lugar a una falta
de comprensibilidad del lenguaje. La excitación y la actividad física intensas y
mantenidas pueden dar lugar a agresiones o violencias. El descuido de la
alimentación, de la ingesta de líquidos y de la higiene personal pueden dar
lugar a situaciones peligrosas de deshidratación y abandono. Si fuere necesario,
las ideas delirantes y las alucinaciones pueden calificarse de congruentes o no
congruentes con el estado de ánimo. "No congruente" incluye las ideas delirantes
y alucinaciones que se presentan con un estado de ánimo neutro, por ejemplo,
ideas de referencia sin sentimientos de culpabilidad o sin sentirse acusado o
voces alucinatorias sobre temas que no tienen un significado emocional especial.
Incluye: Estupor
maníaco.
F30.8 Otros episodios maníacos
F30.9 Episodio maníaco sin especificación
Incluye: Manía sin especificación.
F31
Trastorno bipolar
Trastorno
caracterizado por la presencia de episodios reiterados (es decir, al menos dos)
en los que el estado de ánimo y los niveles de actividad del enfermo están
profundamente alterados, de forma que en ocasiones la alteración consiste en una
exaltación del estado de ánimo y un aumento de la vitalidad y del nivel de
actividad (manía o hipomanía) y en otras, en una disminución del estado de ánimo
y un descenso de la vitalidad y de la actividad (depresión). Lo característico
es que se produzca una recuperación completa entre los episodios aislados. A
diferencia de otros trastornos del humor (afectivos) la incidencia en ambos
sexos es aproximadamente la misma. Dado que los enfermos que sufren únicamente
episodios repetidos de manía son relativamente escasos y de características muy
parecidas (antecedentes familiares, personalidad premórbida, edad de comienzo y
pronóstico a largo plazo) al resto de los enfermos que tienen al menos episodios
ocasionales de depresión, estos enfermos se clasifican como otro trastorno
bipolar (F31.8).
Los episodios de
manía comienzan normalmente de manera brusca y se prolongan durante un período
de tiempo que oscila entre dos semanas y cuarto a cinco meses (la duración
mediana es de cuatro meses). Las depresiones tienden aburar más (su duración
mediana es de seis meses), aunque rara vez se prolongan más de un año, excepto
en personas de edad avanzada. Ambos tipos de episodios sobrevienen a menudo a
raíz de acontecimientos estresantes u otros traumas psicológicos, aunque su
presencia o ausencia no es esencial para el diagnóstico. El primer episodio
puede presentarse a cualquier edad, desde la infancia hasta la senectud. La
frecuencia de los episodios y la forma de las recaídas y remisiones pueden ser
muy variables, aunque las remisiones tienden a ser más cortas y las depresiones
más frecuentes y prolongadas al sobrepasar la edad media de la vida.
Incluye:
Trastorno maníaco-depresivo.
Psicosis maníaco-depresiva.
Reacción maníaco-depresiva.
Excluye:
Trastorno bipolar, episodio maníaco (F30.-).
Ciclotimia (F34.0).
F31.0 Trastorno bipolar, episodio actual hipomaníaco
Pautas para el
diagnóstico
a)
El episodio actual satisfaga las pautas de hipomanía (F30.0).
b) Se haya presentado al menos otro episodio hipomaníaco, maníaco,
depresivo o mixto en el pasado.
F31.1 Trastorno bipolar, episodio actual maníaco sin síntomas psicóticos
Pautas para el
diagnóstico
a) El episodio
actual satisfaga las pautas 'de manía sin síntomas psicóticos (F30.1).
b) Se haya presentado al menos otro episodio hipomaníaco, maníaco, depresivo o
mixto en el pasado.
F31.2 Trastorno bipolar, episodio actual maníaco con síntomas psicóticos
Pautas para el
diagnóstico
a)
El episodio actual satisfaga las pautas de manía con síntomas psicóticos
(F30.2).
b) Se haya presentado al menos otro episodio hipomaníaco, maníaco,
depresivo o mixto en el pasado.
F31.3 Trastorno bipolar, episodio actual depresivo leve o moderado
Pautas para el
diagnóstico
a)
El episodio actual satisfaga las pautas de episodio depresivo leve (F32.0) o
moderado (F32.1).
b) Se haya presentado al menos otro episodio hipomaníaco, maníaco,
depresivo o mixto en el pasado.
Se puede utilizar
un quinto carácter para especificar la presencia o ausencia de síntomas
somáticos en el episodio depresivo actual:
F31.30 Sin síndrome somático.
F31.31 Con síndrome somático.
F31.4 Trastorno bipolar, episodio actual depresivo grave sin síntomas psicóticos
Pautas para el
diagnóstico
a)
El episodio actual satisfaga las pautas de episodio depresivo grave sin síntomas
psicóticos (F32.2).
b) Se haya presentado al menos otro episodio hipomaníaco, maníaco,
depresivo o mixto en el pasado.
F31.5 Trastorno bipolar, episodio actual depresivo grave con síntomas psicóticos
Pautas para el
diagnóstico
a)
El episodio actual satisfaga las pautas de episodio depresivo grave con síntomas
psicóticos (F32.3).
b) Se haya presentado al menos otro episodio hipomaníaco, maníaco,
depresivo o mixto en el pasado.
F31.6 Trastorno bipolar, episodio actual mixto
El enfermo ha
padecido en el pasado por lo menos un episodio hipomaníaco, maníaco o mixto y en
la actualidad presenta una mezcla o una sucesión rápida de síntomas maníacos,
hipomaníacos y depresivos.
Pautas para el
diagnóstico
Alternancia de los
episodios maníacos y depresivos, separados por períodos de estado de ánimo
normal, aunque no es raro encontrar un estado de humor depresivo se acompañe
durante días o semanas de hiperactividad y logorrea o que un humor maníaco e
ideas de grandeza se acompañe de agitación y pérdida de la vitalidad y de la
libido. Los síntomas maníacos y depresivos pueden también alternar rápidamente,
de día en día o incluso de hora en hora. El diagnóstico de trastorno bipolar
mixto sólo deberá hacerse si ambos tipos de síntomas, depresivos y maníacos, son
igualmente destacados durante la mayor parte del episodio actual de enfermedad,
que debe durar como mínimo dos semanas.
Excluye: Episodio
afectivo mixto aislado (F38.0).
F31.7 Trastorno bipolar, actualmente en remisión
El enfermo ha
padecido al menos un episodio maníaco, hipomaníaco o mixto en el pasado y por lo
menos otro episodio maníaco, hipomaníaco, depresivo o mixto, pero en la
actualidad no sufre ninguna alteración significativa del estado de ánimo ni la
ha sufrido en varios meses. No obstante, puede estar recibiendo tratamiento para
reducir el riesgo de que se presenten futuros episodios.
F31.8 Otros trastornos bipolares
Incluye:
Trastorno bipolar de tipo II.
Episodios maníacos recurrentes.
F31.9 Trastorno
bipolar sin especificación
F32
Episodios depresivos
En los episodios
depresivos típicos el enfermo que las padece sufre un humor depresivo, una
pérdida de la capacidad de interesarse y disfrutar de las cosas, una disminución
de su vitalidad que lleva a una reducción de su nivel de actividad y a un
cansancio exagerado, que aparece incluso tras un esfuerzo mínimo. También son
manifestaciones de los episodios depresivos:
a)
La disminución de la atención y concentración.
b) La pérdida de la confianza en sí mismo y sentimientos de inferioridad.
c) Las ideas de culpa y de ser inútil (incluso en las episodios leves).
d) Una perspectiva sombría del futuro.
e) Los pensamientos y actos suicidas o de autoagresiones.
f) Los trastornos del sueño.
g) La pérdida del apetito.
La depresión del
estado de ánimo varía escasamente de un día para otro y no suele responder a
cambios ambientales, aunque puede presentar variaciones circadianas
características. La presentación clínica puede ser distinta en cada episodio y
en cada individuo. Las formas atípicas son particularmente frecuentes en la
adolescencia. En algunos casos, la ansiedad, el malestar y la agitación
psicomotriz pueden predominar sobre la depresión. La alteración del estado de
ánimo puede estar enmascarada por otros síntomas, tales como irritabilidad,
consumo excesivo de alcohol, comportamiento histriónico, exacerbación de fobias
o síntomas obsesivos preexistentes o por preocupaciones hipocondriacas. Para el
diagnóstico de episodio depresivo de cualquiera de los tres niveles de gravedad
habitualmente se requiere una duración de al menos dos semanas, aunque períodos
más cortos pueden ser aceptados si los síntomas son excepcionalmente graves o de
comienzo brusco.
Alguno de los
síntomas anteriores pueden ser muy destacados y adquirir un significado clínico
especial. Los ejemplos más típicos de estos síntomas "somáticos" (ver
Introducción, página 143) son: Pérdida del interés o de la capacidad de
disfrutar de actividades que anteriormente eran placenteras. Pérdida de
reactividad emocional a acontecimientos y circunstancias ambientales
placenteras. Despertarse por la mañana dos o más horas antes de lo habitual.
Empeoramiento matutino del humor depresivo. Presencia objetiva de inhibición o
agitación psicomotrices claras (observadas o referidas por terceras personas).
Pérdida marcada de apetito. Pérdida de peso (del orden del 5 % o más del peso
corporal en el último mes). Pérdida marcada de la libido. Este síndrome somático
habitualmente no se considera presente al menos que cuatro o más de las
anteriores características estén definitivamente presentes.
Incluye:
Episodios aislados de reacción depresiva.
Depresión psicógena (F32.0, F32.1 ó F32.2).
Depresión reactiva (F32.0, F32.1 ó F32.2).
Depresión mayor (sin síntomas psicóticos).
F32.0 Episodio depresivo leve
Pautas para el
diagnóstico
Ánimo depresivo, la
pérdida de interés y de la capacidad de disfrutar, y el aumento de la
fatigabilidad suelen considerarse como los síntomas más típicos de la depresión,
y al menos dos de estos tres deben estar presentes para hacer un diagnóstico
definitivo, además de al menos dos del resto de los síntomas enumerados
anteriormente (en F32.-, página 152). Ninguno de los síntomas debe estar
presente en un grado intenso. El episodio depresivo debe durar al menos dos
semanas.
Un enfermo con un
episodio depresivo leve, suele encontrarse afectado por los síntomas y tiene
alguna dificultad para llevar a cabo su actividad laboral y social, aunque es
probable que no las deje por completo.
Se puede utilizar
un quinto carácter para especificar la presencia de síntomas somáticos:
F32.00 Sin síndrome somático
Se satisfacen totalmente las pautas de episodio depresivo leve y están presentes
pocos síndrome somático o ninguno.
F32.01 Con síndrome somático
Se satisfacen las pautas de episodio depresivo leve y también están presentes
cuatro o más de los síndrome somático (si están presentes sólo dos o tres, pero
son de una gravedad excepcional, puede estar justificado utilizar esta
categoría).
F32.1 Episodio depresivo moderado
Pautas para el
diagnóstico
Deben estar
presentes al menos dos de los tres síntomas más típicos descritos para episodio
depresivo leve (F32.0) así como al menos tres (y preferiblemente cuatro) de los
demás síntomas. Es probable que varios de los síntomas se presenten en grado
intenso, aunque esto no es esencial si son muchos los síntomas presentes. El
episodio depresivo debe durar al menos dos semanas.
Un enfermo con un
episodio depresivo moderado suele tener grandes dificultades para poder
continuar desarrollando su actividad social, laboral o doméstica.
Se puede utilizar
un quinto carácter para especificar la presencia de síndrome somático:
F32.10 Sin síndrome somático
Se satisfacen totalmente las pautas de episodio depresivo moderado y no están
presentes síndromes somáticos.
F32.11 Con síndrome somático
Se satisfacen totalmente las pautas de episodio depresivo moderado y están
también presentes cuatro o más de los síndrome somático (si están presentes sólo
dos o tres pero son de una gravedad excepcional, puede estar justificado
utilizar esta categoría).
F32.2 Episodio depresivo grave sin síntomas psicóticos
Durante un episodio
depresivo grave, el enfermo suele presentar una considerable angustia o
agitación, a menos que la inhibición sea una característica marcada. Es probable
que la pérdida de estimación de sí mismo, los sentimientos de inutilidad o de
culpa sean importantes, y el riesgo de suicidio es importante en los casos
particularmente graves. Se presupone que los síntomas somáticos están presentes
casi siempre durante un episodio depresivo grave.
Pautas para el
diagnóstico
Deben estar
presentes los tres síntomas típicos del episodio depresivo leve y moderado, y
además por lo menos cuatro de los demás síntomas, los cuales deben ser de
intensidad grave. Sin embargo, si están presentes síntomas importantes como la
agitación o la inhibición psicomotrices, el enfermo puede estar poco dispuesto o
ser incapaz de describir muchos síntomas con detalle. En estos casos está
justificada una evaluación global de la gravedad del episodio. El episodio
depresivo debe durar normalmente al menos dos semanas, pero si los síntomas son
particularmente graves y de inicio muy rápido puede estar justificado hacer el
diagnóstico con una duración menor de dos semanas.
Durante un episodio
depresivo grave no es probable que el enfermo sea capaz de continuar con su
actividad laboral, social o doméstica más allá de un grado muy limitado.
Incluye:
Episodios depresivos aislados de depresión agitada.
Melancolía.
Depresión vital sin síntoma psicóticos.
F32.3 Episodio depresivo grave con síntomas psicóticos
Episodio depresivo
grave que satisface las pautas establecidas en F32.2, y en el cual están
presentes además ideas delirantes, alucinaciones o estupor depresivo. Las ideas
delirantes suelen incluir temas de pecado, de ruina o de catástrofes inminentes
de los que el enfermo se siente responsable. Las alucinaciones auditivas u
olfatorias suelen ser en forma de voces difamatorias o acusatorias o de olores a
podrido o carne en descomposición. La inhibición psicomotriz grave puede
progresar hasta el estupor. Las alucinaciones o ideas delirantes pueden
especificarse como congruentes o no congruentes con el estado de ánimo (ver
F30.2).
Incluye: Episodios
aislados de:
Depresión mayor con síntomas psicóticos.
Depresión psicótica.
Psicosis depresiva psicógena.
Psicosis depresiva reactiva.
F32.8 Otros episodios depresivos
Episodios que no
reúnan las características de los episodios depresivos señalados en F32.0-F32.3,
pero que por la impresión diagnóstica de conjunto indican que son de naturaleza
depresiva. Por ejemplo, mezclas fluctuantes de síntomas depresivos
(especialmente de la variedad somática) con otro; síntomas como tensión,
preocupación, malestar o mezclas de síntomas depresivos somáticos con dolor
persistente o cansancio no debido a causas orgánicas (como los que se observan
en ocasiones en los servicios de interconsulta de hospitales generales).
Incluye:
Depresión atípica.
Episodios aislados de depresión "enmascarada" sin especificación.
F32.9 Episodio depresivo sin especificación
Incluye:
Depresión sin especificación.
Trastorno depresivo sin especificación.
F33
Trastorno depresivo recurrente
Trastorno que se
caracteriza por la aparición de episodios repetidos de depresión, que pueden
presentar los rasgos de episodio depresivo leve (F32.0), moderado (F32.1) o
grave (F32.2 y F32.3), pero sin antecedentes de episodios aislados de exaltación
del estado de ánimo o aumento de la vitalidad suficientes para satisfacer las
pautas de manía F30.1 y F30.2. No obstante, pueden haberse presentado episodios
breves de elevación ligera del estado de ánimo o hiperactividad (que satisface
las pautas de hipomanía F30.0) inmediatamente después de un episodio depresivo,
a veces precipitados por el tratamiento antidepresivo. La edad de comienzo y la
gravedad, duración y frecuencia de los episodios depresivos pueden ser muy
variables. En general, el primer episodio se presenta más tarde que en el
trastorno bipolar, situándose la edad media de comienzo en la quinta década de
vida. Los episodios también suelen tener una duración de tres a doce meses
(duración media de seis meses), pero las recaídas son menos frecuentes. La
recuperación suele ser completa; un pequeño número de enfermos queda
crónicamente deprimido, en especial si se trata de personas de edad avanzada (en
estos casos ha de utilizarse también esta categoría). A menudo acontecimientos
vitales estresantes son capaces de precipitar episodios aislados con
independencia de su gravedad y en muchas culturas son dos veces más frecuentes
en las mujeres que en los varones, tanto los episodios aislados como cuando se
trata de depresiones persistentes.
Incluye:
Episodios recurrentes de: Reacción depresiva.
Depresión psicógena.
Depresión reactiva.
Trastorno afectivo estacional (F33.0 o F33.1).
Episodios recurrentes de: Depresión endógena.
Depresión mayor.
Psicosis maniaco-depresiva (de tipo depresivo).
Depresión psicótica psicógena o reactiva. Depresión psicótica.
Depresión vital (F33.2 o F33.3).
Excluye:
Episodios depresivos breves recurrentes (F38.1).
F33.0 Trastorno depresivo recurrente, episodio actual leve
Pautas para el
diagnóstico
a)
deben satisfacerse todas las pautas de trastorno depresivo recurrente (F33) y el
episodio actual debe satisfacer las pautas para episodio depresivo leve
(F32.0).
b) Además, por lo menos dos episodios deben haber durado un mínimo de dos
semanas y entre ellos debe haber un intervalo libre de alteración significativa
del humor de varios meses de duración.
Puede utilizarse un
quinto carácter para especificar la presencia de síntomas somáticos en el
episodio actual:
F33.00 Sin síndrome somático (ver F32.00)
F33.01 Con síndrome somático (ver F32.01)
Puede especificarse, si es preciso, el tipo predominante de los episodios
previos (leve, moderado, grave, incierto).
F33.1 Trastorno depresivo recurrente, episodio actual moderado
Pautas para el
diagnóstico
a)
deben satisfacerse todas las pautas de trastorno depresivo recurrente (F33) y el
episodio actual debe satisfacer las pautas para episodio depresivo moderado
(F32.1).
b) Además, por lo menos dos episodios deben haber durado un mínimo de dos
semanas y deben haber estado separados por un período de varios meses libres de
alteración significativa del humor.
Puede utilizarse un
quinto carácter para especificar la presencia de síntomas somáticos en el
episodio actual:
F33.10 Sin síndrome somático (ver F32.10)
F33.11 Con síndrome somático (ver F32.11)
Puede especificarse, si es preciso, el tipo predominante de los episodios
previos (leve, moderado, grave, incierto).
F33.2 Trastorno depresivo recurrente, episodio actual grave sin síntomas
psicóticos
Pautas para el
diagnóstico
a)
deben satisfacerse todas las pautas de trastorno depresivo recurrente (F33.-) y
el episodio actual debe satisfacer las pautas para episodio depresivo grave sin
síntomas psicóticos (F32.2).
b) Además, por lo menos dos episodios deben haber durado un mínimo de dos
semanas y deben haber estado separados por un período de varios meses i libres
de alteración significativa del humor.
F33.3 Trastorno depresivo recurrente, episodio actual grave con síntomas
psicóticos
Pautas para el
diagnóstico
a)
deben satisfacerse todas las pautas de trastorno depresivo recurrente (F33.-) y
el episodio actual debe satisfacer las pautas para episodio depresivo grave con
síntoma psicóticos (F32.3).
b) Además, por lo menos dos episodios deben haber durado un mínimo de dos
semanas y deben haber estado separados por un período de varios meses libres de
alteración significativa del humor.
F33.4 Trastorno depresivo recurrente actualmente en remisión
Pautas para el
diagnóstico
a)
en el pasado debieron satisfacerse todas las pautas de trastorno depresivo
recurrente (F33.-), pero el estado actual no satisface las pautas para episodio
depresivo de cualquier gravedad, o para cualquier otro trastorno de F30-39.
b) Además, por lo menos dos episodios deben haber durado un mínimo de dos
semanas y deben haber estado separados por un período de varios meses libres de
alteración significativa del humor.
F33.8 Otros trastornos depresivos recurrentes
F33.9 Trastorno depresivo recurrente sin especificación
Incluye: Depresión monopolar sin especificación.
F34
Trastornos del humor (afectivos) persistentes
Trastornos
persistentes del estado de ánimo, que suelen ser de intensidad fluctuante, en
los que los episodios aislados son rara vez los suficientemente intensos como
para ser descritos como hipomaníacos o incluso como episodios depresivos leves.
Dado que duran años y en algunos casos la mayor parte de la vida adulta del
enfermo, suelen acarrear un considerable malestar y una serie de incapacidades.
En algunos casos, sin embargo, episodios recurrentes o aislados de manía o de
depresión, leve o grave, pueden superponerse a un trastorno afectivo
persistente. Los trastornos afectivos persistentes se clasifican en esta sección
en vez de con los trastornos de personalidad, porque estudios familiares han
demostrado que existe una relación genética con los trastornos del humor
(afectivos) y porque a veces responden a los mismos tratamientos que éstos. Se
han descrito variedades de comienzo precoz y tardío de ciclotimia.
F34.0 Ciclotimia
Trastorno
caracterizado por una inestabilidad persistente del estado de ánimo, que implica
la existencia de muchos períodos de depresión y de euforia leves. Esta
inestabilidad aparece por lo general al inicio de la edad adulta y sigue un
curso crónico, aunque a veces el estado de ánimo permanece normal y estable
durante meses seguidos. El enfermo no percibe relación alguna entre las
oscilaciones del humor y los acontecimientos vitales. Las oscilaciones del ánimo
son relativamente leves y los períodos de euforia pueden ser muy agradables, la
ciclotimia pasa frecuentemente desapercibida a la atención médica. Esto puede
deberse, en algunos casos, a que los cambios del estado de ánimo son menos
evidentes que los cambios cíclicos en el nivel de actividad, la confianza en sí
mismo, la sociabilidad o las apetencias. Si fuere necesario, puede especificarse
si el comienzo es precoz (tuvo lugar durante la adolescencia o la tercera década
de la vida) o tardío.
Pautas para el
diagnóstico
Inestabilidad
persistente del estado de ánimo, lo que trae consigo un gran número de episodios
de depresión y euforia leves, ninguno de los cuales ha sido lo suficientemente
intenso y duradero como para satisfacer las pautas de diagnóstico y la
descripción de un trastorno bipolar (F31.-) o un trastorno depresivo recurrente
(F33.-). Esto implica que los episodios aislados de oscilación del humor que no
satisfacen las pautas para ninguna de las categorías descritas en episodio
maníaco (F30.-) o episodio depresivo (F32.).
Incluye:
Trastorno de personalidad afectiva.
Personalidad cicloide.
Personalidad ciclotímica.
F34.1 Distimia
Depresión crónica
del estado de ánimo que no se corresponde con la descripción o las pautas para
el diagnóstico de un trastorno depresivo recurrente, episodio actual leve o
moderado (F33.0, F33.1), por su gravedad o por la duración de los episodios
(aunque pueden haberse satisfecho las pautas para un episodio depresivo leve en
el pasado, en especial al inicio del trastorno). La proporción entre las fases
recortadas de depresión leve y los períodos intermedios de comparativa
normalidad es muy variable. Los enfermos tienen a menudo días o semanas en los
que refieren encontrarse bien, pero durante la mayor parte del tiempo
(frecuentemente durante meses seguidos) se sienten cansados y deprimidos, todo
les supone un esfuerzo y nada les satisface. Están meditabundos y quejumbrosos,
duermen mal y se sienten incapaces de todo, aunque normalmente pueden hacer
frente a las demandas básicas de la vida cotidiana. La distimia, por lo tanto,
tiene mucho en común con los conceptos de neurosis depresiva y depresión
neurótica. Si fuere necesario, puede especificarse si el comienzo es precoz
(tuvo lugar durante la adolescencia o la tercera década de la vida) o tardío.
Pautas para el
diagnóstico
Depresión
prolongada de estado de ánimo que nunca, o muy rara vez, es lo suficientemente
intensa como para satisfacer las pautas para trastorno depresivo recurrente,
episodio actual leve o moderado (F33.0, F33.1). Suele comenzar al iniciarse la
edad adulta y evoluciona a lo largo de varios años, o bien es de duración
indefinida. Cuando el comienzo es más tardío, suele ser la consecuencia de un
episodio depresivo aislado (F32.-) o asociarse a pérdidas de seres queridos u
otros factores estresantes manifiestos.
Incluye:
Depresión ansiosa persistente.
Neurosis depresiva.
Trastorno de personalidad depresiva.
Depresión neurótica (de más de dos años de duración).
Excluye:
Depresión ansiosa leve o no persistente (F41.2).
Reacción de duelo de menos de dos años de duración (F43.21, reacción depresiva
prolongada).
Esquizofrenia residual (F20.5).
F34.8 Otros trastornos del humor (afectivos) persistentes
Categoría residual
para aquellos trastornos del humor (afectivos) persistentes que no son lo
suficientemente graves o duraderos como para satisfacer las pautas de ciclotimia
(F34.0) o distimia (F34.1) pero que sin embargo son clínicamente significativos.
F34.9 Trastorno del humor (afectivo) persistente sin especificación
F38
Otros trastornos del humor (afectivos)
F38.0 Otros episodios de trastorno del humor (afectivos) aislados
F38.00 Episodio de trastorno del humor (afectivo) mixto
Episodios de
alteraciones del humor (afectivas) que duran al menos dos semanas, caracterizado
por una mezcla o una alternancia rápida (por lo general de pocas horas) de
síntomas hipomaníacos, maníacos o depresivos.
F38.1 Otros trastornos del humor (afectivos) recurrentes
F38.10 Trastorno depresivo breve recurrente
Durante el año
anterior se han presentado cada mes episodios depresivos recurrentes breves.
Todos los episodios depresivos aislados duran menos de dos semanas (típicamente
dos o tres días, con recuperación completa), pero satisfacen las pautas
sintomáticas de episodio depresivo leve, moderado o grave (F32.0, F32.1, F32.2).
F38.8 Otros trastornos del humor (afectivos) especificados
Categoría residual
para episodios simples que no satisfacen las pautas ninguna otra de las
categorías F30 a F38.1.
F39
Trastorno del humor (afectivo) sin especificación
Incluye: Psicosis
afectiva sin especificación.
Excluye: Trastorno mental sin especificación (F99).
F40-49 Trastornos neuróticos, secundarios a situaciones estresantes y
somatomorfos
Las formas más
leves de estos trastornos se ven principalmente en asistencia primaria y en
ellas son frecuentes las mezclas de síntomas (la coexistencia de angustia y
depresión es, con mucho, la más frecuente). Aunque es necesario decidir en cada
caso cuál es el síndrome que predomina, existe una categoría para aquellos casos
en los cuales la mezcla de angustia y depresión haría artificial forzar la
decisión (F41.2).
F40
Trastornos de ansiedad fóbica
Trastornos la
ansiedad que se ponen en marcha exclusiva o predominantemente en ciertas
situaciones bien definidas o frente a objetos (externos al enfermo) que no son
en sí mismos generalmente peligrosos. En consecuencia, éstos se evitan de un
modo específico o si acaso son afrontados con temor. La ansiedad fóbica no se
diferencia, ni vivencial, ni comportamental, ni fisiológicamente, de otros tipos
de ansiedad y su gravedad puede variar desde una ligera intranquilidad hasta el
terror pánico. La preocupación del enfermo puede centrarse en síntomas aislados
tales como palpitaciones o sensación de desvanecimiento y a menudo se acompaña
de miedos secundarios a morirse, a perder el control o a volverse loco. La
ansiedad no se alivia por saber que otras personas no consideran dicha situación
como peligrosa o amenazante. Por lo general, el imaginar la situación fóbica
desencadena una ansiedad anticipatoria.
Al adoptar el
criterio de que el objeto y la situación fóbicos son externos al enfermo muchos
de los temores referidos a la presencia de enfermedades (nosofobia) o a estar
desfigurado (dismorfofobia), se clasifican en el epígrafe trastorno
hipocondriaco (F45.2). Sin embargo, si el temor a enfermar es consecuencia de un
miedo dominante y repetido al posible contagio de una infección o a una
contaminación, o es simplemente el miedo a intervenciones (inyecciones,
intervenciones quirúrgicas, etc.) o a lugares de asistencia (consulta del
dentista, hospitales, etc.) médicas, debe escogerse una de las categorías de
esta sección F40.- (por lo general F40.2, fobia específica).
La mayor parte de
los trastornos fóbicos son más frecuentes en las mujeres que en los varones.
F40.0 Agorafobia
El término
"agorafobia" se utiliza aquí con un sentido más amplio que el original y que el
utilizado aún en algunos países. Se incluyen en él no sólo los temores a lugares
abiertos, sino también otros relacionados con ellos, como temores a las
multitudes y a la dificultad para poder escapar inmediatamente a un lugar seguro
(por lo general el hogar). El término abarca un conjunto de fobias relacionadas
entre sí, a veces solapadas, entre ellos temores a salir del hogar, a entrar en
tiendas o almacenes, a las multitudes, a los lugares públicos y a viajar solo en
trenes, autobuses o aviones. Aunque la gravedad de la ansiedad y la intensidad
de la conducta de evitación son variables, éste es el más incapacitante de los
trastornos fóbicos y algunos individuos llegan a quedar completamente confinados
en su casa. A muchos enfermos les aterra pensar en la posibilidad de poder
desmayarse o quedarse solos, sin ayuda, en público. La vivencia de la falta de
una salida inmediata es uno de los rasgos clave de muchas de las situaciones que
inducen la agorafobia. La mayor parte de los afectados son mujeres y el
trastorno comienza en general al principio de la vida adulta. Están presentes a
menudo síntomas depresivos y obsesivos y fobias sociales, pero no predominan en
el cuadro clínico. En ausencia de un tratamiento efectivo la agorafobia suele
cronificarse, aunque su intensidad puede ser fluctuante.
Pautas para el
diagnóstico
a)
Los síntomas, psicológicos o vegetativos, son manifestaciones primarias de
ansiedad y no secundarias a otros síntomas, como por ejemplo ideas delirantes u
obsesivas.
b) Esta ansiedad se limita o predomina en al menos dos de las siguientes
situaciones: multitudes, lugares públicos, viajar lejos de casa o viajar solo.
c) La evitación de la situación fóbica es, o ha sido, una característica
destacada.
La presencia o
ausencia de trastorno de pánico (F41.0) en la situación que induce la agorafobia
en la mayoría de los casos puede ser recogida mediante un quinto carácter:
F40.00 Sin trastorno de pánico
F40.01 Con trastorno de pánico
Incluye: Trastorno
de pánico con agorafobia.
F40.1 Fobias sociales
Las fobias sociales
suelen comenzar en la adolescencia y giran en torno al miedo a ser enjuiciado
por otras personas en el seno de un grupo comparativamente pequeño (a diferencia
de las multitudes) y suelen llevar a evitar situaciones sociales determinadas.
Al contrario que la mayoría de las fobias, las fobias sociales se presentan con
igual frecuencia en varones y en mujeres. Algunas de las fobias sociales son
restringidas (por ejemplo, a comer en público, a hablar en público o a
encuentros con el sexo contrario), otras son difusas y abarcan casi todas las
situaciones sociales fuera del círculo familiar. El temor a vomitar en público
puede ser importante. El contacto visual directo puede ser particularmente
molesto en determinadas culturas. Las fobias sociales suelen acompañarse de una
baja estimación de sí mismo y de miedo a las críticas. Puede manifestarse como
preocupación a ruborizarse, a tener temblor de manos, nauseas o necesidad
imperiosa de micción y a veces la persona está convencida de que el problema
primario es alguna de estas manifestaciones secundarias de su ansiedad. Los
síntomas pueden desembocar en crisis de pánico. La conducta de evitación suele
ser intensa y en los casos extremos puede llevar a un aislamiento social casi
absoluto.
Pautas para el
diagnóstico
a)
Los síntomas psicológicos, comportamentales o vegetativos, son manifestaciones
primarias de la ansiedad y no secundarias a otros síntomas como por ejemplo
ideas delirantes u obsesivas.
b) Esta ansiedad se limita o predomina en situaciones sociales concretas
y determinadas.
c) La situación fóbica es evitada, cuando ello es posible.
Incluye:
Antropofobia.
Neurosis social.
F40.2 Fobias específicas (aisladas)
Fobias restringidas
a situaciones muy específicas tales como a la proximidad de animales
determinados, las alturas, los truenos, la oscuridad, a viajar en avión, a los
espacios cerrados, a tener que utilizar urinarios públicos, a ingerir ciertos
alimentos, a acudir al dentista, a la visión de sangre o de heridas o al
contagio de enfermedades concretas. Aunque la situación desencadenante sea muy
específica y concreta, su presencia puede producir pánico como en la agorafobia
y en las fobias sociales. Las fobias específicas suelen presentarse por primera
vez en la infancia o al comienzo de la vida adulta y, si no son tratadas, pueden
persistir durante décadas. El grado de incapacidad que producen depende de lo
fácil que sea para el enfermo evitar la situación fóbica. El temor a la
situación fóbica tiende a ser estable, al contrario de lo que sucede en la
agorafobia. Son ejemplos de objetos fóbicos el temor a las radiaciones, a las
infecciones venéreas y más recientemente al sida.
Pautas para el
diagnóstico
a)
Los síntomas, psicológicos o vegetativos, son manifestaciones primarias de la
ansiedad y no secundarias a otros síntomas como, por ejemplo, ideas delirantes u
obsesivas.
b) Esta ansiedad se limita a la presencia de objetos o situaciones
fóbicas específicos.
c) Estas situaciones son evitadas, en la medida de lo posible.
Incluye:
Zoofobias.
Claustrofobia.
Acrofobia.
Fobia a los exámenes.
Fobia simple.
F40.8 Otros trastornos de ansiedad fóbica
F40.9 Trastorno de ansiedad fóbica sin especificación
Incluye:
Fobia sin especificación.
Estado fóbico sin especificar.
F41
Otros trastornos de ansiedad
El síntoma
principal de estos trastornos es la presencia de una ansiedad, que no se limita
a ninguna situación ambiental en particular. También pueden presentarse síntomas
depresivos y obsesivos, e incluso algunos elementos de ansiedad fóbica, con tal
de que éstos sean claramente secundarios o menos graves.
F41.0 Trastorno de pánico (ansiedad paroxística episódica)
Su característica
esencial es la presencia de crisis recurrentes de ansiedad grave (pánico) no
limitadas a ninguna situación o conjunto de circunstancias particulares. Son por
tanto imprevisibles. Como en otros trastornos de ansiedad, los síntomas
predominantes varían de un caso a otro, pero es frecuente la aparición repentina
de palpitaciones, dolor precordial, sensación de asfixia, mareo o vértigo y
sensación de irrealidad (despersonalización o desrealización). Casi
constantemente hay un temor secundario a morirse, a perder el control o a
enloquecer. Cada crisis suele durar sólo unos minutos, pero también puede
persistir más tiempo. Tanto la frecuencia como el curso del trastorno, que
predomina en mujeres, son bastante variables. A menudo el miedo y los síntomas
vegetativos del ataque van creciendo de tal manera que los que los padecen
terminan por salir, escapar, de donde se encuentran. Si esto tiene lugar en una
situación concreta, por ejemplo, en un autobús o en una multitud, como
consecuencia el enfermo puede en el futuro tratar de evitar esa situación. Del
mismo modo, frecuentes e imprevisibles ataques de pánico llevan a tener miedo a
estar sólo o a ir a sitios públicos. Un ataque de pánico a menudo se sigue de un
miedo persistente a tener otro ataque de pánico.
Pautas para el
diagnóstico
Las crisis de
pánico que se presentan en una situación fóbica consolidada se consideran
expresión de la gravedad de la fobia y ésta tiene preferencia para el
diagnóstico. El trastorno de pánico es el diagnóstico principal sólo en ausencia
de cualquiera de las fobias de F40.-.
Para un diagnóstico
definitivo deben de presentarse varios ataques graves de ansiedad vegetativa al
menos durante el período de un mes:
a)
En circunstancias en las que no hay un peligro objetivo.
b) No deben presentarse sólo en situaciones conocidas o previsibles.
c) En el período entre las crisis el individuo debe además estar
relativamente libre de ansiedad aunque es frecuente la ansiedad anticipatoria
leve.
Incluye:
Ataques de pánico.
Estados de pánico.
F41.1 Trastorno de ansiedad generalizada
La característica
esencial de este trastorno es una ansiedad generalizada y persistente, que no
está limitada y ni siquiera predomina en ninguna circunstancia ambiental en
particular (es decir, se trata de una "angustia libre flotante"). Como en el
caso de otros trastornos de ansiedad los síntomas predominantes son muy
variables, pero lo más frecuente son quejas de sentirse constantemente nervioso,
con temblores, tensión muscular, sudo-ración, mareos, palpitaciones, vértigos y
molestias epigástricas. A menudo se ponen de manifiesto temores a que uno mismo
o Un familiar vaya a caer enfermo o a tener un accidente, junto con otras
preocupaciones y presentimientos muy diversos. Este trastorno es más frecuente
en mujeres y está a menudo relacionado con estrés ambiental crónico. Su curso es
variable, pero tiende á ser fluctuante y crónico.
Pautas para el
diagnóstico
El afectado debe
tener síntomas de ansiedad la mayor parte de los días durante al menos varias
semanas seguidas. Entre ellos deben estar presentes rasgos de:
a)
Aprensión (preocupaciones acerca de calamidades venideras, sentirse "al límite",
dificultades de concentración, etc.).
b) Tensión muscular (agitación e inquietud psicomotrices, cefaleas de
tensión, temblores, incapacidad de relajarse).
c) Hiperactividad vegetativa (mareos, sudoración, taquicardia o taquipnea,
molestias epigástricas, vértigo, sequedad de boca, etc.).
En los niños suelen
ser llamativas la necesidad constante de seguridad y las quejas somáticas
recurrentes.
La presencia transitoria (durante pocos días seguidos) de otros síntomas, en
particular de depresión, no descarta un diagnóstico principal de trastorno de
ansiedad generalizada, pero no deben satisfacerse las pautas de episodio
depresivo (F32.-), trastorno de ansiedad fóbica (F40.-), trastorno de pánico
(F41.0) o trastorno obsesivo-compulsivo (F42.-).
Incluye:
Estado de ansiedad.
Neurosis de ansiedad. Reacción de ansiedad.
Excluye:
Neurastenia (F48.0).
F41.2 Trastorno mixto ansioso-depresivo
Están presentes
síntomas de ansiedad y de depresión, pero ninguno de ellos predomina claramente
ni tiene la intensidad suficiente como para justificar un diagnóstico por
separado. Una ansiedad grave, acompañada de depresión de intensidad más leve
hace que deba utilizarse cualquiera de las categorías de trastorno de ansiedad o
de ansiedad fóbica. Cuando ambas series de síntomas, depresivos y ansiosos,
estén presentes y sean tan graves como para justificar un diagnóstico individual
deben recogerse ambos trastornos y no debería usarse esta categoría. Si por
razones prácticas de codificación sólo puede hacerse un diagnóstico, debe darse
prioridad al de depresión. Algunos síntomas vegetativos (temblor, palpitaciones,
sequedad de boca, molestias epigástricas, etc.) deben estar presentes aunque
sólo sea de un modo intermitente. No debe utilizarse esta categoría si sólo
aparecen preocupaciones respecto a estos síntomas vegetativos. Si síntomas que
satisfacen las pautas de este trastorno se presentan estrechamente relacionados
con cambios biográficos significativos o acontecimientos vitales estresantes,
debe utilizarse la categoría F43.2, trastornos de adaptación.
Este tipo de
enfermos con una mezcla de síntomas comparativamente leves se ve con frecuencia
en atención primaria y su prevalencia es aún mayor en la población general, pero
la mayoría de los afectados rara vez demandan cuidados médicos o psiquiátricos.
Incluye: Depresión
ansiosa (leve o no persistente).
Excluye: Depresión
ansiosa persistente (distimia F34.1).
F41.3 Otros trastornos mixtos de ansiedad
Trastornos en los
que se satisfagan las pautas de trastorno de ansiedad generalizada (F41.1), y
que tengan además características destacadas (a menudo de corta duración) de
otros trastornos de F40-F48, aunque no se satisfagan las pautas completas de
este trastorno adicional. Los ejemplos más frecuentes son: trastorno
obsesivo-compulsivo (F42.-); trastornos disociativos (F44.-); trastornos de
somatización (F45.0); trastorno somatomorfo indiferenciado (F45.1) y trastorno
hipocondriaco (F45.2). Si los síntomas que satisfacen las pautas de este
trastorno aparecen en estrecha asociación con cambios significativos de la vida
o acontecimientos vitales estresantes entonces se utiliza la categoría F43.2,
trastornos de adaptación.
F41.8 Otros trastornos de ansiedad especificados
Incluye: Ansiedad
histérica.
F41.9 Trastorno de ansiedad sin especificación
Incluye: Ansiedad sin especificación.
F42
Trastorno obsesivo-compulsivo
La característica
esencial de este trastorno es la presencia de pensamientos obsesivos o actos
compulsivos recurrentes. Los pensamientos obsesivos son ideas, imágenes o
impulsos mentales que irrumpen una y otra vez en la actividad mental del
individuo, de una forma estereotipada. Suelen ser siempre desagradables (por su
contenido violento u obsceno, o simplemente porque son percibidos como carentes
de sentido) y el que los padece suele intentar, por lo general sin éxito,
resistirse a ellos. Son, sin embargo, percibidos como pensamientos propios, a
pesar de que son involuntarios y a menudo repulsivos. Los actos o rituales
compulsivos son formas de conducta estereotipadas que se repiten una y otra vez.
No son por sí mismos placenteros, ni dan lugar a actividades útiles por sí
mismas. Para el enfermo tienen la función de prevenir que tenga lugar algún
hecho objetivamente improbable. Suele tratarse de rituales para conjurar el que
uno mismo reciba daño de alguien o se lo pueda producir a otros. A menudo,
aunque no siempre, este comportamiento es reconocido por el enfermo como carente
de sentido o de eficacia, y hace reiterados intentos para resistirse a él. En
casos de larga evolución, la resistencia puede haber quedado reducida a un nivel
mínimo. Casi siempre está presente un cierto grado de ansiedad. Existe una
íntima relación entre los síntomas obsesivos, en especial pensamientos
obsesivos, y la depresión. Los enfermos con trastornos obsesivo-compulsivos
tienen a menudo síntomas depresivos y en enfermos que sufren un trastorno
depresivo recurrente (F33.-) a menudo se presentan pensamientos obsesivos
durante sus episodios de depresión. En ambas situaciones el incremento o la
disminución en la gravedad de los síntomas depresivos se acompaña por lo general
por cambios paralelos en la gravedad de los síntomas obsesivos.
El trastorno
obsesivo-compulsivo es tan frecuente en varones como en mujeres y la
personalidad básica suele tener rasgos anancásticos destacados. El comienzo se
sitúa habitualmente en la infancia o al principio de la vida adulta. El curso es
variable y, en ausencia de síntomas depresivos significativos, tiende más a la
evolución crónica.
Pautas para el
diagnóstico
Para un diagnóstico
definitivo deben estar presentes y ser una fuente importante de angustia o de
incapacidad durante la mayoría de los días al menos durante dos semanas
sucesivas, síntomas obsesivos, actos compulsivos o ambos. Los síntomas obsesivos
deben tener las características siguientes:
a)
Son reconocidos como pensamientos o impulsos propios.
b) Se presenta una resistencia ineficaz a por lo menos uno de los
pensamientos o actos, aunque estén presentes otros a los que el enfermo ya no se
resista.
c) La idea o la realización del acto no deben ser en sí mismas
placenteras (el simple alivio de la tensión o ansiedad no debe considerarse
placentero en este sentido).
d) Los pensamientos, imágenes o impulsos deben ser reiterados y molestos.
Incluye:
Neurosis obsesivo-compulsiva.
Neurosis obsesiva.
Neurosis anancástica.
F42.0 Con predominio de pensamientos o rumiaciones obsesivos
Pueden tomar la
forma de ideas, imágenes mentales o impulsos a actuar. Su contenido es muy
variable, pero se acompañan casi siempre de malestar subjetivo. Por ejemplo, a
una mujer le puede atormentar el temor de no poder resistir en algún momento el
impulso de matar al hijo querido, o por la cualidad obscena o blasfema y ajena a
sí mismo de una imagen mental recurrente. A veces las ideas son simplemente
banales en torno a una interminable y casi filosófica consideración de
alternativas imponderables. Esta consideración indecisa de alternativas es un
elemento importante en muchas otras rumiaciones obsesivas y a menudo se acompaña
de una incapacidad para tomar las decisiones, aún las más triviales, pero
necesarias en la vida cotidiana.
La relación entre
rumiaciones obsesivas y depresión es particularmente íntima y se elegirá el
diagnóstico de trastorno obsesivo-compulsivo sólo cuando las rumiaciones
aparecen o persisten en ausencia de un trastorno depresivo.
F42.1 Con predominio de actos compulsivos (rituales obsesivos)
La mayoría de los
actos compulsivos se relacionan con la limpieza (en particular el lavado de las
manos), con comprobaciones repetidas para asegurarse de que se ha evitado una
situación potencialmente peligrosa, o con la pulcritud y el orden. En la
conducta manifiesta subyace por lo general un miedo a ser objeto o motivo de un
peligro y el ritual es un intento ineficaz o simbólico de conjurar ese peligro.
Los rituales compulsivos pueden ocupar muchas horas de cada día y suelen
acompañarse a veces de una marcada incapacidad de decisión y de un
enlentecimiento. En conjunto, son tan frecuentes en un sexo como en el otro,
pero el lavado de manos ritual es más frecuente en las mujeres y el
enlentecimiento sin repeticiones es más común en los varones.
Los rituales están
menos íntimamente relacionados con la depresión que los pensamientos obsesivos y
responden con mayor facilidad a las terapéuticas de modificación del
comportamiento.
F42.2 Con mezcla de pensamientos y actos obsesivos
La mayoría de los
enfermos con un trastorno obsesivo-compulsivo presentan tanto pensamientos
obsesivos como compulsiones. Esta subcategoría debe ser usada cuando ambos son
igualmente intensos, como es frecuente, aunque es útil especificar sólo uno
cuando destaca con claridad ya que pensamientos y actos pueden responder a
tratamientos diferentes.
F42.8 Otros trastornos obsesivo-compulsivos
F42.9 Trastorno obsesivo-compulsivo sin especificación
F43
Reacciones a estrés grave y trastornos de adaptación
Incluye trastornos
que se identifican no sólo por la sintomatología y el curso, sino también por
uno u otro de los dos factores siguientes: antecedentes de un acontecimiento
biográfico, excepcionalmente estresante capaz de producir una reacción a estrés
agudo o la presencia de un cambio vital significativo, que de lugar a
situaciones desagradables persistentes que llevan a un trastorno de adaptación.
Aunque situaciones de estrés psicosocial más leve ("acontecimientos vitales")
puedan precipitar el comienzo o contribuir a la aparición de un amplio rango de
trastornos clasificados en otras partes de esta clasificación, su importancia
etiológica no siempre es clara y en cada caso se encontrará que dependen de
factores individuales, a menudo propios de su idiosincrasia, tales como una
vulnerabilidad específica. En otras palabras, el estrés no es un factor ni
necesario ni suficiente para explicar la aparición y forma del trastorno. Por el
contrario, los trastornos agrupados en esta categoría aparecen siempre como una
consecuencia directa de un estrés agudo grave o de una situación traumática
sostenida. El acontecimiento estresante o las circunstancias desagradables
persistentes son un factor primario y primordial, de tal manera que en su
ausencia no se hubiera producido el trastorno. Las reacciones a estrés grave y
los trastornos de adaptación se presentan en todos los grupos de edad,
incluyendo niños y adolescentes, y por lo tanto deben codificarse de acuerdo con
las pautas de esta categoría.
F43.0 Reacción a estrés agudo
Trastorno
transitorio de una gravedad importante que aparece en un individuo sin otro
trastorno mental aparente, como respuesta a un estrés físico o psicológico
excepcional y que por lo general remite en horas o días. El agente estresante
puede ser una experiencia traumática devastadora que implica una amenaza seria a
la seguridad o integridad física del enfermo o de persona o personas queridas
(por ejemplo, catástrofes naturales, accidentes, batallas, atracos, violaciones)
o un cambio brusco y amenazador del rango o del entorno social del individuo
(por ejemplo, pérdidas de varios seres queridos, incendio de la vivienda, etc.).
El riesgo de que se presente un trastorno así aumenta si están presentes además
un agotamiento físico o factores orgánicos (por ejemplo, en el anciano).
También juegan un
papel en la aparición y en la gravedad de las reacciones a estrés agudo, la
vulnerabilidad y la capacidad de adaptación individuales, como se deduce del
hecho de que no todas las personas expuestas a un estrés excepcional presentan
este trastorno. Los síntomas tienen una gran variabilidad, pero lo más
característico es que entre ellos se incluya, en un período inicial, un estado
de "embotamiento" con alguna reducción del campo de la conciencia,
estrechamiento de la atención, incapacidad para asimilar estímulos y
desorientación. De este estado puede pasarse a un grado mayor de alejamiento de
la circunstancia (incluso hasta el grado de estupor disociativo) o a una
agitación e hiperactividad (reacción de lucha o de huida). Por lo general, están
presentes también los signos vegetativos de las crisis de pánico (taquicardia,
sudoración y rubor). Los síntomas suelen aparecer a los pocos minutos de la
presentación del acontecimiento o estímulo estresante y desaparecen en dos o
tres días (a menudo en el curso de pocas horas). Puede existir amnesia completa
o parcial para el episodio.
Pautas para el
diagnóstico
Debe haber una
relación temporal clara e inmediata entre el impacto de un agente estresante
excepcional y la aparición de los síntomas, los cuales se presentan a lo sumo al
cabo de unos pocos minutos, si no lo han hecho de un modo inmediato. Además los
síntomas:
a)
Se presentan mezclados y cambiantes, sumándose al estado inicial de
"embotamiento", depresión, ansiedad, ira, desesperación, hiperactividad o
aislamiento, aunque ninguno de estos síntomas predomina sobre los otros durante
mucho tiempo.
b) Tienen una resolución rápida, como mucho en unas pocas horas en los
casos en los que es posible apartar al enfermo del medio estresante. En los
casos en que la situación estresante es por su propia naturaleza continua o
irreversible, los síntomas comienzan a apagarse después de 24 a 48 horas y son
mínimos al cabo de unos tres días.
Incluye:
Crisis aguda de nervios.
Reacción aguda de crisis.
Fatiga del combate.
"Shock" psíquico.
F43.1 Trastorno de estrés post-traumático
Trastorno que surge
como respuesta tardía o diferida a un acontecimiento estresante o a una
situación (breve o duradera) de naturaleza excepcionalmente amenazante o
catastrófica, que causarían por sí mismos malestar generalizado en casi todo el
mundo (por ejemplo, catástrofes naturales o producidas por el hombre, combates,
accidentes graves, el ser testigo de la muerte violenta de alguien, el ser
víctima de tortura, terrorismo, de una violación o de otro crimen). Ciertos
rasgos de personalidad (por ejemplo, compulsivos o asténicos) o antecedentes de
enfermedad neurótica, si están presentes, pueden ser factores predisponentes y
hacer que descienda el umbral para la aparición del síndrome o para agravar su
curso, pero estos factores no son necesarios ni suficientes para explicar la
aparición del mismo.
Las características
típicas del trastorno de estrés post-traumático son: episodios reiterados de
volver a vivenciar el trauma en forma de reviviscencias o sueños que tienen
lugar sobre un fondo persistente de una sensación de "entumecimiento" y
embotamiento emocional, de despego de los demás, de falta de capacidad de
respuesta al medio, de anhedonia y de evitación de actividades y situaciones
evocadoras del trauma. Suelen temerse, e incluso evitarse, las situaciones que
recuerdan o sugieren el trauma. En raras ocasiones pueden presentarse estallidos
dramáticos y agudos de miedo, pánico o agresividad, desencadenados por estímulos
que evocan un repentino recuerdo, una actualización del trauma o de la reacción
original frente a él o ambos a la vez.
Por lo general, hay
un estado de hiperactividad vegetativa con hipervigilancia, un incremento de la
reacción de sobresalto e insomnio. Los síntomas se acompañan de ansiedad y de
depresión y no son raras las ideaciones suicidas. El consumo excesivo de
sustancias psicotropas o alcohol puede ser un factor agravante.
El comienzo sigue
al trauma con un período de latencia cuya duración varía desde unas pocas
semanas hasta meses (pero rara vez supera los seis meses). El curso es
fluctuante, pero se puede esperar la recuperación en la mayoría de los casos. En
una pequeña proporción de los enfermos, el trastorno puede tener durante muchos
años un curso crónico y evolución hacia una transformación persistente de la
personalidad (ver F62.0).
Pautas para el
diagnóstico
Este trastorno no
debe ser diagnosticado a menos que no esté totalmente claro que ha aparecido
dentro de los seis meses posteriores a un hecho traumático de excepcional
intensidad. Un diagnostico "probable" podría aún ser posible si el lapso entre
el hecho y el comienzo de los síntomas es mayor de seis meses, con tal de que
las manifestaciones clínicas sean típicas y no sea verosímil ningún otro
diagnóstico alternativo (por ejemplo, trastorno de ansiedad, trastorno
obsesivo-compulsivo o episodio depresivo). Además del trauma, deben estar
presentes evocaciones o representaciones del acontecimiento en forma de
recuerdos o imágenes durante la vigilia o de ensueños reiterados. También suelen
estar presentes, pero no son esenciales para el diagnóstico, desapego emocional
claro, con embotamiento afectivo y la evitación de estímulos que podrían
reavivar el recuerdo del trauma. Los síntomas vegetativos, los trastornos del
estado de ánimo y el comportamiento anormal contribuyen también al diagnóstico,
pero no son de importancia capital para el mismo.
Incluye: Neurosis
traumática.
F43.2 Trastornos de adaptación
Estados de malestar
subjetivo acompañados de alteraciones emocionales que, por lo general,
interfieren con la actividad social y que aparecen en el período de adaptación a
un cambio biográfico significativo o a un acontecimiento vital estresante. El
agente estresante puede afectar la integridad de la trama social de la persona
(experiencias de duelo, de separación) o al sistema más amplio de los soportes y
valores sociales (emigración, condición de refugiado). El agente estresante
puede afectar sólo al individuo o también al grupo al que pertenece o a la
comunidad.
Las manifestaciones
clínicas del trastorno de adaptación son muy variadas e incluyen: humor
depresivo, ansiedad, preocupación (o una mezcla de todas ellas); sentimiento de
incapacidad para afrontar los problemas, de planificar el futuro o de poder
continuar en la situación presente y un cierto grado de deterioro del cómo se
lleva a cabo la rutina diaria. El enfermo puede estar predispuesto a
manifestaciones dramáticas o explosiones de violencia, las que por otra parte
son raras. Sin embargo, trastornos disociales (por ejemplo, un comportamiento
agresivo o antisocial) puede ser una característica sobreañadida, en particular
en adolescentes. Ninguno de los síntomas es por sí solo de suficiente gravedad o
importancia como para justificar un diagnóstico más específico. En los niños los
fenómenos regresivos tales como volver a tener enuresis nocturna, utilizar un
lenguaje infantil o chuparse el pulgar suelen formar parte del cortejo
sintomático. Si predominan estas características debe recurrirse a F43.23.
El cuadro suele
comenzar en el mes posterior a la presentación del cambio biográfico o del
acontecimiento estresante y la duración de los síntomas rara vez excede los seis
meses, excepto para el F43.21, reacción depresiva prolongada.
Pautas para el
diagnóstico
a)
La forma, el contenido y la gravedad de los síntomas.
b) Los antecedentes y la personalidad.
c) El acontecimiento estresante, la situación o la crisis biográfica.
Incluye:
"Shock cultural".
Reacciones de duelo.
Hospitalismo en niños.
Excluye:
Trastorno de ansiedad de separación en la infancia (F93.0).
Si se satisfacen
las pautas de trastorno de adaptación, la forma clínica o manifestación
predominantes pueden ser especificadas mediante un quinto carácter adicional:
F43.20 Reacción depresiva breve:
Estado depresivo moderado y transitorio cuya duración no excede de un mes.
F43.21 Reacción depresiva prolongada:
Estado depresivo moderado que se presenta como respuesta a la exposición
prolongada a una situación estresante, pero cuya duración no excede los dos
años.
F43.22 Reacción mixta de ansiedad y depresión:
Tanto los síntomas de ansiedad como los depresivos son destacados, pero no
mayores que en el grado especificado para el trastorno mixto de ansiedad y
depresión (F41.2) u otro trastorno mixto por ansiedad (F41.3).
F43.23 Con predominio de alteraciones de otras emociones:
Los síntomas suelen incluir otros tipos de emoción, como ansiedad, depresión,
preocupación, tensiones e ira. Los síntomas de ansiedad y depresión pueden
satisfacer las pautas de trastorno mixto de ansiedad y depresión (F41.2) o de
otros trastornos mixtos de ansiedad (F41.3) pero no son lo suficientemente
relevantes como para permitir diagnosticar un trastorno más específico depresivo
o de ansiedad. Esta categoría debe utilizarse también para las reacciones en los
niños en los que se presenten también una conducta regresiva como enuresis
nocturna o succión del pulgar.
F43.24 Con predominio de alteraciones disociales:
La alteración principal es la del comportamiento, por ejemplo una reacción de
pena o dolor en un adolescente que se traduce en un comportamiento agresivo o
disocial.
F43.25 Con alteración mixta de emociones y disociales:
Tanto los síntomas emocionales como el trastorno del comportamiento son
manifestaciones destacadas.
F43.28 Otro trastorno de adaptación con síntomas predominantes especificados.
F43.8 Otras reacciones a estrés graves
F43.9 Reacción a estrés grave sin especificación
F44
Trastornos disociativos (de conversión)
Pérdida parcial o
completa de la integración normal entre ciertos recuerdos del pasado, la
conciencia de la propia identidad, ciertas sensaciones inmediatas y el control
de los movimientos corporales. Normalmente hay un considerable grado de control
consciente sobre qué recuerdos y qué sensaciones pueden ser seleccionados por la
atención inmediata y sobre qué movimientos hay que llevar a cabo. Se acepta que
en los trastornos disociativos esta capacidad para ejercer un control consciente
y selectivo se ha perdido en un grado que puede variar de día en día o de hora
en hora. Por lo general, es muy difícil averiguar hasta qué punto parte de los
déficits funcionales están bajo un control voluntario.
El término
"conversión" se utiliza ampliamente para alguno de estos trastornos, e implica
que sentimientos no satisfactorios originados por los problemas y conflictos que
el enfermo no puede resolver se transformen de alguna manera en síntomas.
El comienzo y la
terminación de los estados disociativos suele ser repentino y rara vez pueden
ser presenciados, excepto durante interacciones artificiales o procedimientos
tales como la hipnosis o la abreacción. La transformación o la desaparición de
un estado disociativo puede limitarse al tiempo que duren estas intervenciones.
Todos los tipos de estados disociativos tienden a remitir al cabo de unas pocas
semanas o meses, en especial si su comienzo tuvo relación con un acontecimiento
biográfico traumático. Pueden presentarse estados más crónicos (que a veces van
surgiendo de un modo más lentamente progresivo), en particular parálisis y
anestesias, si el comienzo está relacionado con problemas insolubles o
dificultades personales. Los estados disociativos que han persistido más de uno
o dos años antes de recibir atención psiquiátrica, suelen ser resistentes a los
tratamientos.
Los enfermos con
trastornos disociativos presentan a veces una negación llamativa de problemas o
dificultades personales que son obvios para los demás y cualquier problema
reconocido como tal, se atribuye a los síntomas disociativos.
Pautas para el
diagnóstico
a)
Presencia de las características clínicas ya especificadas en los trastornos
aislados (F44.-).
b) Ausencia después de las exploraciones clínicas complementarias de un
trastorno somático que pudiera explicar los síntomas.
c) Evidencia de una génesis psicógena, en la forma de una clara relación
temporal con acontecimientos biográficos estresantes y problemas o relaciones
personales alterados (aunque sean negados por el enfermo).
Incluye:
Histeria.
Histeria de conversión.
Reacción de conversión.
Psicosis histérica.
F44.0 Amnesia disociativa
La característica
principal de este trastorno es la pérdida de memoria en general para hechos
recientes importantes, no debida a un trastorno mental orgánico y demasiado
intensa como para ser explicada por un olvido ordinario o por cansancio. La
amnesia se centra habitualmente alrededor de acontecimientos traumáticos, tales
como accidentes o duelos inesperados y suele ser parcial y selectiva. La
extensión y alcance de la amnesia varía a menudo de día en día y según quién
explore al enfermo, pero hay un núcleo común persistente que no puede ser
recordado en estado de vigilia.
Los estados
afectivos que acompañan a una amnesia psicógena son muy variados, pero es rara
una depresión grave. Pueden presentarse perplejidad, angustia y diversos grados
de un comportamiento de búsqueda de atención, pero a veces es sorprendente una
tranquila aceptación del trastorno. Los adultos jóvenes son los más
frecuentemente afectados, siendo ejemplos extremos los casos de varones
sometidos al estrés del combate. Los estados psicógenos disociativos son raros
en las edades avanzadas. Puede presentarse también un vagabundeo limitado sin
propósito, pero dado que suele acompañarse de un abandono del aseo personal,
rara vez dura más de uno o dos días.
Pautas para el
diagnóstico
a)
La presencia de amnesia, parcial o completa, para hechos recientes de naturaleza
traumática o estresante (lo cual a veces sólo pueden ponerse de manifiesto a
través de información de terceros).
b) La ausencia de un trastorno orgánico cerebral, intoxicación o fatiga
excesiva.
Excluye:
Síndrome amnésico debido al consumo de alcohol u otras sustancias psicotropas
(F10-F19) con el mismo cuarto carácter .6.
Amnesia sin especificación (R41.3).
Amnesia anterógrada (R41.1).
Síndrome amnésico orgánico no inducido por alcohol u otras sustancias
psicotropas (F04).
Amnesia postcrítica en la epilepsia (G40.-).
Amnesia retrógrada (R41.2).
F44.1 Fuga disociativa
Fuga que tiene
todas las características de una amnesia disociativa, a la que se añade un
desplazamiento intencionado lejos del hogar o del lugar de trabajo, durante el
cual se mantiene el cuidado de sí mismo. En algunos casos puede asumirse una
nueva identidad, por lo general sólo por unos pocos días, pero a veces incluso
durante largos períodos de tiempo y con un grado sorprendente de aparente
autenticidad. Los desplazamientos suelen ser a lugares previamente conocidos y
de cierto significado afectivo para el enfermo. Aunque existe una amnesia para
el período de la fuga, el comportamiento del enfermo durante ella puede ser
aparentemente normal para el que, sin conocerle, la presencia.
Pautas para el
diagnóstico
a)
Las características de la amnesia disociativa (F44.0).
b) Un desplazamiento intencionado más allá del ámbito cotidiano (el
límite entre vagabundeo y desplazamiento depende del conocimiento de las
circunstancias locales).
c) El mantenimiento del cuidado básico de sí mismo (en la comida, aseo,
etc.) y de la interacción simple con extraños (como el comprar billetes o
gasolina, preguntar por direcciones o encargar una comida).
F44.2 Estupor disociativo
En el estupor
disociativo el comportamiento del enfermo satisface las pautas de estupor, pero
la exploración clínica y la anamnesis ponen de manifiesto la falta de una
etiología somática. Además, como en otros trastornos disociativos, hay evidencia
positiva de una génesis psicógena en forma de presencia de acontecimientos
biográficos estresantes recientes o de problemas sociales o interpersonales
importantes.
El estupor se
diagnostica por la disminución profunda o ausencia de la motilidad voluntaria y
la respuesta normal a los estímulos externos tales como la luz, los ruidos y el
ser tocado. El enfermo permanece acostado o sentado considerablemente inmóvil
durante largos períodos de tiempo. El habla y los movimientos espontáneos y
voluntarios están ausentes o casi completamente ausentes. Aunque puede estar
presente un cierto grado de perturbación de la conciencia, el tono muscular, la
postura, la respiración y a veces la apertura y movimientos coordinados de los
ojos son tales que es obvio que el enfermo no está ni dormido ni inconsciente.
Pautas para el
diagnóstico
a)
La presencia de un estupor, descrito más arriba.
b) La ausencia de un trastorno psiquiátrico o somático que pudiera
explicar el estupor.
c) La presencia de acontecimientos estresantes recientes o de problemas
actuales.
F44.3 Trastornos de trance y de posesión
Trastornos en los
que hay una pérdida temporal del sentido de la identidad personal y de la plena
conciencia del entorno. En algunos casos el enfermo actúa como poseído por otra
persona, espíritu, deidad o "fuerza". La atención y la conciencia del entorno
pueden limitarse a sólo uno o dos aspectos inmediatos y a menudo se presenta un
pequeño pero reiterado conjunto de movimientos, posturas y manifestaciones
expresivas. Se incluyen aquí sólo aquellos estados de trance que son
involuntarios o no deseados, que interfieren en la actividad cotidiana porque
tienen lugar al margen (o son una prolongación de) ceremonias religiosas o
culturales aceptadas.
F44.4-F44.7 Trastornos disociativos de la motilidad voluntaria y de la
sensibilidad
En estos trastornos
hay una pérdida o alteración de las funciones motrices o de la sensibilidad
(generalmente cutánea), de acuerdo con las cuales el enfermo aparenta tener una
enfermedad somática, y sin embargo, no puede encontrarse ninguna que explique
los síntomas. Estos suelen representar el concepto que el enfermo tiene de un
trastorno somático, lo cual puede no coincidir con la psicopatología de los
síntomas de enfermedad somática. Por otra parte, la evaluación del estado
psicológico del enfermo y de su situación social sugiere que la incapacidad
funcional consecuencia de los síntomas puede estar ayudando al enfermo a escapar
de conflictos desagradables o a expresar de una manera indirecta una necesidad
de dependencia o un resentimiento. Aunque los problemas o conflictos puedan ser
evidentes a terceros, el enfermo suele negar su existencia y atribuye cualquier
molestia a los síntomas o a la incapacidad derivada de ellos.
El grado de
incapacidad de estos síntomas puede variar de una circunstancia a otra,
dependiendo del número y el tipo de las personas presentes y del estado
emocional del enfermo. En otras palabras, puede haber una cierta proporción de
búsqueda de atención añadida a un núcleo central e invariable de pérdida de la
motilidad o de la sensibilidad que no está bajo el control voluntario.
En algunos enfermos
los síntomas surgen en íntima relación con una situación de estrés psicológico,
pero en otros no sucede así. Puede ser sorprendente, pero no es constante, una
tranquila aceptación ("belle indifférence") de la grave incapacidad y la cual
por otra parte también puede estar presente en individuos bien adaptados que se
enfrentan a obvias y graves enfermedades somáticas.
Suele ser posible
poner de manifiesto anomalías premórbidas de las relaciones personales y de la
personalidad y parientes cercanos o amigos pueden haber padecido enfermedades
somáticas con síntomas similares a los del enfermo. A menudo se ven variedades
moderadas y transitorias de estos trastornos en adolescentes, en particular del
sexo femenino, pero los casos crónicos suelen presentarse en adultos jóvenes. En
unos pocos se desarrolla una forma repetitiva de reacción ante estrés mediante
trastornos de este tipo, cuya presentación puede persistir mucho tiempo, ya en
las edades medias y avanzadas de la vida.
Pautas para el
diagnóstico
En presencia de
trastornos del sistema nervioso o cuando se trata de un individuo con una buena
adaptación previa y con relaciones familiares y sociales normales, el
diagnóstico debe ser hecho con mucha precaución.
a)
No debe haber evidencia de un trastorno somático.
b) Debe haber un conocimiento suficiente del entorno psicológico y social
y de las relaciones interpersonales del enfermo para permitir una presunción
razonable de los motivos de la aparición del trastorno.
F44.4 Trastornos disociativos de la motilidad
Las variedades más
frecuentes son la pérdida de la capacidad de movimiento de la totalidad o de una
parte de un miembro o miembros. La parálisis puede ser completa o parcial, con
movimientos debilitados o lentos. Pueden presentarse distintos tipos y grados de
falta de coordinación de movimientos (ataxia), en particular de las piernas,
dando lugar a extraños modos de andar o a la incapacidad de permanecer en pie
sin ayuda (astasia-abasia). Puede haber un parecido muy cercano a casi cualquier
variedad de ataxia, apraxia, acinesia, afonía, disartria, discinesia o
parálisis. Pueden aparecer también temblores o sacudidas exageradas de una o más
extremidades o de todo el cuerpo.
Incluye:
Afonía psicógena.
Disfonía psicógena.
F44.5 Convulsiones disociativas
Los movimientos de
las convulsiones disociativas pueden imitar a los ataques epilépticos, pero en
las convulsiones disociativas la mordedura de la lengua, las contusiones debidas
a las caídas y la incontinencia de orina son raras y no hay pérdida de la
conciencia, sólo si acaso un estado de estupor o trance.
F44.6 Anestesias y pérdidas sensoriales disociativas
Las áreas de
anestesia de la piel suelen tener unos límites que hacen evidente que están más
bien relacionadas con las ideas del enfermo sobre las funciones corporales que
con los principios de la psicopatología de los síntomas somáticos. Puede haber
también una discrepancia entre las pérdidas de modalidades sensoriales distintas
que no puede explicarse por lesiones neurológicas. La pérdida sensorial puede
acompañarse de parestesias.
En los trastornos
disociativos la pérdida de la visión es rara vez total y las perturbaciones
visuales más frecuentes son una pérdida de agudeza o una visión borrosa en
general o una "visión en túnel". A pesar de las quejas de pérdida visual, la
movilidad general del enfermo y las funciones motrices aisladas suelen estar
sorprendentemente bien conservadas.
La sordera
disociativa y la anosmia son bastante menos frecuentes que la pérdida de
sensibilidad cutánea o de la visión.
Incluye: Sordera
psicógena.
F44.7 Trastorno disociativo (de conversión) mixto
La mezcla de
trastornos especificados anteriormente (F44.0-F44.6) debe codificarse aquí.
F44.8 Otros trastornos disociativos (de conversión)
F44.80 Síndrome de Ganser
Hay que codificar
aquí el trastorno complejo, descrito por Ganser y caracterizado por parar
respuestas, por lo general acompañadas de varios otros síntomas disociativos, y
que suelen presentarse en circunstancias que sugieren una etiología psicógena.
F44.81 Trastorno de personalidad múltiple
Este trastorno es
raro, y no hay acuerdo sobre hasta qué punto es iatrogénico o propio de una
cultura específica. El hecho esencial es la existencia aparente de dos o más
personalidades distintas en el mismo individuo, y el que cada vez se manifiesta
sólo una de ellas. Cada personalidad es completa, con sus propios recuerdos,
comportamiento y preferencias, que pueden ser muy diferentes a los de la
personalidad premórbida única.
En la forma común
de dos personalidades, una personalidad domina pero nunca una tiene acceso a los
recuerdos de la otra y casi siempre cada una ignora la existencia de la otra.
Los cambios de una personalidad a la otra en la primera ocasión son súbitos, y
están estrechamente relacionados con acontecimientos traumáticos. Los cambios
siguientes se limitan a menudo a acontecimientos dramáticos o estresantes o se
presentan durante las sesiones con un terapeuta que utiliza relajación, hipnosis
o abreacción.
F44.82 Trastornos disociativos (de conversión) transitorios de la infancia o
adolescencia
F44.88 Otros trastornos disociativos (de conversión) especificados
Incluye:
Confusión psicógena.
Estado crepuscular psicógeno.
F44.9 Trastorno disociativo (de conversión) sin especificación
F45
Trastornos somatomorfos
Presentación
reiterada de síntomas somáticos acompañados de demandas persistentes de
exploraciones clínicas, a pesar de repetidos resultados negativos de
exploraciones clínicas y de continuas garantías de los médicos de que los
síntomas no tienen una justificación somática. Aun en los casos en los que
realmente estuvieran presentes trastornos somáticos, éstos no explican la
naturaleza e intensidad de los síntomas, ni el malestar y la preocupación que
manifiesta el enfermo. Incluso cuando el comienzo y la evolución de los síntomas
guarda una estrecha relación con acontecimientos biográficos desagradables, o
con dificultades o conflictos, el enfermo suele resistirse a los intentos de
someter a discusión la posibilidad de que las molestias tengan un origen
psicológico, lo que puede incluso suceder aun estando presentes síntomas
depresivos y ansiosos evidentes. El grado de comprensión sobre los síntomas, ya
sean somáticos o psicológicos, es con frecuencia insuficiente y frustrante,
tanto para el enfermo como para el médico.
En estos trastornos
aparecen con frecuencia un comportamiento de demanda de atención (histriónico),
en particular en enfermos resentidos por su fracaso a la hora de convencer a los
médicos de que su enfermedad es de naturaleza fundamentalmente somática y de la
necesidad de realizar exámenes o exploraciones adicionales.
Excluye:
Trastornos disociativos (F44.-).
Tricotilomanía (F63.3).
Lambdacismo (F80.0).
Ceceo (F80.8).
Onicofagia (F98.8).
Factores psicológicos y del
comportamiento en trastornos o enfermedades clasificados en otro lugar (F54.-).
Disfunciones sexuales no orgánicas (F52.-).
Movimientos estereotipados (F98.4).
Succión del pulgar (F98.8).
Síndrome de Gilíes de la Tourette (F95.2).
Trastornos de tics en la infancia y adolescencia (F95.-).
F45.0 Trastorno de somatización
El rasgo más
destacado de este trastorno es la existencia de síntomas somáticos múltiples,
recurrentes y, con frecuencia, variables, que por lo general han estado
presentes durante varios años antes de que el enfermo haya sido remitido al
psiquiatra. La mayoría de los enfermos han seguido un largo y prolongado camino
a través de servicios de medicina primaria y especializados en los que se han
llevado a cabo múltiples exploraciones con resultados negativos o intervenciones
infructuosas. Los síntomas pueden afectar a cualquier parte o sistema
corporales, pero los más frecuentes son molestias gastrointestinales (dolor,
meteorismo, regurgitación, vómitos, náuseas, etc.) y dérmicas (prurito,
quemazón, hormigueo, entumecimiento, comezón, dolorimiento, enrojecimiento,
etc.). Las quejas sexuales y menstruales son también frecuentes.
En muchas ocasiones
están presentes síntomas depresivos o ansiosos, tan importantes que pueden
justificar un tratamiento específico.
El curso del
trastorno es crónico y fluctuante y suele acompañarse de interferencias
duraderas de la actividad social, interpersonal y familiar. Se sabe que en
algunos países el trastorno es mucho más frecuente en mujeres que en varones, y
por lo general comienza al principio de la edad adulta.
Como consecuencia
de los frecuentes tratamientos medicamentosos, suele presentarse dependencia o
abuso de fármacos (habitualmente sedantes y analgésicos).
Pautas para el
diagnóstico
a)
Síntomas somáticos múltiples y variables para los que no se ha encontrado una
adecuada explicación somática que han persistido al menos durante dos años.
b) La negativa persistente a aceptar las explicaciones o garantías
reiteradas de médicos diferentes de que no existe una explicación somática para
los síntomas.
c) Cierto grado de deterioro del comportamiento social y familiar,
atribuible a la naturaleza de los síntomas y al comportamiento consecuente.
Incluye:
Trastorno psicosomático múltiple.
Trastorno de quejas múltiples.
F45.1 Trastorno somatomorfo indiferenciado
Esta categoría debe
ser tenida en cuenta cuando las quejas somáticas sean múltiples, variables y
persistentes, pero todavía no esté presente el cuadro clínico completo y
característico del trastorno de somatización. Por ejemplo, pueden faltar la
forma insistente y dramática de quejarse, los síntomas pueden ser relativamente
escasos o faltar el comportamiento individual o familiar característicos. Puede
o no haber motivos para sospechar la existencia de un motivo psicológico, pero
no debe existir una base somática que justifique los síntomas en los que se basa
el diagnóstico psiquiátrico.
Si existe la
posibilidad clara de un trastorno somático subyacente, o si la evaluación
psiquiátrica no es completa en el momento de llevar a cabo la codificación del
diagnóstico, debe recurrirse a otras las categorías diagnósticas.
Incluye: Trastorno
psicosomático indiferenciado
F45.2 Trastorno hipocondriaco
La característica
esencial de este trastorno es la preocupación persistente de la posibilidad de
tener una o más enfermedades somáticas graves progresivas, puesta de manifiesto
por la presencia de quejas somáticas persistentes o por preocupaciones
persistentes sobre el aspecto físico. Con frecuencia el enfermo valora
sensaciones y fenómenos normales o frecuentes como excepcionales y molestos,
centrando su atención, casi siempre sólo sobre uno o dos órganos o sistemas del
cuerpo. El enfermo puede referirse por su nombre al trastorno somático o a la
deformidad, pero aun cuando sea así, el grado de convicción sobre su presencia y
el énfasis que se pone sobre un trastorno u otro suele variar de una consulta a
otra. Por lo general, el enfermo puede tener en cuenta la posibilidad de que
puedan existir otros trastornos somáticos adicionales además de aquel que él
mismo destaca.
Suelen estar
presentes ansiedad y depresión intensas, lo que puede justificar diagnósticos
adicionales. Estos trastornos rara vez comienzan después de los 50 años y tanto
el curso de los síntomas como el de la incapacidad consecuente son por lo
general crónicos aunque con oscilaciones en su intensidad. No deben estar
presentes ideas delirantes persistentes sobre la función o la forma del cuerpo.
Deben clasificarse aquí los miedos a la aparición de una o más enfermedades
(nosofobia).
Este síndrome se
presenta tanto en varones como en mujeres y no se acompaña de características
familiares especiales (en contraste con el trastorno de somatización).
Muchos enfermos, en
especial los que padecen las variedades más leves de la enfermedad, permanecen
en el ámbito de la asistencia primaria o son atendidos por especialistas no
psiquiatras. Frecuentemente se toma a mal el ser referido al psiquiatra, a menos
que se lleve a cabo al comienzo del trastorno y con una colaboración cuidadosa
entre el médico y el psiquiatra. El grado de incapacidad que deriva del
trastorno es variable, y así mientras que unos enfermos dominan o manipulan a su
familia y a su entorno social a través de sus síntomas, una minoría mantiene un
comportamiento social virtualmente normal.
Pautas para el
diagnóstico
a)
Creencia persistente de la presencia de al menos una enfermedad somática grave,
que subyacen al síntoma o síntomas presentes, aun cuando cuando exploraciones y
exámenes repetidos no hayan conseguido encontrar una explicación somática
adecuada para los mismos o una preocupación persistente sobre una deformidad
supuesto.
b) Negativa insistente a aceptar las explicaciones y las garantías
reiteradas de médicos diferentes de que tras los síntomas no se esconde ninguna
enfermedad o anormalidad somática.
Incluye:
Hipocondría.
Neurosis hipocondriaca.
Nosofobia.
Dismorfofobia (no delirante).
Trastorno corporal dismórfico.
F45.3 Disfunción vegetativa somatomorfa
En este trastorno
el enfermo presenta síntomas análogos a los de un trastorno somático de un
sistema u órgano que se encuentra totalmente o en su mayor parte bajo control e
inervación del sistema nervioso vegetativo, por ejemplo, los sistemas
cardiovascular, gastrointestinal o respiratorio (se incluyen aquí también
algunos aspectos del sistema genitourinario). Los ejemplos más frecuentes y
destacados afectan al sistema cardiovascular ("neurosis cardíaca"), al sistema
respiratorio (hiperventilación e hipo psicógenos) y al sistema gastrointestinal
("neurosis gástrica" y "diarrea nerviosa"). Por lo general los síntomas son de
dos tipos, ninguno de los cuales sugiere la presencia de un trastorno somático
de los órganos o sistemas afectados. El primer tipo, en el que se basa
principalmente este diagnóstico, lo forman síntomas que se acompañan de signos
objetivos de hiperactividad vegetativa, tales como palpitaciones, sudoración,
rubor y temblor. Los del segundo tipo son más individuales, subjetivos y no
específicos, tales como sensaciones fugaces de dolor y malestar, quemazón,
pesadez, opresión y sensaciones de estar hinchado o distendido, que son
referidos por el enfermo a órganos o sistemas específicos (como también pueden
serlo los síntomas vegetativos). El cuadro clínico característico viene dado por
la combinación de una afectación vegetativa clara, quejas subjetivas no
específicas y referencia persistente a un determinado órgano o sistema como la
causa del trastorno.
En muchos enfermos
que padecen este trastorno pueden también estar presentes factores estresantes
psicológicos o dificultades o problemas inmediatos y en los que puede parecer
que hay una relación con el trastorno, pero existe un número importante de
enfermos en los que esto no es así, y que por lo demás satisfacen las pautas
exigidas para esta categoría.
En algunos de estos
trastornos pueden presentarse algunas alteraciones poco importantes de funciones
fisiológicas, como hipo, flatulencia e hiperventilación, pero que no llegan a
afectar por sí mismas al funcionamiento fisiológico esencial de cada órgano o
sistema.
Pautas para el
diagnóstico
a)
Síntomas persistentes y molestos debidos a una hiperactividad del sistema
nervioso vegetativo, tales como palpitaciones, sudoración, temblor, rubor, etc.
b) Síntomas subjetivos referidos a un sistema u órgano
específico.
c) Preocupación y malestar acerca de la posibilidad de padecer una
afectación grave (pero frecuentemente no específica) de un determinado órgano o
sistema que no logran alejar las repetidas explicaciones y garantías dadas por
los médicos.
d) La ausencia de una alteración significativa de la estructura o función
de los órganos o sistemas afectados.
Excluye: Factores
psicológicos y del comportamiento en trastornos o enfermedades clasificados en
otro lugar (F54).
Se usará un quinto
carácter para clasificar los trastornos específicos en este grupo, indicando el
órgano o sistema señalado por el enfermo como el origen de los síntomas:
F45.30 Del corazón y el sistema cardiovascular
Incluye:
Neurosis cardíaca.
Astenia neurocirculatoria.
Síndrome de Da Costa.
F45.31 Del tracto gastrointestinal alto
Incluye:
Neurosis gástrica.
Aerofagia psicógena.
Hipo psicógeno.
Dispepsia psicógena.
Piloroespasmo psicógeno.
F45.32 Del tracto gastrointestinal bajo
Incluye:
Flatulencia psicógena.
Meteorismo psicógeno.
Colon irritable psicógeno.
Diarreas psicógenas.
F45.33 Del sistema respiratorio
Incluye:
Hiperventilación psicógena.
Tos psicógena.
F45.34 Del sistema urogenital
Incluye:
Disuria psicógena.
Polaquiuria psicógena.
Vejiga nerviosa.
F45.38 Otra disfunción vegetativa somatomorfa
F45.4 Trastorno de dolor somatomorfo persistente
Persistencia de un
dolor intenso y penoso que no puede ser explicado totalmente por un proceso
fisiológico o un trastorno somático. El dolor se presenta con frecuencia en
circunstancias que sugieren que el dolor está relacionado con conflictos o
problemas, o que da lugar a un aumento significativo del apoyo y la atención que
recibe el enfermo, por parte del médico, de otras personas, pero no siempre es
así.
No deben incluirse
aquí los dolores presumiblemente psicógenos que aparecen en el curso de
trastornos depresivos o de esquizofrenia. No deben clasificarse aquí los dolores
debidos a mecanismos psicofisiológicos conocidos o inferidos (como el dolor de
tensión muscular o la migraña), en los que aún se presume un origen psicógeno,
que deben codificarse de acuerdo con F54 (factores psicológicos y del
comportamiento en trastornos o enfermedades clasificados en otro lugar) y un
código adicional de otro capítulo de la CIÉ 10, por ejemplo, migraña (G43.-).
Incluye:
Psicalgia.
Lumbalgia psicógena.
Cefalea psicógena.
Dolor somatomorfo psicógeno.
Excluye:
Dolor sin especificación (R52.-).
Cefalea de tensión (G44.2).
Lumbalgia sin especificación (M54.9).
F45.8 Otros trastornos somatomorfos
En estos trastornos
los síntomas no están mediados por el sistema nervioso vegetativo y se limitan a
sistemas o a partes del cuerpo específicos, lo que contrasta con la presencia de
quejas frecuentes y cambiantes sobre el origen de los síntomas y del malestar
del trastorno de somatización (F45.0) y del trastorno somatomorfo indiferenciado
(F45.1). No existe lesión tisular.
Se deben clasificar
aquí otros trastornos de la sensibilidad no debidos a trastornos somáticos, que
están estrechamente relacionados en el tiempo con problemas o acontecimientos
estresantes o que dan lugar a un aumento significativo de la atención que recibe
el enfermo del médico o de otras personas. Son ejemplos frecuentes la sensación
de hinchazón o de "cosas raras" sobre la piel y las parestesias (hormigueo o
entumecimiento). Se incluyen aquí también trastornos tales como:
a)
"Globo histérico" (una sensación de tener un nudo en la garganta que causa
disfagia) y otras formas de disfagia.
b) Tortícolis psicógeno y otros trastornos y movimientos espasmódicos
psicógenos (excluyendo el síndrome de Gilles de la Tourette).
c) Prurito psicógeno (pero excluyendo lesiones específicas de la piel
tales como alopecia, dermatitis, eczema o urticaria, que tengan un origen
psicógeno (F54).
d) Dismenorrea psicógena (excluyendo dispareunia (F52.6) y frigidez
(F52.0).
e) Rechinar de dientes.
F45.9 Trastorno somatomorfo sin especificación
Incluye:
Trastorno psicofisiológico sin especificación.
Trastorno psicosomático sin especificación
F48
Otros trastornos neuróticos
F48.0 Neurastenia
Hay considerables
variaciones culturales en la presentación de este trastorno, del que hay dos
tipos principales, que se solapan entre sí. En el primero, el rasgo
característico es la queja de aumento del cansancio tras realizar algún esfuerzo
mental que suele acompañarse de una disminución del rendimiento laboral o de la
eficiencia para resolver las tareas cotidianas. La fatigabilidad mental suele
describirse como la presencia desagradable de asociaciones o recuerdos que
distraen al individuo, de dificultades para concentrarse y en general de falta
de rendimiento del pensamiento. En el otro tipo, el acento recae sobre una
sensación de debilidad y agotamiento corporal y físico tras esfuerzos mínimos,
acompañado de dolores y molestias musculares y de incapacidad para relajarse. En
ambos tipos son frecuentes una serie de sensaciones somáticas desagradables
tales como vértigo, cefaleas de tensión o sensación de inestabilidad general.
También suele aparecer preocupación sobre la falta de bienestar mental y físico,
irritabilidad, anhedonia y, en grado menor y variable, estados de ánimo ansioso
y depresivo. Con frecuencia aparecen alteraciones en las fases iniciales y
medias del sueño, aunque también puede destacar la somnolencia.
Pautas para el
diagnóstico
Un diagnóstico
definitivo requiere la presencia de:
Quejas continuas de
un molesto cansancio progresivo tras un esfuerzo mental o quejas continuas de
una molesta debilidad física y agotamiento tras esfuerzos mínimos.
Dos o más de las
siguientes: a) sensación de dolor y molestias musculares, b) mareos, c) cefaleas
de tensión, d) trastornos del sueño, e) incapacidad para relajarse, f)
irritabilidad o g) dispepsia.
Además, si
estuvieran presentes síntomas vegetativos o depresivos, no serían lo
suficientemente persistentes o graves como para satisfacer las pautas de uno de
los trastornos específicos de esta clasificación.
Incluye: Síndrome
de fatiga (crónica).
Excluye:
Malestar general, fatiga y debilidad nerviosa (R53).
Agotamiento (Z73.0).
Síndrome de astenia postviral (G93.3).
Psicastenia (F48.8). Astenia sin especificación (R53).
F48.1 Trastorno de despersonalización-desrealización
Trastorno en el que
el individuo se queja espontáneamente de la vivencia de que su propia actividad
mental, su cuerpo, su entorno o todos ellos, están cualitativamente
transformados, de manera que se han vuelto irreales, lejanos o mecánicos (faltos
de espontaneidad). El enfermo puede sentir que ya no es él el que rige su propia
actividad de pensar, imaginar o recordar, de que sus movimientos y
comportamiento le son de alguna manera ajenos, que su cuerpo le parece des
vitalizad o, desvinculado de sí mismo o extraño, que su entorno le parece falto
de colorido y de vida, como si fuera artificial o como si fuera un escenario
sobre el que las personas actúan con papeles predeterminados. En algunos casos,
el enfermo puede sentir que se está observando a sí mismo desde cierta distancia
o como si estuviera muerto. La queja de pérdida de los sentimientos es la más
frecuente entre estos diversos fenómenos.
El número de
enfermos que sufre este trastorno de forma pura o aislado es pequeño. Por lo
general, los fenómenos de desrealización-despersonalización aparecen en el
contexto de enfermedades depresivas, trastornos fóbicos y obsesivo-compulsivos.
Pueden darse también elementos de este síndrome en individuos mentalmente sanos,
en estados de fatiga, privación sensorial, intoxicación alucinógena, o como un
fenómeno hipnagógico o hipnopómpico. Las manifestaciones del síndrome de
despersonalización-desrealización son similares a las llamadas "experiencias
límites ante la muerte", que acompañan a situaciones de peligro extremo para la
vida.
Pautas para el
diagnóstico
a)
Síntomas de despersonalización tales como que el enfermo siente que sus propias
sensaciones o vivencias se han desvinculado de sí mismo, son distantes o ajenas,
se han perdido, etc.
b) Síntomas de desrealización tales como que los objetos, las personas o
el entorno parecen irreales, distantes, artificiales, desvaídos, desvitalizados,
etc.
c) El reconocimiento de que se trata de un cambio espontáneo y subjetivo
y no ha sido impuesto por fuerzas externas o por otras personas (persiste una
adecuada conciencia de enfermedad).
d) Claridad del sensorio y evidencia de que no se trata de un estado
tóxico confusional o de una epilepsia.
F48.8 Otros trastornos neuróticos especificados
Trastornos mixtos
del comportamiento, creencias y emociones que son de etiología y nosología no
clara, que se presentan en ciertas culturas con especial frecuencia, tales como
el síndrome de Dhat (preocupaciones no fundamentadas sobre los efectos
debilitantes de la pérdida del semen), el síndrome de Koro (miedo a que el pene
se invagine dentro del abdomen y cause la muerte) y Latah (respuestas
comportamentales miméticas y automáticas). La relación intensa de estos
síndromes con creencias aceptadas en culturas concretas de determinados lugares
y el propio comportamiento sugieren que no deban ser considerados como
delirantes.
Incluye:
Trastorno de Britquet.
Síndrome de Dhat.
Koro.
Latah.
Neurosis ocupacional (incluye calambre del escribiente).
Psicastenia.
Neurosis psicasténica.
Síncope psicógeno.
F48.9 Trastorno neurótico sin especificación
Incluye: Neurosis
sin especificación.
F50-59 Trastornos del comportamiento asociados a disfunciones fisiológicas y a
factores somáticos.
F50
Trastornos de la conducta alimentaria
Aquí se agrupan dos
síndromes importantes y claramente delimitados: la anorexia nerviosa y la
bulimia nerviosa, además de otros trastornos bulímicos menos específicos y de la
obesidad relacionada con alteraciones psicológicas. Asimismo, incluye una breve
descripción de los vómitos que acompañan a trastornos psicológicos.
Excluye:
Trastorno de la conducta alimentaria en la infancia (F98.2).
Dificultades y malos cuidados alimentarios (R63.3).
Anorexia o disminución del apetito sin especificar (R63.0).
Pica de la infancia (F98.3).
F50.0 Anorexia nerviosa
Trastorno
caracterizado por la presencia de una pérdida deliberada de peso, inducida o
mantenida por el mismo enfermo. El trastorno aparece con mayor frecuencia en
muchachas adolescentes y mujeres jóvenes, aunque en raras ocasiones pueden verse
afectados varones adolescentes y jóvenes, así como niños prepúberes o mujeres
maduras hasta la menopausia. La anorexia nerviosa constituye un síndrome
independiente, en el siguiente sentido:
a)
Los rasgos clínicos del síndrome son fácilmente reconocibles, de tal forma que
el diagnóstico resulta fiable con un alto grado de concordancia entre clínicos.
b) Los estudios de seguimiento han demostrado que, de entre los enfermos
que no se recuperan, una proporción considerable continúa mostrando de manera
crónica las características principales de la anorexia nerviosa.
A pesar de que las
causas fundamentales de la anorexia nerviosa siguen sin conocerse, hay una
evidencia cada vez mayor de que existen una serie de factores socioculturales y
biológicos que interactúan entre sí contribuyendo a su presentación, en la que
participan también mecanismos psicológicos menos específicos y una
vulnerabilidad de la personalidad. El trastorno se acompaña de desnutrición de
intensidad variable, de la que son consecuencia alteraciones endocrinas y
metabólicas, así como una serie de trastornos funcionales. Aún hay dudas sobre
si el trastorno endocrino característico se debe únicamente a la desnutrición y
al efecto directo del comportamiento que la ha provocado (por ejemplo,
restricciones en la dieta, ejercicio físico excesivo con alteraciones del
equilibrio metabólico, provocación de vómitos y utilización de laxantes, con los
consiguientes desequilibrios electrolíticos) o si intervienen otros factores aún
desconocidos.
Pautas para el
diagnóstico
Deben estar
presentes todas las alteraciones siguientes:
a)
Pérdida significativa de peso (índice de masa corporal o de Quetelet1 de menos
de 17,5). Los enfermos prepúberes pueden no experimentar la ganancia de peso
propia del período de crecimiento.
b) La pérdida de peso está originada por el propio enfermo, a través de:
1) evitación de consumo de "alimentos que engordan" y por uno o más de uno de
los síntomas siguientes: 2) vómitos autoprovocados, 3) purgas intestinales
autoprovocadas, 4) ejercicio excesivo y 5) consumo de fármacos anorexígenos o
diuréticos.
c) Distorsión de la imagen corporal que consiste en una psicopatología
específica caracterizada por la persistencia, con el carácter de idea
sobrevalorada intrusa, de pavor ante la gordura o la flacidez de las formas
corporales, de modo que el enfermo se impone a sí mismo el permanecer por debajo
de un límite máximo de peso corporal.
d) Trastorno endocrino generalizado que afecta al eje hipotalámo-hipofisario-gonadal
manifestándose en la mujer como amenorrea y en el varón como una pérdida del
interés y de la potencia sexuales (una excepción aparente la constituye la
persistencia de sangrado vaginal en mujeres anoréxicas que siguen una terapia
hormonal de sustitución, por lo general con pildoras contraceptivas). También
pueden presentarse concentraciones altas de hormona del crecimiento y de
cortisol, alteraciones del metabolismo periférico de la hormona tiroidea y
anomalías en la secreción de insulina.
e) Si el inicio es anterior a la pubertad, se retrasa la secuencia de las
manifestaciones de la pubertad, o incluso ésta se detiene (cesa el crecimiento;
en las mujeres no se desarrollan las mamas y hay amenorrea primaria; en los
varones persisten los genitales infantiles). Si se produce una recuperación, la
pubertad suele completarse, pero la menarquia es tardía.
Excluye:
Anorexia, falta de apetito (R63.0).
Anorexia psicógena (F50.8).
F50.1 Anorexia nerviosa atípica
Este término debe
ser utilizado para los casos en los que faltan una o más de las características
principales de la anorexia nerviosa (F50.0), como amenorrea o pérdida
significativa de peso, pero que por lo demás presentan un cuadro clínico
bastante característico. Este tipo de enfermos es mas frecuente en psiquiatría
de interconsulta y enlace y en atención primaria. También pueden incluirse aquí
enfermos que tengan todos los síntomas importantes de la anorexia nerviosa, pero
en grado leve. Este término no debe de utilizarse para trastornos de la conducta
alimentaria que se parecen a la anorexia nerviosa pero que son debidos a una
etiología somática conocida.
F50.2 Bulimia nerviosa
Síndrome
caracterizado por episodios repetidos de ingesta excesiva de alimentos y por una
preocupación exagerada por el control del peso corporal lo que lleva al enfermo
a adoptar medidas extremas para mitigar el aumento de peso producido por la
ingesta de comida. Este término debería restringirse a las formas del trastorno
que estén relacionadas con la anorexia nerviosa por el hecho de compartir la
misma psicopatología. La distribución por edades y sexo es similar a la de la
anorexia nerviosa aunque la edad de presentación tiende a ser ligeramente más
tardía. El trastorno puede ser considerado como una secuela de la anorexia
nerviosa persistente (aunque también puede darse la secuencia contraria). A
primera vista, un enfermo previamente anoréxico puede parecer que está mejorando
a medida que gana peso e incluso recupera la menstruación si es mujer, pero
entonces surge una forma maligna de comportamiento caracterizado por
sobrealimentación y vómitos. Los vómitos repetidos pueden dar lugar a trastornos
del equilibrio electrolítico, a complicaciones somáticas (letanía, crisis
comiciales, arritmias cardíacas o debilidad muscular) y a una mayor pérdida de
peso.
Pautas para el
diagnóstico
Deben estar
presentes todas las alteraciones que se refieren a continuación de modo que
constituyen pautas diagnósticas estrictas. Dentro de cada pauta pueden aceptarse
algunas variaciones, tal y como se indica:
a)
Preocupación continua por la comida, con deseos irresistibles de comer, de modo
que el enfermo termina por sucumbir a ellos, presentándose episodios de
polifagia durante los cuales consume grandes cantidades de comida en períodos
cortos de tiempo.
b) El enfermo intenta contrarrestar el aumento de peso así producido
mediante uno o más de uno de los siguientes métodos: vómitos autoprovocados,
abuso de laxantes, períodos intervalares de ayuno, consumo de fármacos tales
como supresores del apetito, extractos tiroideos o diuréticos. Cuando la bulimia
se presenta en un enfermo diabético, éste puede abandonar su tratamiento con
insulina.
c) La psicopatología consiste en un miedo morboso a engordar, y el
enfermo se fija de forma estricta un dintel de peso muy inferior al que tenía
antes de la enfermedad, o al de su peso óptimo o sano. Con frecuencia, pero no
siempre, existen antecedentes previos de anorexia nerviosa con un intervalo
entre ambos trastornos de varios meses o años. Este episodio precoz puede
manifestarse de una forma florida o por el contrario adoptar una forma menor u
larvada, con una moderada pérdida de peso o una fase transitoria de amenorrea.
Incluye:
Bulimia sin especificar.
Hiperorexia nerviosa.
F50.3 Bulimia nerviosa atípica
Este término debe
ser utilizado para los casos en los que faltan una o más de las características
principales de la bulimia nerviosa (F50.2), pero que por lo demás presentan un
cuadro clínico bastante típico. Los enfermos tienen con frecuencia un peso
normal o incluso superior a lo normal, pero presentan episodios repetidos de
ingesta excesiva seguidos de vómitos o purgas. No son raros síndromes parciales
acompañados de síntomas depresivos (si estos síntomas satisfacen las pautas de
un trastorno depresivo debe hacerse un doble diagnóstico.
Incluye: Bulimia
con peso normal.
F50.4 Hiperfagia en otras alteraciones psicológicas
Ingesta excesiva
como una reacción a acontecimientos estresantes y que da lugar a obesidad.
Duelos, accidentes, intervenciones quirúrgicas y acontecimientos emocionalmente
estresantes pueden dar lugar a una "obesidad reactiva", en especial en enfermos
predispuestos a la ganancia de peso.
La obesidad como
causa de alteraciones psicológicas no debe ser codificada aquí. La obesidad
puede hacer que el enfermo se sienta muy sensibilizado acerca de su aspecto y
desencadenar una falta de confianza en las relaciones interpersonales. Puede
exagerarse la valoración subjetiva de las dimensiones corporales. Para codificar
la obesidad como causa misma de alteración psicológica se deben usar categorías
tales como F38.-, otros trastornos del humor (afectivos), F41.2, trastorno mixto
ansioso-depresivo, o F48.9, trastorno neurótico sin especificación, más un
código de E66.- para indicar el tipo de obesidad.
Incluye:
Hiperfagia psicógena.
Excluye:
Polifagia sin especificación (R62.2).
Obesidad (E66.-).
F50.5 Vómitos en otras alteraciones psicológicas
Además de la
bulimia nerviosa en las que el vómito es autoprovocado, pueden presentarse
vómitos repetidos en los trastornos disociativos (de conversión) (F44.-), en la
hipocondría (F45.2), en la que los vómitos pueden ser uno de los múltiples
síntomas corporales, y en el embarazo, donde los factores emocionales pueden
contribuir a la aparición de vómitos y náuseas recurrentes.
Incluye:
Vómitos psicógenos.
Hiperemesis gravídica psicógena.
Excluye:
Nauseas y vómitos sin especificación (R11).
F50.8 Otros trastornos de la conducta alimentaria
Incluye:
Disminución psicógena del apetito.
Pica de origen orgánico en adultos.
F50.9 Trastorno de la conducta alimentaria sin especificación
F51
Trastornos no orgánicos del sueño
Se trata de un
grupo de trastornos que incluye:
a) Disomnias:
trastornos primariamente psicógenos en los que la alteración predominante
consiste en la afectación de la cantidad, calidad o duración del sueño, debida a
causas emocionales, por ejemplo el insomnio el hipersomnio y los trastornos del
ritmo de sueño-vigilia.
b) Parasomnias: trastornos episódicos durante el sueño, los cuales
durante la infancia están relacionados por lo general con las fases del
desarrollo del niño, mientras que en la madurez son fundamentalmente psicógenos,
tales como el sonambulismo, los terrores nocturnos y las pesadillas.
En muchos casos una
alteración del sueño es un síntoma de otro trastorno mental o somático. Incluso
cuando un trastorno específico del sueño aparece como clínicamente
independiente, pueden presentarse una serie de factores psíquicos o somáticos
que hayan contribuido a su aparición.
Excluye: Trastornos
del sueño (orgánicos) (G47.-).
F51.0 Insomnio no orgánico
Estado
caracterizado por una cantidad o calidad del sueño no satisfactorias, que
persiste durante un considerable período de tiempo. La diferencia con lo que se
considera habitualmente como cantidad normal de sueño no debería ser el elemento
principal para un diagnóstico de insomnio dado que algunos individuos (con
escasas necesidades de sueño) duermen una cantidad mínima de tiempo y no se
consideran a sí mismos como insomnes. Por otro lado, hay enfermos que sufren
intensamente a causa de la mala calidad de su sueño, mientras que la cantidad
del mismo es valorada subjetiva u objetivamente como dentro de límites normales.
Entre los insomnes
la queja más frecuente es la dificultad para conciliar el sueño, seguida de la
de mantenerlo y la de despertar precoz. Lo característico es que se presenta
tras acontecimientos que han dado lugar a un aumento del estrés vital. Tiende a
prevalecer más entre las mujeres, los enfermos de edad avanzada y aquellas
personas con trastornos psicológicos o que se encuentran en mala situación
socioeconómica. Cuando se sufre repetidamente de insomnio se desencadena un
miedo creciente a padecerlo y una preocupación sobre sus consecuencias. Esto
crea un círculo vicioso que tiende a perpetuar el problema del enfermo.
A la hora de
acostarse los enfermos con insomnio cuentan que se sienten tensos, ansiosos,
preocupados o deprimidos y como si carecieran de control sobre sus pensamientos.
Frecuentemente dan vueltas a la idea de conseguir dormir lo suficiente, a
problemas personales, a preocupaciones sobre su estado de salud o incluso sobre
la muerte. A menudo intentan mitigar esta tensión con la ingesta de fármacos o
de alcohol. Por la mañana suelen quejarse de sensación de cansancio físico y
mental y durante el día están deprimidos, preocupados, tensos e irritables y
obsesionados consigo mismos.
Los niños dicen a
menudo que tienen dificultades para dormir cuando en realidad el problema
consiste en dificultades de las costumbres y normas de acostarse (más que en un
trastorno del sueño por sí mismo). Los problemas relacionados con la hora de
acostarse no se codifican aquí sino en el capítulo XXI de la CIE-10 (Z62.0,
control supervisión parentales inadecuados).
Pautas para el
diagnóstico
a)
Quejas que suelen consistir en dificultades para conciliar el sueño o para
mantenerlo o sobre una mala calidad del mismo.
b) Dicha manifestación se ha presentado por lo menos tres veces a la
semana durante al menos un mes.
c) Preocupación excesiva, tanto durante el día como durante la noche,
sobre el hecho de no dormir y sobre sus consecuencias.
d) La cantidad o calidad no satisfactorias del sueño causa un malestar
general o interfiere con las actividades de la vida cotidiana.
El insomnio es un
síntoma frecuente de otros trastornos mentales tales como los trastornos del
humor (afectivos), neuróticos, orgánicos, debidos al consumo de sustancias
psicotropas, esquizofrénicos y de la conducta alimentaria, o de otros trastornos
específicos del sueño tales como pesadillas. Asimismo, el insomnio puede
acompañar a trastornos somáticos en los que haya dolor o malestar o al consumo
de ciertos medicamentos. Si el insomnio se presenta como uno solo de los
múltiples síntomas de un trastorno mental o de una enfermedad somática, por
ejemplo, y no predomina en el cuadro clínico, el diagnóstico debe ser únicamente
el del trastorno mental o somático subyacente. También tienen primacía
diagnóstica otros trastornos del sueño tales como pesadillas, trastornos del
ciclo sueño-vigilia, apnea del sueño o mioclonus nocturno, aún cuando tengan
como consecuencia un deterioro de la cantidad o calidad del sueño. No obstante,
en todos estos casos, si el insomnio es una de las molestias más importantes y
es percibido como un trastorno en sí mismo, deberá codificarse como tal a
continuación del trastorno principal.
F51.1 Hipersomnio no orgánico
Estado bien de
excesiva somnolencia y ataques de sueño diurnos (no justificables por una
cantidad inadecuada de sueño nocturno) o bien de un periodo de transición
prolongado desde el sueño hasta la vigilia plena tras el despertar. En ausencia
de factores orgánicos que expliquen la somnolencia, este trastorno suele
acompañar a otros trastornos mentales. A menudo suele ser un síntoma de un
trastorno del humor (afectivo) generalmente depresivo (F31.3, F31.4 ó F31.5), de
un trastorno depresivo recurrente (F33.-) o de un episodio depresivo (F32.-).
Otras veces, no obstante no se pueden reunir pautas suficientes para efectuar un
diagnóstico de otro trastorno mental a pesar de que se tiene la evidencia de que
existe un cierto grado de psicopatología.
Algunos enfermos
establecen por sí mismos la relación entre su predisposición a dormirse en
momentos poco adecuados y ciertas experiencias cotidianas poco agradables. Otros
niegan que exista tal relación, incluso cuando un médico experto las haya podido
identificar. En otros casos no se pueden identificar con certeza factores
emocionales u otros factores psicológicos pero la ausencia de factores orgánicos
sugiere que el hipersomnio es con toda probabilidad de origen psicógeno.
Pautas para el
diagnóstico
a)
Excesiva somnolencia o presencia de ataques de sueño diurnos no justificables
por una cantidad inadecuada de sueño o bien un período de transición prolongado
hasta el estado de vigilia completa tras el despertar.
b) Este trastorno del sueño se presenta diariamente durante más de un mes
o durante períodos recurrentes de duración más corta y causa molestias intensas
o interfiere las actividades de la vida cotidiana.
c) No hay síntomas secundarios de narcolepsia (cataplegia, parálisis del
sueño, alucinaciones hipnagógicas) ni evidencia clínica de una apnea del sueño
(interrupciones de la respiración nocturna, ronquidos intermitentes
característicos, etc.).
d) Ausencia de cualquier alteración neurológica o médica uno de cuyos
síntomas pueda ser la somnolencia.
F51.2 Trastorno no orgánico del ciclo sueño-vigilia
Falta de
sincronización entre el ritmo de sueño-vigilia individual y el deseable en el
entorno en el que se desenvuelve el enfermo, lo que ocasiona una queja de
insomnio nocturno o de sueño durante el día. Este trastorno puede ser psicógeno
o de origen presumiblemente orgánico, según el peso relativo de uno u otro tipo
de factores condicionantes. Los individuos con ciclos de sueño-vigilia
desorganizados y variables presentan con frecuencia un grado considerable de
psicopatología, por lo general relacionada con diversos trastornos psiquiátricos
tales como trastornos de la personalidad y trastornos del humor (afectivos). En
enfermos que tienen que cambiar de turno de trabajo o viajar con frecuencia con
cambios de horario, la alteración de los ritmos circadianos tiene un carácter
básicamente biológico, aunque también puede existir un fuerte componente
emocional añadido, ya que dichos individuos suelen tener que soportar un estrés
considerable. Por último, en algunos individuos se produce un adelantamiento en
la fase de sueño-vigilia deseada, lo que puede ser debido tanto a un mal
funcionamiento intrínseco del oscilador circadiano (reloj biológico) del
enfermo, como a un procesamiento anormal de las claves temporales que
sincronizan los relojes biológicos (este último caso puede estar de hecho
relacionado con alteraciones cognoscitivas o emocionales).
Pautas para el
diagnóstico
a)
El patrón de sueño-vigilia del individuo no está sincronizado con el horario de
sueño-vigilia deseado, las necesidades sociales y que comparten la mayoría de
las personas de su entorno.
b) Como consecuencia de este trastorno el individuo experimenta, casi
todos los días al menos durante el mes previo o de manera recurrente en períodos
de tiempo más cortos, insomnio a lo largo de la mayor parte del período de sueño
y sueño durante el período de vigilia.
c) La cantidad, la calidad y el ritmo no satisfactorios de los períodos
de sueño causan un gran malestar o interfieren las actividades de la vida
cotidiana.
Incluye:
Inversión del ritmo circadiano psicógena.
Inversión del sueño psicógena.
Inversión nictameral psicógena.
F51.3 Sonambulismo
Estado de
disociación de la conciencia en el que se combinan fenómenos propios del sueño y
de la vigilia. Durante un episodio de sonambulismo, el individuo se levanta de
la cama, por lo general durante el primer tercio del sueño nocturno y deambula,
presentando un bajo nivel de conciencia, una escasa reactividad a estímulos
externos y una cierta torpeza de movimientos. En general, el sonámbulo abandona
el dormitorio y puede llegar a salir de su casa, y por lo tanto, durante estos
episodios, se expone a un considerable riesgo de lesionarse. Sin embargo, por lo
general suelen volver tranquilamente a su casa por sí mismos o bien dirigidos
suavemente por otras personas. Cuando se despiertan, ya sea tras el episodio de
sonambulismo o a la mañana siguiente, no suelen recordar estos hechos.
El sonambulismo y
los terrores nocturnos (F51.4) están estrechamente relacionados. Ambos son
considerados como trastornos de los mecanismos del despertar y se presentan
fuera de las etapas más profundas del sueño (estadios III y IV). Muchos enfermos
tienen antecedentes familiares o personales de cualquiera de estos trastornos.
Además, ambos son mucho más frecuentes en la infancia, lo que pone de relieve el
papel que juegan en su etiología factores ligados al desarrollo. Asimismo, en
algunos casos el comienzo de estos trastornos coincide con una enfermedad febril
cuando persisten o se presentan por primera vez en la madurez, ambos tienden a
estar relacionados con trastornos psicológicos importantes. Debido a las
semejanzas clínicas y patogénicas entre el sonambulismo y los terrores nocturnos
y al hecho de que el diagnóstico diferencial entre ambos trastornos consiste
normalmente en determinar cuál de ellos predomina, recientemente se considera
que forman parte de un espectro nosológico común. Pese a todo y con el fin de
mantener la clasificación tradicional y a la vez que para destacar las
diferencias de su expresión clínica, se proporcionan claves separadas para su
codificación.
Pautas para el
diagnóstico
a)
El síntoma predominante es la presencia de episodios repetidos de levantarse de
la cama durante el sueño y deambular durante unos minutos o hasta media hora,
normalmente durante el primer tercio del sueño nocturno.
b) Durante el episodio el individuo tiene la mirada en blanco, no
responde plenamente a los esfuerzos de los otros para modificar su
comportamiento o comunicarse con él y resulta muy difícil despertarlo.
c) Al despertarse del episodio o a la mañana siguiente, el individuo no
recuerda nada de lo sucedido.
d) Al cabo de unos minutos de haberse despertado tras un episodio no se
pone de manifiesto deterioro alguno en la actividad mental o en el
comportamiento, a pesar de que puede darse, inicialmente, un breve período de
tiempo en el que haya cierta confusión y desorientación.
e) No hay evidencia alguna de un trastorno mental orgánico, tal como una
demencia o una epilepsia.
F51.4 Terrores nocturnos
Episodios nocturnos
de pánico y terror intensos que se acompañan de gritos, movimientos bruscos y
fuertes descargas vegetativas. El individuo se levanta o se incorpora dando un
grito de pánico, normalmente durante el primer tercio del sueño nocturno. Con
frecuencia se precipita hacia la puerta como tratando de escapar a pesar de que
rara vez llega salir de la habitación. Los esfuerzos de los demás para modificar
esta situación pueden, de hecho, producir un temor más intenso, puesto que el
individuo no sólo es incapaz de responder a ellos, sino que además puede estar
desorientado durante algunos minutos. Al despertarse no suele recordar el
episodio. Debido a estas características clínicas los afectados tienen un gran
riesgo de lesionarse durante estos episodios.
Los terrores
nocturnos y sonambulismo (F51.3) están estrechamente relacionados entre sí.
Ambos trastornos comparten las mismas características clínicas y
fisiopatológicas y los factores genéticos, de desarrollo, orgánicos y
psicológicos juegan un papel importante en ambos. Debido a sus muchas
semejanzas, ambos trastornos han sido recientemente considerados como parte del
mismo espectro nosológico.
Pautas para el
diagnóstico
a)
El síntoma predominante es la presencia de episodios repetidos de despertarse
durante el sueño, que comienzan con un grito de pánico y están caracterizados
por una intensa ansiedad, excitación motriz e hiperactividad vegetativa tal y
como taquicardia, taquipnea y sudoración.
b) Estos episodios repetidos de despertar tienen una duración
característica de uno a diez minutos. Por lo general se presentan durante el
primer tercio del sueño nocturno.
c) Hay una relativa ausencia de respuesta frente a los intentos de otras
personas para influir en el terror y de manera casi constante a estos intentos
suelen suceder unos minutos de desorientación y movimientos perseverantes.
d) El recuerdo del acontecimiento, si es que hay alguno, es mínimo
(normalmente, una o dos imágenes mentales fragmentarias).
e) No hay evidencia de un trastorno somático, como un tumor cerebral o
una epilepsia.
F51.5 Pesadillas
Las pesadillas son
una experiencia onírica cargada de ansiedad o de miedo. Los que las padecen
tienen un recuerdo muy detallado del contenido del sueño. Esta experiencia es
muy vivida y suele incluir temas que implican una amenaza para la supervivencia,
la seguridad o la estimación de sí mismo. Con mucha frecuencia en la pesadilla
suele repetirse un mismo tema o temas similares. Durante un episodio típico de
pesadillas se produce una cierta descarga vegetativa, pero no hay vocalizaciones
ni una actividad motriz apreciable. Al despertarse el individuo alcanza
rápidamente un estado de alerta y de orientación aceptables. Su comunicación con
los demás es adecuada y por lo general puede proporcionar gran cantidad de
detalles sobre la experiencia del sueño, tanto inmediatamente después como a la
mañana siguiente.
En los niños no
suelen existir trastornos psicológicos asociados a las pesadillas, dado que
cuando se presentan a estas edades tienen normalmente relación con fases
específicas del desarrollo emocional. Por el contrario, los adultos con
pesadillas presentan alteraciones psicológicas importantes, normalmente en forma
de trastornos de personalidad. Además, el consumo de ciertas sustancias
psicotropas, tales como reserpina, tioridazina, antidepresivos tricíclicos y
benzodiacepinas, puede contribuir a la aparición de pesadillas. Asimismo, la
supresión brusca de fármacos hipnóticos no benzodiacepínicos que suprimen el
sueño REM (fase del sueño en la que se producen los ensueños) puede potenciar la
aparición de pesadillas por un efecto de rebote.
Pautas para el
diagnóstico
a)
El despertar de un sueño nocturno o de una siesta con recuerdos detallados y muy
vividos de sueños terroríficos, que normalmente implican una amenaza para la
supervivencia, la seguridad o la estimación de sí mismo. El despertar puede
tener lugar durante cualquier momento del período de sueño, aunque normalmente
tiene lugar durante la segunda mitad.
b) Una vez despierto, el individuo alcanza rápidamente el estado de
vigilia y se encuentra orientado y alerta.
c) Tanto la experiencia onírica en sí misma como la alteración del sueño
provocan gran malestar al enfermo.
Incluye: Trastorno
de ansiedad del sueño.
F51.8 Otros trastornos no orgánicos del sueño
F51.9 Trastorno no orgánico del sueno sin especificación
Incluye: Trastornos
emocionales del sueño sin especificación.
F52
Disfunciones sexuales de origen no orgánico
Las disfunciones
sexuales abarcan diferentes formas de incapacidad para participar en una
relación sexual deseada. Según los casos, se trata de una falta de interés, una
imposibilidad de sentir placer, un fracaso en la respuesta fisiológica necesaria
para una interacción sexual efectiva (por ejemplo, erección) o una incapacidad
para controlar o sentir un orgasmo.
Algunos tipos de
disfunción se presentan tanto en varones como en mujeres, por ejemplo la falta
de deseo sexual. No obstante las mujeres tienden a presentar con mayor
frecuencia quejas sobre la calidad subjetiva de la experiencia sexual (por
ejemplo, el que no sea placentera o interesante), en lugar de fracasos en una
respuesta específica. La queja de disfunción orgásmica no es rara, pero es
necesario tener en cuenta que cuando un aspecto de la respuesta sexual femenina
se ve afectado, es muy posible que haya otros que estén también deteriorados.
Por ejemplo si una mujer es incapaz de sentir orgasmos, es frecuente que tampoco
disfrute con otros aspectos del juego amoroso y pierda también gran parte de su
apetito sexual. Los varones, por el contrario, cuando se quejan de un fracaso en
una respuesta específica, tal como la obtención de erección o eyaculación,
suelen referir que a pesar de estos fracasos, su apetito sexual persiste. Por lo
tanto, antes de hacer un diagnóstico es necesario explorar detenidamente cada
trastorno, sin detenerse únicamente en el síntoma que motiva la consulta.
Excluye:
Síndrome de Dhat (F48.8).
Síndrome de Koro (F48.8).
F52.0 Ausencia o pérdida del deseo sexual
Pérdida del deseo
sexual sea el problema principal y no sea secundario a otras dificultades
sexuales como el fracaso en la erección o la dispareunia. La ausencia de deseo
sexual no excluye el placer o la excitación, pero hace menos probable que el
individuo emprenda alguna actividad sexual en este sentido.
Incluye:
Frigidez.
Trastorno hipoactivo del deseo sexual.
F52.1 Rechazo sexual y ausencia de placer sexual
F52.10 Rechazo sexual
La perspectiva de
interacción sexual con una pareja se acompaña de intensos sentimientos negativos
y produce la suficiente ansiedad y miedo como para evitar la actividad sexual.
F52.11 Ausencia de placer sexual
Se presentan
respuestas sexuales normales y tiene lugar el orgasmo, pero existe una ausencia
del placer correspondiente. Esta queja es mucho más frecuente entre las mujeres
que entre los varones.
Incluye: Anhedonia
(sexual).
F52.2 Fracaso de la respuesta genital
En los varones, el
problema fundamental es disfunción para la erección, por ejemplo, una dificultad
en alcanzar o mantener una erección adecuada para una penetración satisfactoria.
Si la erección se presenta con normalidad en determinadas situaciones (durante
la masturbación o el sueño, o con una pareja diferente), es probable que la
causa sea psicógena. Si no es así, el diagnóstico correcto de este trastorno
puede depender de una exploración específica (por ejemplo, medida de la
intumescencia nocturna del pene) o de la respuesta al tratamiento psicológico.
En las mujeres, el
problema fundamental es la sequedad vaginal o fracaso en la lubricación, que
pueden ser de origen psicógeno, patológico (por ejemplo, infeccioso) o por una
deficiencia de estrógenos (por ejemplo, tras la menopausia). Es poco frecuente
que las mujeres se quejen primariamente de sequedad vaginal, excepto como
síntoma de una deficiencia postmenopáusica de estrógenos.
Incluye:
Impotencia psicógena.
Trastornos de la erección.
Trastorno del estímulo sexual en la mujer.
F52.3 Disfunción orgásmica
Cuando se presenta
este trastorno, el orgasmo no se produce o se retrasa excesivamente. El
trastorno puede aparecer en situaciones concretas (por ejemplo, únicamente en
determinadas circunstancias, en cuyo caso la etiología es probablemente
psicógena) o permanente, en cuyo caso no se pueden excluir con facilidad
factores somáticos o constitucionales, excepto si hay una respuesta
satisfactoria a un tratamiento psicológico. La disfunción orgásmica es más
frecuente en mujeres que en varones.
Incluye:
Anorgasmia psicógena.
Inhibición orgásmica.
F52.4 Eyeculación precoz
Este trastorno
consiste en la incapacidad de controlar la aparición de la eyaculación durante
el tiempo necesario para que ambos participantes disfruten de la relación
sexual. En algunos casos graves, la eyaculación puede presentarse antes de la
penetración o en ausencia de erección. La eyaculación precoz se debe raras veces
a causas orgánicas aunque puede presentarse como reacción psicológica a una
disfunción orgánica, por ejemplo, un fracaso de la erección o a la presencia de
dolor. La eyaculación también se considera precoz si la erección requiere una
estimulación prolongada, de tal manera que el intervalo de tiempo desde que se
alcanza la erección suficiente y la eyaculación se acorta. En tales casos, el
problema primario es un retraso en la erección.
F52.5 Vaginismo no orgánico
Se trata de un
espasmo muscular de la pared pelviana que rodea la vagina, lo que causa una
oclusión de la abertura vaginal. En tal caso la entrada del pene es imposible o
muy dolorosa. El vaginismo puede ser una reacción secundaria a alguna causa
local de dolor, en cuyo caso no debe recurrirse a esta categoría.
Incluye: Vaginismo
psicógeno.
F52.6 Dispareunia no orgánica
La dispareunia
(dolor durante la penetración) se presenta tanto en mujeres como en varones. A
menudo puede ser atribuida a una patología local, en cuyo caso debe ser
codificada de acuerdo con el trastorno correspondiente. En algunos casos no hay
ninguna causa orgánica y puede ser importante la presencia de factores
psicógenos. Esta categoría sólo deberá utilizarse si no hay ninguna otra
disfunción sexual (por ejemplo, vaginismo o sequedad vaginal).
Incluye:
Dispareunia psicógena.
F52.7 Impulso sexual excesivo
Tanto los varones
como las mujeres pueden quejarse ocasionalmente de un impulso sexual excesivo
como un problema en sí mismo, generalmente durante el final de la adolescencia o
en el comienzo de la edad adulta, cuando el impulso sexual excesivo es
secundario a un trastorno del humor (afectivo) (F30-F39) o cuando aparece en los
estadios iniciales de la demencia (F00-F03) debe codificarse aquí.
Incluye:
Ninfomanía.
Satiriasis.
F52.8 Otras disfunciones sexuales no debidas a enfermedades o trastornos
orgánicos
F52.9 Disfunción sexual no debida a enfermedad o trastorno orgánico
F53
Trastornos mentales y del comportamiento en el puerperio, no clasificados en
otro lugar
F53.0 Trastornos mentales y del comportamiento en el puerperio no clasificados
en otro lugar leves
Incluye:
Depresión postnatal.
Depresión postparto sin especificar.
F53.1 Trastornos mentales y del comportamiento en el puerperio no clasificados
en otro lugar graves
F53.8 Otros trastornos mentales y del comportamiento en el puerperio no
clasificados en otro lugar
F53.9 Otro trastorno mental o del comportamiento del puerperio sin
especificación
F54
Factores psicológicos y del comportamiento en trastornos o enfermedades
clasificados en otro lugar
Esta categoría debe
utilizarse para diagnosticar la presencia de influencias psicológicas o
comportamentales consideradas como importantes para la etiología,
manifestaciones y evolución de trastornos somáticos que pueden ser clasificados
de acuerdo con otros capítulos de la CIE-10. Este tipo de alteraciones mentales
suelen ser normalmente leves, no permiten hacer un diagnóstico clínico más
especifico y a menudo son muy prolongadas (tales como preocupaciones, conflictos
emocionales o aprensión). Debería utilizarse un código adicional para
identificar el trastorno somático (en los pocos casos en que un trastorno
psiquiátrico manifiesto se considere el causante de un trastorno somático,
deberá utilizarse un segundo código adicional para dejar constancia de este
trastorno mental).
Incluye: Factores
psicológicos que afectan a funciones somáticas.
Excluye: Cefalea de tensión (G44.2).
F55
Abuso de sustancias que no producen dependencia
Aunque el número de
sustancias medicinales, remedios populares y fármacos registrados que pueden dar
lugar a diagnósticos de este apartado es muy grande, la mayoría de ellas
pertenecen a uno de estos tres grupos: fármacos psicotropos que no dan lugar a
dependencia (como los antidepresivos), laxantes y analgésicos que no necesitan
receta (como la aspirina y el paracetamol). Alguno de estos productos pudo haber
sido recetado en una primera instancia en el pasado, pero a partir de entonces
se ha desarrollado un consumo prolongado innecesario o a dosis excesivas,
favorecido por su facilidad de adquisición.
El consumo
persistente e injustificado de estas sustancias da lugar a gastos y a contactos
con dispositivos asistenciales innecesarios y a menudo a daños somáticos. Los
intentos de disuadir o impedir el consumo de la sustancia se enfrentan a una
gran resistencia, a pesar de advertir al enfermo sobre el riesgo o la presencia
de consecuencias tales como daño renal o alteraciones electrolíticas, a las que
pueden dar lugar el consumo de analgésicos o de laxantes. Aunque suele ser
evidente que el enfermo tiene una gran predisposición a consumir la sustancia,
no se presentan síntomas de dependencia (F1x.2) ni de abstinencia (F1x.3) como
en el caso de las sustancias psicotropas referidas en F10-F19.
Debe usarse un
cuarto carácter para identificar el tipo de sustancia implicada:
F55.0 Antidepresivos (tricíclicos, tetracíclicos, IMAO).
F55.1 Laxantes.
F55.2 Analgésicos (no especificados como psicotropos en F10-F19: aspirina,
paracetamol, fenacetina).
F55.3 Antiácidos.
F55.4 Vitaminas.
F55.5 Hormonas o sustancias esteroideas.
F55.6 Hierbas o remedios populares.
F55.8 Otras sustancias que no producen dependencia (diuréticos).
F55.9 Sustancia sin especificación.
Excluye: Abuso de
sustancias psicotropas que producen dependencia (F10-F19).
F59
Trastornos mentales y del comportamiento asociados a disfunciones fisiológicas y
a factores somáticos sin especificación
Incluye: Disfunción
fisiológica psicógena sin especificación.
F60-F62 Trastornos de la personalidad y del comportamiento del adulto
Incluye diversas
alteraciones y modos de comportamiento que tienen relevancia clínica por sí
mismos, que tienden a ser persistentes y son la expresión de un estilo de vida y
de la manera característica que el individuo tiene de relacionarse consigo mismo
y con los demás. Algunas de estas alteraciones y modos de comportamiento
aparecen en estadios precoces del desarrollo del individuo, como resultado tanto
de factores constitucionales como de experiencias vividas, mientras que otros se
adquieren más tarde a lo largo de la vida.
Estos tipos de
trastornos abarcan formas de comportamiento duraderas y profundamente arraigadas
en el enfermo, que se manifiestan como modalidades estables de respuestas a un
amplio espectro de situaciones individuales y sociales. Representan desviaciones
extremas, o al menos significativas, del modo como el individuo normal de una
cultura determinada percibe, piensa, siente y, sobre todo, se relaciona con los
demás. Estas formas de comportamiento tienden a ser estables y a abarcar
aspectos múltiples de las funciones psicológicas y del comportamiento. Con
frecuencia, aunque no siempre, se acompañan de grados variables de tensión
subjetiva y de dificultades de adaptación social.
Los trastornos de
la personalidad se diferencian de las transformaciones de la personalidad por el
momento y el modo de aparición. Son alteraciones del desarrollo que aparecen en
la infancia o la adolescencia y persisten en la madurez. No son secundarios a
otros trastornos mentales o lesiones cerebrales, a pesar de que pueden preceder
a otros trastornos o coexistir con ellos. Por el contrario, la transformación de
la personalidad es adquirida, normalmente, durante la vida adulta, como
consecuencia de situaciones estresantes graves o prolongadas, de privaciones
ambientales extremas, de trastornos psiquiátricos graves o de lesiones o
enfermedades cerebrales (ver F07.-).
En las
manifestaciones de las anomalías de la personalidad, las diferencias culturales
o regionales son importantes, pero son aún escasos los conocimientos específicos
en este área. Los problemas de personalidad que se presentan con una frecuencia
especial en una determinada parte del mundo, pero que no corresponden a ninguno
de los subtipos que se especifican a continuación, pueden clasificarse como
"otros" trastornos de la personalidad e identificarse mediante un quinto
carácter en el código correspondiente de una posible adaptación de la CIE-10
para esa región o país en particular. Las diferencias locales de las
manifestaciones de un trastorno de personalidad pueden reflejarse también en la
redacción de las descripciones clínicas y pautas para el diagnóstico del
trastorno correspondiente.
F60
Trastornos específicos de la personalidad
Incluye trastornos
graves del carácter constitutivo y de las tendencias comportamentales del
individuo, que normalmente afectan a varios aspectos de la personalidad y que
casi siempre se acompañan de alteraciones personales y sociales considerables.
Los trastornos de la personalidad tienden a presentarse en la infancia y
adolescencia y a persistir durante la edad adulta. Por ello es probable que un
diagnóstico de trastorno de personalidad sea adecuado antes de los 16 ó 17 años.
A continuación se presentan las pautas generales de diagnóstico correspondientes
a todos los trastornos de la personalidad. El resto de las características
complementarias se especifican en cada uno de los subtipos.
Pautas para el
diagnóstico
Se requiere la
presencia de una alteración de la personalidad no directamente atribuible a una
lesión o enfermedad cerebral importante, o a otros trastornos psiquiátricos, que
reúna las siguientes pautas:
a)
Actitudes y comportamiento marcadamente faltos de armonía, que afectan por lo
general a varios aspectos de la personalidad, por ejemplo, a la afectividad, a
la excitabilidad, al control de los impulsos, a las formas de percibir y de
pensar y al estilo de relacionarse con los demás.
b) La forma de comportamiento anormal es duradera, de larga evolución y
no se limita a episodios concretos de enfermedad mental.
c) La forma de comportamiento anormal es generalizada y claramente
desadaptativa para un conjunto amplio de situaciones individuales y sociales.
d) Las manifestaciones anteriores aparecen siempre durante la infancia o
la adolescencia y persisten en la madurez.
e) El trastorno conlleva un considerable malestar personal, aunque éste
puede también aparecer sólo en etapas avanzadas de su evolución.
f) El trastorno se acompaña, por lo general aunque no siempre, de un
deterioro significativo del rendimiento profesional y social.
Para diagnosticar la mayoría de los tipos citados más abajo, se requiere a
menudo la presencia de al menos tres de los rasgos o formas de comportamiento
que aparecen en su descripción.
F60.0 Trastorno paranoide de la personalidad
Es un trastorno de
personalidad caracterizado por:
a)
Sensibilidad excesiva a los contratiempos y desaires.
b) Incapacidad para perdonar agravios o perjuicios y predisposición a
rencores persistentes.
c) Suspicacia y tendencia generalizada a distorsionar las experiencias
propias interpretando las manifestaciones neutrales o amistosas de los demás
como hostiles o despectivas.
d) Sentido combativo y tenaz de los propios derechos al margen de la
realidad.
e) Predisposición a los celos patológicos.
f) Predisposición a sentirse excesivamente importante, puesta de
manifestado por una actitud autorreferencial constante.
g) Preocupación por "conspiraciones" sin fundamento de acontecimientos
del entorno inmediato o del mundo en general.
Incluye:
Personalidad expansiva.
Personalidad paranoide.
Personalidad sensitiva paranoide.
Personalidad querulante.
Trastorno expansivo de la personalidad.
Trastorno sensitivo paranoide de la personalidad.
Trastorno querulante de la personalidad.
Excluye:
Esquizofrenia (F20.-).
Trastorno de ideas delirantes (F22.-).
F60.1 Trastorno esquizoide de la personalidad
Se trata de un
trastorno de la personalidad caracterizado por:
a)
Incapacidad para sentir placer (anhedonia).
b) Frialdad emocional, despego o embotamiento afectivo.
c) Incapacidad para expresar sentimientos de simpatía y ternura o de ira
a los demás.
d) Respuesta pobre a los elogios o las críticas.
e) Poco interés por relaciones sexuales con otras personas (teniendo en
cuenta la edad).
f) Actividades solitarias acompañadas de una actitud de reserva.
g) Marcada preferencia por devaneos fantásticos, por actividades
solitarias acompañada de una actitud de reserva y de
introspección.
h) Ausencia de relaciones personales íntimas y de mutua confianza, las
que se limitan a una sola persona o el deseo de poder tenerlas.
i) Marcada dificultad para reconocer y cumplir las normas sociales, lo
que da lugar a un comportamiento excéntrico.
Excluye:
Esquizofrenia (F20.-).
Trastorno esquizotípico (F21).
Síndrome de Asperger (F84.5).
Trastorno de ideas delirantes (F22.0).
Trastorno esquizoide de la infancia (F84.5).
F60.2 Trastorno disocia! de la personalidad
Se trata de un
trastorno de personalidad que, normalmente, llama la atención debido a la gran
disparidad entre las normas sociales prevalecientes y su comportamiento; está
caracterizado por:
a)
Cruel despreocupación por los sentimientos de los demás y falta de capacidad de
empatia.
b) Actitud marcada y persistente de irresponsabilidad y despreocupación
por las normas, reglas y obligaciones
sociales.
c) Incapacidad para mantener relaciones personales duraderas.
d) Muy baja tolerancia a la frustración o bajo umbral para descargas de
agresividad, dando incluso lugar a un comportamiento violento.
e) Incapacidad para sentir culpa y para aprender de la experiencia, en
particular del castigo.
f) Marcada predisposición a culpar a los demás o a ofrecer
racionalizaciones verosímiles del comportamiento conflictivo.
Puede presentarse
también irritabilidad persistente. La presencia de un trastorno disocial durante
la infancia y adolescencia puede apoyar el diagnóstico, aunque no tiene por qué
haberse presentado siempre.
Incluye:
Trastorno de personalidad sociopática.
Trastorno de personalidad amoral.
Trastorno de personalidad asocial.
Trastorno de personalidad antisocial.
Trastorno de personalidad psicopática.
Excluye:
Trastornos disocíales (F91.-).
Trastorno de inestabilidad emocional de la personalidad (F60.3).
F60.3 Trastorno de inestabilidad emocional de la personalidad
Trastorno de
personalidad en el que existe una marcada predisposición a actuar de un modo
impulsivo sin tener en cuenta las consecuencias, junto a un ánimo inestable y
caprichoso. La capacidad de planificación es mínima y es frecuente que intensos
arrebatos de ira conduzcan a actitudes violentas o a manifestaciones explosivas;
éstas son fácilmente provocadas al recibir críticas o al ser frustrados en sus
actos impulsivos. Se diferencian dos variantes de este trastorno de personalidad
que comparten estos aspectos generales de impulsividad y falta de control de sí
mismo.
F60.30 Trastorno de inestabilidad emocional de la personalidad de tipo impulsivo
Las características
predominantes son la inestabilidad emocional y la ausencia de control de
impulsos. Son frecuentes las explosiones de violencia o un comportamiento
amenazante, en especial ante las críticas de terceros.
Incluye:
Personalidad explosiva y agresiva.
Trastorno explosivo y agresivo de la personalidad.
Excluye:
Trastorno disocial de la personalidad (F60.2).
F60.31 Trastorno de inestabilidad emocional de la personalidad de tipo límite
Se presentan varias
de las características de inestabilidad emocional. Además, la imagen de sí
mismo, los objetivos y preferencias internas (incluyendo las sexuales) a menudo
son confusas o están alteradas. La facilidad para verse implicado en relaciones
intensas e inestables puede causar crisis emocionales repetidas y acompañarse de
una sucesión de amenazas suicidas o de actos autoagresivos (aunque éstos pueden
presentarse también sin claros factores precipitantes).
Incluye:
Personalidad "borderline".
Trastorno "borderline" de la personalidad.
F60.4 Trastorno histriónico de la personalidad
Se trata de un
trastorno de la personalidad caracterizado por:
a)
Tendencia a la representación de un papel, teatralidad y expresión exagerada de
las emociones.
b) Sugestibilidad y facilidad para dejarse influir por los demás.
c) Afectividad lábil y superficial.
d) Búsqueda imperiosa de emociones y desarrollo de actividades en las que
ser el centro de atención.
e) Comportamiento y aspecto marcados por un deseo inapropiado de seducir.
f) Preocupación excesiva por el aspecto físico.
Pueden presentarse
además: egocentrismo, indulgencia para sí mismo, anhelo de ser apreciado,
sentimientos de ser fácilmente heridos y conducta manipulativa constante para
satisfacer las propias necesidades.
Incluye:
Personalidad psicoinfantil e histérica.
Trastorno psicoinfantil e histérico de la personalidad.
F60.5 Trastorno anancástico de la personalidad
Se trata de un
trastorno de la personalidad caracterizado por:
a)
Falta de decisión, dudas y precauciones excesivas, que reflejan una profunda
inseguridad personal.
b) Preocupación excesiva por detalles, reglas, listas, orden,
organización y horarios.
c) Perfeccionismo, que interfiere con la actividad práctica.
d) Rectitud y escrupulosidad excesivas junto con preocupación
injustificada por el rendimiento, hasta el extremo de renunciar a actividades
placenteras y a relaciones personales.
renunciar a actividades placenteras y a relaciones personales.
e) Pedantería y convencionalismo con una capacidad limitada para expresar
emociones.
f) Rigidez y obstinación.
g) Insistencia poco razonable en que los demás se sometan a la propia
rutina y resistencia también poco razonable a dejar a los demás hacer lo que
tienen que hacer.
h) La irrupción no deseada e insistente de pensamientos o impulsos.
Incluye:
Personalidad compulsiva.
Personalidad obsesiva.
Trastorno compulsivo de la personalidad.
Trastorno obsesivo de la personalidad.
Excluye:
Trastorno obsesivo-compulsivo (F42.-).
F60.6 Trastorno ansioso (con conducta de evitación) de la personalidad
Se trata de un
trastorno de la personalidad caracterizado por:
a)
Sentimientos constantes y profundos de tensión emocional y temor.
b) Preocupación por ser un fracasado, sin atractivo personal o por ser
inferior a los demás.
c) Preocupación excesiva por ser criticado o rechazado en sociedad.
d) Resistencia a entablar relaciones personales si no es con la seguridad
de ser aceptado.
e) Restricción del estilo de vida debido a la necesidad de tener
una seguridad física.
f) Evitación de actividades sociales o laborales que impliquen contactos
personales íntimos, por el miedo a la crítica,
reprobación o rechazo.
Puede presentarse
también una hipersensibilidad al rechazo y a la crítica.
F60.7 Trastorno dependiente de la personalidad
Se trata de un
trastorno de la personalidad caracterizado por:
a)
Fomentar o permitir que otras personas asuman responsabilidades importantes de
la propia vida.
b) Subordinación de las necesidades propias a las de aquellos de los que
se depende; sumisión excesiva a sus deseos.
c) Resistencia a hacer peticiones, incluso las más razonables, a las
personas de las que se depende.
d) Sentimientos de malestar o abandono al encontrarse solo, debido a
miedos exagerados a ser capaz de cuidar de sí mismo.
e) Temor a ser abandonado por una persona con la que se tiene una
relación estrecha y temor a ser dejado a su propio cuidado.
f) Capacidad limitada para tomar decisiones cotidianas sin el consejo o
seguridad de los demás.
Puede presentarse
además la percepción de sí mismo como inútil, incompetente y falto de
resistencia.
Incluye:
Personalidad asténica.
Personalidad inadecuada.
Personalidad pasiva.
Personalidad derrotista.
Trastorno asténico de la personalidad.
Trastorno inadecuado de la personalidad.
Trastorno pasivo de la personalidad.
Trastorno derrotista asténico de la personalidad.
F60.8 Otros trastornos específicos de la personalidad
Se incluyen aquí
los trastornos de la personalidad que no satisfacen ninguna de las pautas de los
tipos específicos (F60.0-F60.7).
Incluye:
Personalidad narcisista.
Personalidad excéntrica.
Personalidad inestable.
Personalidad inmadura.
Personalidad pasivo-agresiva.
Personalidad psiconeurótica.
Trastorno narcisista de la personalidad.
Trastorno excéntrico de la personalidad.
Trastorno inestable de la personalidad.
Trastorno inmaduro de la personalidad.
Trastorno pasivo-agresivo de la personalidad.
Trastorno psiconeurótico de la personalidad.
F60.9 Trastorno de la personalidad sin especificación
Incluye:
Neurosis de carácter.
Personalidad patológica.
F61
Trastornos mixtos y otros trastornos de la personalidad
F61.02 Trastornos mixtos de la personalidad,
con características de varios de los trastornos de F60.- pero sin un grupo de
síntomas predominantes que permitan un diagnóstico más específico.
F61.12 Variaciones problemáticas de la personalidad,
no clasificables en F60.- o F62.- y considerados como secundarios a un
diagnóstico principal de un trastorno del humor (afectivo) o de ansiedad
coexistente.
Excluye:
Acentuación de rasgos de la personalidad (Z73.1).
F62
Transformación persistente de la personalidad no atribuible a lesión o
enfermedad cerebral
Incluye anomalías
de la personalidad y del comportamiento en la edad adulta que, como consecuencia
de catástrofes o exposiciones prolongadas a estrés excesivos, o de haber
padecido enfermedades psiquiátricas graves, se han presentado en personas que
previamente no habían puesto de manifiesto trastornos de la personalidad. Los
diagnósticos incluidos en este apartado sólo deben hacerse cuando haya una clara
evidencia de un cambio definido y duradero del modo como el enfermo percibe, se
relaciona o piensa sobre el entorno y de sí mismo. La transformación de la
personalidad debe ser significativa y acompañarse de un comportamiento rígido y
desadaptativo, que no estaba presente antes de la experiencia patógena. La
alteración no debe ser una manifestación de otro trastorno mental o un síntoma
residual de cualquier trastorno mental previo. Estas transformaciones o cambios
de la personalidad duraderos suelen presentarse después de experiencias
traumáticas de una intensidad extraordinaria, aunque también pueden hacerlo como
consecuencia de un trastorno mental grave prolongado o recurrente. Puede ser
difícil la diferenciación entre los rasgos de personalidad adquiridos y el
desenmascaramiento o exacerbación de un trastorno de la personalidad tras una
situación estresante, de una tensión mantenida o de una experiencia psicótica.
Las transformaciones duraderas de la personalidad deberán ser diagnosticadas
únicamente cuando el cambio constituya una manera de ser permanente y diferente,
cuya etiología pueda referirse a una experiencia profunda y existencialmente
extrema.
Excluye: Trastornos
mentales y del comportamiento debidos a enfermedad, lesión o disfunción cerebral
(F07.-).
F62.0 Transformación persistente de la personalidad tras experiencia
catastrófica
Transformación
persistente de la personalidad que puede aparecer tras la experiencia de una
situación estresante catastrófica. El estrés debe ser tan extremo como para que
no se requiera tener en cuenta la vulnerabilidad personal para explicar el
profundo efecto sobre la personalidad. Son ejemplos típicos: experiencias en
campos de concentración, torturas, desastres y exposición prolongada a
situaciones amenazantes para la vida (por ejemplo, secuestro, cautiverio
prolongado con la posibilidad inminente de ser asesinado). Puede preceder a este
tipo de transformación de la personalidad un trastorno de estrés post-traumático
(F43.1). Estos casos pueden ser considerados como estados crónicos o como
secuelas irreversibles de aquel trastorno. No obstante, en otros casos, una
alteración persistente de la personalidad que reúne las características que a
continuación se mencionan, puede aparecer sin que haya una fase intermedia de un
trastorno de estrés post-traumático manifiesto. Sin embargo, las
transformaciones duraderas de la personalidad después de una breve exposición a
una experiencia amenazante para la vida como puede ser un accidente de tráfico,
no deben ser incluidas en esta categoría puesto que las investigaciones
recientes indican que este tipo de evolución depende de una vulnerabilidad
psicológica preexistente.
Pautas para el
diagnóstico
La transformación
de la personalidad debe ser persistente y manifestarse como rasgos rígidos y
desadaptativos que llevan a un deterioro de las relaciones personales y de la
actividad social y laboral. Por lo general, la transformación de la personalidad
debe ser confirmada por la información de un tercero. El diagnóstico
esencialmente se basa en la presencia de rasgos previamente ausentes como, por
ejemplo:
a)
Actitud permanente de desconfianza u hostilidad hacia el ) mundo.
b) Aislamiento social.
c) Sentimientos de vacío o desesperanza.
d) Sentimiento permanente de "estar al límite", como si se estuviera
constantemente amenazado. t e) Vivencia de extrañeza de sí mismo.
Esta transformación
de la personalidad debe haber estado presente por lo menos durante dos años y no
debe poder ser atribuida a un trastorno de la personalidad preexistente o a un
trastorno mental distinto del trastorno de estrés post-traumático (F43.1).
Incluye:
Tranformación de la personalidad tras experiencias de campo de concentración,
desastres y catástrofes, cautiverio prolongado con peligro inminente de ser
ejecutado, exposición prolongada a situaciones amenazantes para la vida como ser
victima de un acto terrorista o de torturas.
Excluye: Trastorno
de estrés post-traumático (F43.1).
F62.1 Transformación persistente de la personalidad tras enfermedad psiquiátrica
Transformación de
la personalidad atribuible a la experiencia traumática de sufrir una enfermedad
psiquiátrica grave. Los cambios no pueden ser explicados por un trastorno de
personalidad previo y deben diferenciarse de la esquizofrenia residual y de
otros estados de recuperación incompleta de un trastorno mental previo.
Pautas para el
diagnóstico
La transformación
de la personalidad debe ser persistente y manifestarse como un modo rígido y
desadaptativo de la manera de vivenciar y comportarse que llevan a un deterioro
a largo plazo (personal, social o laboral), así como a un malestar subjetivo. No
debe estar presente un trastorno de personalidad preexistente que pueda explicar
el cambio de la personalidad y el diagnóstico no debe basarse en un síntoma
residual de un trastorno mental previo. La transformación de la personalidad
tiene que haber surgido tras la recuperación clínica de un trastorno mental que
se debe haber vivenciado como extremadamente estresante y devastador para la
imagen de sí mismo. Las actitudes o reacciones de otras personas hacia el
enfermo después de la enfermedad son importantes para determinar y reforzar los
niveles de estrés percibidos por la persona. Este tipo de transformación de la
personalidad no puede ser comprendido totalmente sin tener en consideración la
experiencia emocional subjetiva y la personalidad previa, sus formas de
adaptación y sus factores de vulnerabilidad específicos.
Para poder hacer
este diagnóstico, la transformación de la personalidad debe manifestarse por
rasgos clínicos como los siguientes:
a)
Excesiva dependencia y demandas de terceras personas.
b) Convicción de estar cambiado o estigmatizado por la enfermedad
precedente, lo que da lugar a una incapacidad para formar y mantener relaciones
personales de confianza y a un aislamiento social.
c) Pasividad, reducción de los intereses y de la participación en
entretenimientos.
d) Quejas constantes de estar enfermo que pueden acompañarse de demandas
hipocondriacas y comportamiento de enfermedad.
e) Humor disfórico o lábil, no debido a un trastorno mental presente o
previo con síntomas afectivos residuales.
f) Deterioro significativo del rendimiento social y ocupacional.
Las manifestaciones
arriba señaladas deben haber estado presentes durante un período de por lo menos
dos años. La transformación no puede ser atribuida a una enfermedad o lesión
cerebral importante. Un diagnóstico previo de esquizofrenia no excluye el
diagnóstico.
F62.8 Otras transformaciones persistentes de la personalidad
Incluye: Trastorno
de la personalidad persistente tras experiencias no mencionadas en F62.0 y
F62.1, tales como el trastorno de la personalidad en el dolor crónico (psicosíndrome
algógeno) y transformación persistente de la personalidad por duelo.
F62.9 Transformación persistente de la personalidad sin especificación
F63
Trastornos de los hábitos y del control de los impulsos
Incluye ciertos
trastornos de comportamiento que no son clasificables en otros apartados. Están
caracterizados por actos repetidos que no tienen una motivación racional clara y
que generalmente dañan los intereses del propio enfermo y de los demás. El
enfermo suele decir que el comportamiento se acompaña de impulsos a la acción
que no pueden ser controlados La etiología de estos trastornos no está clara y
se agrupan juntos debido a las grandes semejanzas descriptivas, pero no porque
se sepa que comparten cualquier otro rasgo importante.
F63.0 Ludopatía
Este trastorno
consiste en la presencia de frecuentes y reiterados episodios de juegos de
apuestas, los cuales dominan la vida del enfermo en perjuicio de los valores y
obligaciones sociales, laborales, materiales y familiares del mismo.
Los afectados por
este trastorno pueden arriesgar su empleos, acumular grandes deudas, mentir o
violar la ley para obtener dinero o evadir el pago de sus deudas. Los enfermos
describen la presencia de un deseo imperioso e intenso a jugar que es difícil de
controlar, junto con ideas e imágenes insistentes del acto del juego y de las
circunstancias que lo rodean. Estas preocupaciones e impulsos suelen aumentar en
momentos en los que la vida se hace más estresante.
Este trastorno es
también llamado juego compulsivo, pero este término es menos adecuado debido a
que el comportamiento no es compulsivo en el sentido técnico ni el trastorno
está relacionado con los trastornos obsesivo-compulsivos.
Pautas para el
diagnóstico
El rasgo esencial
es la presencia de: Un jugar apostando de un modo constante y reiterado que
persiste y a menudo se incrementa a pesar de sus consecuencias sociales adversas
tales como pérdida de la fortuna personal, deterioro de las relaciones
familiares y situaciones personales críticas.
Incluye:
Juego compulsivo.
Juego patológico.
Ludomanía.
F63.1 Piromanía
Comportamiento
caracterizado por la reiteración de actos o intentos de prender fuego a las
propiedades u otros objetos, sin motivo aparente junto con una insistencia
constante sobre temas relacionados con el fuego y la combustión. Estas personas
pueden estar también interesadas de un modo anormal por coches de bomberos u
otros equipos de lucha contra el fuego, con otros temas relacionados con los
incendios y en hacer llamadas a los bomberos.
Pautas para el
diagnóstico
a)
Prender fuego repetidamente sin motivo aparente, tal como sería obtener una
ganancia monetaria, venganza o extremismo político.
b) Intenso interés en observar la combustión del fuego.
c) La referencia a sentimientos de aumento de tensión antes del acto y de
una excitación emocional intensa inmediatamente después de que se ha llevado a
cabo.
F63.2 Cleptomanía
Trastorno que se
caracteriza porque el individuo reiteradamente fracasa en el intento de resistir
los impulsos de robar objetos que no se utilizan para un uso personal o por
fines lucrativos. Por el contrario los objetos pueden desecharse, regalarse o
esconderse.
Pautas para el
diagnóstico
El enfermo suele
describir una sensación de tensión emocional antes del acto y una sensación de
gratificación durante e inmediatamente después. A pesar de que suele llevarse a
cabo un cierto esfuerzo por esconderse, no se aprovechan todas las ocasiones
para hacerlo. El robar es un acto solitario, que no se lleva a cabo con
cómplices. El enfermo puede presentar entre los episodios de robar en las
tiendas (u otros locales) ansiedad, abatimiento y culpabilidad, lo que no impide
su repetición. Los casos que abarca esta descripción y que no son secundarios a
uno de los trastornos citados abajo, son poco frecuentes.
F63.3 Tricotilomanía
Trastorno
caracterizado por una pérdida apreciable de cabello debida al fracaso reiterado
para resistir los impulsos de arrancarse el pelo. Este comportamiento suele ser
precedido por un aumento de tensión y se sigue de una sensación de alivio o
gratificación. Este diagnóstico no debe hacerse si existe previamente una
inflamación de la piel o si el pelo es arrancado como respuesta a una idea
delirante o a una alucinación.
Excluye:
Movimientos estereotipados (de estirarse del pelo) (F98.4).
F63.8 Otros trastornos de los hábitos y del control de los impulsos
Esta categoría debe
usarse para otra clase de comportamiento desadaptativo, repetido y persistente,
no secundario a un síndrome psiquiátrico reconocido y en el cual el enfermo
fracasa repetidamente en su intento de resistirse a los impulsos de llevarlo a
cabo. Además hay un período prodrómico de tensión y un sentimiento de alivio en
el momento de realizar el acto.
Incluye: Trastorno
explosivo intermitente.
F63.9 Trastorno de los hábitos y del control de los impulsos sin especificación
F64
Trastornos de la identidad sexual
F64.0 Transexualismo
Consiste en el
deseo de vivir y ser aceptado como un miembro del sexo opuesto, que suele
acompañarse por sentimientos de malestar o desacuerdo con el sexo anatómico
propio y de deseos de someterse a tratamiento quirúrgico u hormonal para hacer
que el propio cuerpo concuerde lo más posible con el sexo preferido.
Pautas para el
diagnóstico
La identidad
transexual debe haber estado presente constantemente por lo menos durante dos
años y no ser un síntoma de otro trastorno mental, como esquizofrenia, o
acompañar a cualquier anomalía intersexual, genética o de los cromosomas
sexuales.
F64.1 Transvestismo no fetichista
Consiste en llevar
ropas del sexo opuesto durante una parte de la propia existencia a fin de
disfrutar de la experiencia transitoria de pertenecer al sexo opuesto, pero sin
ningún deseo de llevar a cabo un cambio de sexo permanente y menos aún de ser
sometido a una intervención quirúrgica para ello. Debe ser distinguido del
transvestismo fetichista, en el que hay una excitación sexual acompañando a
estas experiencias de cambio de vestido (F65.1).
Incluye: Trastorno
de la identidad sexual en la adolescencia o en la edad adulta de tipo no
transexual.
Excluye:
Transvestismo fetichista (F65.1).
F64.2 Trastorno de la identidad sexual en la infancia
Se trata de
trastornos que suelen manifestarse por primera vez durante la primera infancia
(siempre mucho antes de la pubertad) caracterizados por un malestar intenso y
persistente debido al sexo propio, junto al deseo (o insistencia) de pertenecer
al sexo opuesto. Hay una preocupación constante con el vestido o las actividades
del sexo opuesto o un rechazo hacia el propio sexo. Se cree que estos trastornos
son relativamente raros y no deben confundirse con la falta de conformidad con
el papel sexual socialmente aceptado, que es mucho más frecuente. El diagnóstico
del trastorno de la identidad sexual en la infancia requiere una profunda
alteración en el sentimiento normal de masculinidad o feminidad. No es
suficiente la simple masculinización de los hábitos en las chicas o el
afeminamiento en los chicos. El diagnóstico no puede realizarse cuando el
individuo ha alcanzado la pubertad.
Debido a que el trastorno de identidad sexual en la infancia tiene muchos rasgos
en común con otros trastornos de la identidad de esta sección, se ha considerado
más conveniente clasificarlo en F64.- en lugar de F90-F98.
Pautas para el
diagnóstico
La característica
diagnóstica esencial es el deseo general y persistente del enfermo de ser (o
insistencia de que se es) del sexo opuesto al propio, junto a un intenso rechazo
del comportamiento, atributos y atuendos del mismo. Se manifiesta por primera
vez durante los años preescolares. Para poder ser diagnosticado debe haber
aparecido antes de la pubertad. En ambos sexos puede existir, aunque es muy raro
el rechazo de las estructuras anatómicas del propio sexo. Lo más típico es que
los niños con un trastorno de la identidad sexual nieguen sentirse afectados por
él, aunque pueden sentir malestar debido al conflicto generado por las
expectativas de su familia o compañeros y por las burlas o rechazo al cual
pueden estar sometidos.
Estos trastornos
han sido mejor estudiados en chicos que en chicas. Lo más característico es que
desde los años de preescolar los chicos se interesan por juegos y otras
actividades que corrientemente se asocian con mujeres y suele haber una
preferencia por vestirse con atuendos femeninos. Sin embargo, este transvestismo
no es causa de excitación sexual (a diferencia del transvestismo fetichista en
adultos, F65.1). Puede existir un intenso deseo de participar en los juegos y
pasatiempos de las chicas y las muñecas son un juguete favorito y por lo general
prefieren a las chicas como compañeros de juego. El ostracismo social tiende a
presentarse durante los primeros años de la escolarización y tiende a alcanzar
su máximo en la segunda infancia, con la presencia de bromas humillantes por
parte de los compañeros. El comportamiento abiertamente femenino pueden
disminuir durante la adolescencia temprana pero los estudios de seguimiento
demuestran que de un tercio a dos tercios de los chicos con un trastorno de la
identidad sexual en la infancia presentan una orientación homosexual durante la
adolescencia y después de ella. Sin embargo, muy pocos presentan transexualismo
en la vida adulta (aunque muchos adultos con transexualismo refieren haber
presentado problemas de identidad sexual en la infancia).
En estudios
clínicos, los trastornos de la identidad sexual son menos frecuentes en chicas
que en chicos pero no se sabe si esta proporción se mantiene en la población
general. Tanto en chicas como en el caso de los chicos, existe a menudo un
interés temprano hacia formas de conducta características del sexo opuesto. Las
chicas con este trastorno suelen tener compañeros de juego masculinos y
demuestran un ávido interés en deportes y juegos rudos. En cambio no demuestran
interés en muñecas o por representar papeles femeninos en juegos tales como
"papas y mamas" o "las casitas". Las chicas con un trastorno de la identidad
sexual tienden a no padecer el mismo grado de ostracismo social que los chicos,
aunque pueden padecer burlas en la infancia tardía y la adolescencia. La mayoría
abandonan su insistencia exagerada por actividades y atuendos masculinos a
medida que se acercan a la adolescencia pero mantienen una identificación
masculina y continúan presentando una orientación homosexual en la vida adulta.
En raras ocasiones
un trastorno de la identidad sexual puede presentarse asociado a un rechazo
persistente de las estructuras anatómicas del sexo propio. En chicas este hecho
se puede poner de manifiesto por afirmaciones repetidas de que tienen o va a
crecerles un pene, por un rechazo a orinar en posición sentada o por la
afirmación de que no quieren que les crezcan los pechos o les aparezca la
menstruación. Este trastorno puede manifestarse en chicos por afirmaciones
repetidas de que su desarrollo somático será el de una mujer, de que el pene y
los testículos son repugnantes o que desaparecerán o que sería mejor no tener
pene o testículos.
Excluye:
Orientación sexual egodistónica (F66.1).
Trastornos de la maduración sexual (F66.0).
F64.8 Otros trastornos de la identidad sexual
F64.9 Trastornos de la identidad sexual sin especificación
Incluye: Trastorno
del papel sexual sin especificación.
F65
Trastornos de la inclinación sexual
Incluye: Parafilias.
Excluye: Problemas asociados con la orientación sexual (F66.-).
F65.0 Fetichismo
Consiste en la
dependencia de algún objeto inerte como estímulo para la excitación y la
gratificación sexuales. Muchos fetiches son extensiones del cuerpo humano tales
como artículos de ropa o calzado. Otros objetos frecuentes se caracterizan por
alguna textura particular como la goma, el plástico o el cuero. La importancia
de los fetiches varía según el individuo. En algunos casos sirven simplemente
como refuerzo de la excitación sexual conseguida por medios ordinarios (por
ejemplo, haciendo que la pareja lleve una determinada vestimenta).
Pautas para el
diagnóstico
El fetichismo se
diagnosticará sólo si el fetiche es la fuente más importante de estimulación
sexual o si es esencial para la respuesta sexual satisfactoria.
Las fantasías
fetichistas son frecuentes, pero no configuran un trastorno a no ser que lleven
a rituales que sean tan apremiantes e inaceptables como para interferir con la
relación sexual y causar un malestar individual.
El fetichismo se
presenta casi exclusivamente en varones.
F65.1 Transvestismo fetichista
Consiste en llevar
ropas del otro sexo con el objetivo principal de obtener excitación sexual.
Pautas para el
diagnóstico
Este trastorno debe
distinguirse del fetichismo simple en el sentido de que los objetos fetichistas
o las ropas no sólo se llevan, sino que se llevan para crear la apariencia de
ser una persona del sexo opuesto. Normalmente se lleva más de un artículo y a
menudo una vestimenta completa incluso con peluca y maquillaje. El transvestismo
fetichista se distingue del transvestismo transexual por su clara asociación con
la excitación sexual y con el fuerte deseo de quitarse la ropa una vez que se
alcanza el orgasmo y la excitación sexual declina. Generalmente en los
transexuales hay antecedentes de transvestismo fetichista como fase anterior y
probablemente en estos casos representa una etapa del desarrollo del
transexualismo.
Incluye: Fetichismo
transvestista.
F65.2 Exhibicionismo
Consiste en una
tendencia persistente o recurrente a exponer los órganos genitales a extraños
(normalmente del sexo opuesto) o a gente en lugares públicos, sin incitarlos o
intentar un contacto más íntimo. Normalmente, aunque no siempre, suele haber una
excitación sexual durante el período de la exposición y el acto suele terminar
en una masturbación. Esta tendencia puede dar lugar a un comportamiento que se
manifiesta sólo en períodos de crisis o de tensiones emocionales, separados por
otros períodos en los cuales está ausente el comportamiento exhibicionista.
Pautas para el
diagnóstico
El exhibicionismo
se limita prácticamente a varones heterosexuales, que se exhiben a mujeres
adultas o adolescentes, normalmente confrontándolas, desde una distancia de
seguridad, en lugares públicos. Para algunos el exhibicionismo es su única
descarga sexual, pero otros simultanean este comportamiento con una vida sexual
activa, con relaciones de larga duración, a pesar de que sus impulsos
exhibicionistas pueden ejercer una mayor presión en momentos de conflicto en sus
relaciones. La mayoría de los exhibicionistas encuentran que sus impulsos son
difíciles de controlar y son vivenciados como propios. Si el testigo se
sorprende, asusta o impresiona, suele aumentar la excitación del exhibicionista.
F65.3 Escoptofilia (voyeurismo)
Se trata de una
tendencia persistente o recurrente a mirar a personas comprometidas en una
actividad sexual o íntima, como desnudarse, lo que lleva normalmente a una
excitación sexual y a una masturbación, que se realiza sin que se sea observado
por las otras personas.
F65.4 Paidofilia
Se trata de una
preferencia sexual por los niños, normalmente de edad prepuberal o de la
pubertad temprana. Algunos de los afectados sienten atracción únicamente por la
chicas, otros únicamente por los chicos y otros están interesados por ambos
sexos.
La paidofilia se
presenta raramente en mujeres. Los contactos entre adultos y adolescentes
sexualmente maduros es algo socialmente reprobado, en especial si los que
intervienen son del mismo sexo, pero esto no se acompaña necesariamente de
paidofilia. Un incidente aislado, en especial si el que lo lleva a cabo es un
adolescente, no es signo de la presencia de la tendencia persistente o
predominante que se requiere para el diagnóstico. No obstante, entre los
afectados de paidofilia, hay varones que manifiestan una preferencia por una
relación de pareja sexual adulta, pero que debido a que hay reiteradas
frustraciones en sus intentos de contactos adecuados, los han sustituido de
manera habitual por niños. Los varones que abusan sexualmente de sus propios
hijos prepuberales suelen abordar en ocasiones también a otros niños, pero en
ninguno de estos casos hay nada más en su comportamiento que sugiera una
paidofilia.
F65.5 Sadomasoquismo
Consiste en una
preferencia por actividades sexuales que implican el infringir dolor,
humillación o esclavitud. Si el enfermo prefiere ser el receptor de tales
estimulaciones entonces se denomina masoquismo; si es el que lo ocasiona, se
trata entonces de sadismo. A menudo un individuo obtiene excitación sexual tanto
de actividades sádicas como de masoquistas.
Es frecuente que se
utilicen grados leves de estimulación sadomasoquista para potenciar una
actividad sexual que por lo demás sería normal. Esta categoría debe ser
únicamente utilizada si la actividad sadomasoquista es la fuente más importante
para la estimulación o si es necesaria para la gratificación sexual.
El sadismo sexual
es difícil de distinguir de la crueldad en situaciones sexuales o de la cólera
no relacionada con el erotismo. El diagnóstico puede hacerse con claridad cuando
la violencia es necesaria para la excitación sexual.
Incluye:
Masoquismo.
Sadismo.
F65.6 Trastornos múltiples de la inclinación sexual
Se incluyen aquí
los casos de personas con más de un trastorno de la inclinación sexual pero
ninguno de ellos predomina. La combinación más frecuente es la de fetichismo,
transvestismo y sadomasoquismo.
F65.8 Otros trastornos de la inclinación sexual
Se incluyen aquí
diferentes formas de inclinaciones sexuales y actividades consiguientes que son
todos ellos relativamente poco frecuentes. Entre ésta están el hacer llamadas
telefónicas obscenas, el frotarse contra otras personas para conseguir una
estimulación sexual ("froteurismo"), el intentarlo con animales ("bestialismo"),
el emplear la estrangulación o anoxia para intensificar la excitación sexual y
una preferencia por parejas con alguna anomalía anatómica especial, como un
miembro amputado.
Las practicas
eróticas son tan diversas y muchas de ellas son tan excepcionales o particulares
que no se justifica un epígrafe propio para cada una de ellas. La ingestión de
la orina, el untarse excrementos o perforarse el prepucio o los pezones, pueden
formar parte del repertorio sadomasoquista. Son frecuentes los rituales de
masturbación de varios tipos, pero las prácticas más extremas, tales como la
inserción de objetos en el recto o en la uretra peneana, o la autoestrangulación
parcial, cuando sustituyen otros tipos de contactos sexuales ordinarios,
alcanzan el grado de lo anormal. La necrofilia debe también ser codificada en
este apartado.
Incluye:
Froteurismo.
Necrofilia.
F65.9 Trastorno de la inclinación sexual sin especificación
Incluye: Desviación
sexual sin especificar.
F66
Trastornos psicológicos y del comportamiento del desarrollo y orientación
sexuales
F66.x0 Heterosexualidad.
F66.x1 Homosexualidad.
F66.x2 Bisexualidad
(sólo debe ser
utilizado cuando hay una clara evidencia de atracción sexual hacia miembros de
ambos sexos).
F66.x8 Otra, incluyendo las
prepuberales.
F66.0 Trastorno de la maduración sexual
El enfermo tiene
una falta de claridad sobre su identidad genérica o de su orientación sexual, lo
cual le produce ansiedad o depresión. Este trastorno se presenta con mayor
frecuencia en adolescentes que no están seguros sobre si su orientación es
homosexual, heterosexual o bisexual, o en individuos que después de un período
de orientación sexual aparentemente estable, a menudo tras una larga relación de
pareja, encuentran que su orientación sexual está cambiando.
F66.1 Orientación sexual egodistónica
En estos casos la
identidad genérica, la orientación sexual o la preferencia sexual no se pone en
duda, pero debido a la presencia de trastornos psicógenos o comportamentales, el
individuo desea que fuera diferente, lo que puede llevarle a buscar tratamiento
con el fin de cambiarlo.
F66.2 Trastorno de la relación sexual
El trastorno de la
identidad genérica o de inclinación sexual es responsable de dificultades para
formar o mantener una relación de pareja.
F66.8 Otros trastornos del desarrollo psicosexual
F66.9 Trastorno del desarrollo psicosexual sin especificación
F68
Otros trastornos de la personalidad y del comportamiento del adulto
F68.0 Elaboración psicológica de síntomas somáticos
Trastorno en el que
síntomas somáticos compatibles con un trastorno, enfermedad o incapacidad física
confirmadas y originalmente debidos a uno de ellos, son exagerados o prolongados
debido al estado psicológico del enfermo. Así se desarrolla un síndrome
comportamental de búsqueda de atención (histriónico) que a menudo incluye
también quejas que no son de origen somático (y por lo general no específicas).
El dolor o la incapacidad física producen malestar y a menudo preocupación, a
veces justificada, por la posibilidad de padecer un dolor o incapacidad
prolongados o progresivos. El trastorno puede justificarse a ojos del que lo
padece por la insatisfacción con el resultado del tratamiento o investigaciones
realizados o la decepción con el grado de atención personal recibida en medios
sanitarios. En algunos casos parece existir una clara motivación derivada de la
posibilidad de obtener indemnizaciones consecutivas a accidentes o lesiones. Sin
embargo, el síndrome no remite necesariamente con rapidez cuando el litigio ha
sido exitoso.
Incluye: Neurosis
de renta.
F68.1 Producción intencionada o fingimiento de síntomas o incapacidades
somáticas o psicológicas (trastorno ficticio)
Trastorno en el que
el enfermo finge síntomas de forma repetida y consistente, en ausencia de un
trastorno, enfermedad o incapacidad somática o mental confirmados. En el plano
somático el enfermo puede producirse a sí mismo cortes o erosiones para sangrar
o inyectarse a sí mismo sustancias tóxicas. La simulación del dolor y la
insistencia sobre el hecho de la presencia de sangre puede ser tan convincente y
persistente que conduzca a investigaciones e intervenciones repetidas en varios
hospitales o consultas diferentes, a pesar de la obtención de hallazgos
negativos repetidos.
La motivación de
este comportamiento es casi siempre oscura y es presumiblemente íntima y la
mejor interpretación de este cuadro es la de un trastorno caracterizado por
conducta de enfermedad y buscadora del papel de enfermo. Los enfermos con este
comportamiento presentan a menudo signos de otras anomalías marcadas de la
personalidad y de las relaciones con los demás.
Incluye:
Síndrome de Münchausen sin especificar.
"Paciente peregrinante".
Excluye:
Simulación (Z76.5).
Dermatitis artefacta (L98.1).
Münchausen por poderes (malos tratos en la infancia, T74.8).
Síndrome de malos tratos en la infancia (T74.1).
F68.8 Otros trastornos de la personalidad y del comportamiento del adulto
especificados
Esta categoría debe
usarse para codificar cualquier trastorno de la personalidad y del
comportamiento en adultos que no pueda ser encuadrado en ningún otro de los
apartados precedentes.
Incluye:
Trastorno del carácter sin especificar.
Trastorno de la relación sin especificar.
F69
Trastorno de la personalidad y del comportamiento del adulto sin especificación
Se debe usar este
código como último recurso, si se asume la presencia de un trastorno de la
personalidad y del comportamiento en un adulto, pero se carece de información
que permita su diagnóstico en una categoría específica.
F70-79 Retraso mental
El retraso mental
es un trastorno definido por la presencia de un desarrollo mental incompleto o
detenido, caracterizado principalmente por el deterioro de las funciones
concretas de cada época del desarrollo y que contribuyen al nivel global de la
inteligencia, tales como las funciones cognoscitivas, las del lenguaje, las
motrices y la socialización. El retraso mental puede acompañarse de cualquier
otro trastorno somático o mental. De hecho, los afectados de un retraso mental
pueden padecer todo el espectro de trastornos mentales y su prevalencia es al
menos tres o cuatro veces mayor en esta población que en la población general.
Además de esto, los individuos con retraso mental tienen un mayor riesgo de
sufrir explotación o abusos físicos y sexuales. La adaptación al ambiente está
siempre afectada, pero en un entorno social protegido, con el adecuado apoyo,
puede no ser significativa en enfermos con un retraso mental leve. Puede
recurrirse a un cuarto carácter para especificar el deterioro comportamental
presente, siempre que no sea debido a un trastorno concomitante:
F7x.0 Sin deterioro del comportamiento o con deterioro mínimo
F7x.1 Con deterioro del comportamiento importante que requiere atención o
tratamiento
F7x.8 Con otro deterioro del comportamiento
F7x.9 Sin alusión al deterioro del comportamiento
Pautas para el
diagnóstico
Para un diagnóstico
definitivo deben estar presentes un deterioro del rendimiento intelectual, que
da lugar a una disminución de la capacidad de adaptarse a las exigencias
cotidianas del entorno social normal. Los trastornos somáticos o mentales
asociados tienen una gran repercusión en el cuadro clínico y en el rendimiento.
La categoría diagnóstica elegida debe, por tanto, basarse en la evaluación de la
capacidad global, al margen de cualquier déficits de un área o de una capacidad
concretas. A continuación, y a modo de una guía que no debe ser aplicada de una
manera rígida debido a los problemas de la validez transcul-tural, se mencionan
los cocientes intelectuales (CI) correspondientes a cada categoría. Estas son
divisiones arbitrarias de un espectro complejo y no pueden ser definidas con
absoluta precisión. El CI debe determinarse mediante la aplicación individual de
tests de inteligencia estandarizados y adaptados a la cultura del enfermo. Los
tests adecuados deben seleccionarse de acuerdo con el nivel de funcionamiento
individual y las invalideces concretas adicionales, por ejemplo, por tener en
cuenta posibles problemas de la expresión del lenguaje, sordera y otros defectos
físicos. Las escalas de madurez social y de adaptación aportan una información
suplementaria siempre y cuando estén adaptados a la cultura del enfermo y pueden
completarse con entrevistas a los padres o a las personas que cuidan a estos
enfermos y que conocen la capacidad del enfermo para la actividad cotidiana.
F70
Retraso mental leve
Los individuos
afectos de retraso mental leve adquieren tarde el lenguaje, pero la mayoría
alcanzan la capacidad de expresarse en la actividad cotidiana, de mantener una
conversación y de ser abordados en una entrevista clínica. La mayoría de los
afectados llegan a alcanzar una independencia completa para el cuidado de su
persona (comer, lavarse, vestirse, controlar los esfínteres), para actividades
prácticas y para las propias de la vida doméstica, aunque el desarrollo tenga
lugar de un modo considerablemente más lento de lo normal. Las mayores
dificultades se presentan en las actividades escolares y muchos tienen problemas
específicos en lectura y escritura. Sin embargo, las personas ligeramente
retrasadas pueden beneficiarse de una educación diseñada de un modo específico
para el desarrollo de los componentes de su inteligencia y para la compensación
de sus déficits. La mayoría de los que se encuentran en los límites superiores
del retraso mental leve pueden desempeñar trabajos que requieren aptitudes de
tipo práctico, más que académicas, entre ellas los trabajos manuales
semicualificados. En un contexto sociocultural en el que se ponga poco énfasis
en los logros académicos, cierto grado de retraso leve puede no representar un
problema en sí mismo. Sin embargo, si existe también una falta de madurez
emocional o social notables, pueden presentarse consecuencias del déficit, por
ejemplo, para hacer frente a las demandas del matrimonio o la educación de los
hijos o dificultades para integrarse en las costumbres y expectativas de la
propia cultura.
En general, las
dificultades emocionales, sociales y del comportamiento de los enfermos con
retraso mental leve, así como las necesidades terapéuticas y de soporte
derivadas de ellos, están más próximas a las que necesitan las personas de
inteligencia normal que a los problemas específicos propios de los enfermos con
retraso mental moderado o grave.
Pautas para el
diagnóstico
Si se utilizan
tests de CI estandarizados de un modo adecuado el rango 50 al 69 corresponde a
un retraso mental leve. La comprensión y el uso del lenguaje tienden a tener un
retraso de grado diverso y se presentan problemas en la expresión del lenguaje
que interfieren con la posibilidad de lograr una independencia, y que puedan
persistir en la vida adulta. Sólo en una minoría de los adultos afectados puede
reconocerse una etiología orgánica. En un número variable de los afectados
pueden presentarse además otros trastornos tales como autismo, otros trastornos
del desarrollo, epilepsia, trastorno disocial o discapacidades somáticas.
Incluye:
Debilidad mental.
Subnormalidad mental leve.
Oligofrenia leve.
Morón.
F71
Retraso mental moderado
Los individuos
incluidos en esta categoría presentan una lentitud en el desarrollo de la
comprensión y del uso del lenguaje y alcanzan en este área un dominio limitado.
La adquisición de la capacidad de cuidado personal y de las funciones motrices
también están retrasadas, de tal manera que algunos de los afectados necesitan
una supervisión permanente. Aunque los progresos escolares son limitados,
algunos aprenden lo esencial para la lectura, la escritura y el cálculo. Los
programas educativos especiales pueden proporcionar a estos afectados la
oportunidad para desarrollar algunas de las funciones deficitarias y son
adecuados para aquellos con un aprendizaje lento y con un rendimiento bajo. De
adultos, las personas moderadamente retrasadas suelen ser capaces de realizar
trabajos prácticos sencillos, si las tareas están cuidadosamente estructuradas y
se les supervisa de un modo adecuado. Rara vez pueden conseguir una vida
completamente independiente en la edad adulta. Sin embargo, por lo general,
estos enfermos son físicamente activos y tienen una total capacidad de
movimientos. La mayoría de ellos alcanza un desarrollo normal de su capacidad
social para relacionarse con los demás y para participar en actividades sociales
simples.
Pautas para el
diagnóstico
El CI está
comprendido entre 35 y 49. En este grupo lo mas frecuente es que haya
discrepancias entre los perfiles de rendimiento y así hay individuos con niveles
más altos para tareas viso-espaciales que para otras dependientes del lenguaje,
mientras que otros son marcadamente torpes, pero son capaces de participar en
relaciones sociales o conversaciones simples. El nivel de desarrollo del
lenguaje es variable, desde la capacidad para tomar parte en una conversación
sencilla hasta la adquisición de un lenguaje sólo suficiente para sus
necesidades prácticas. Algunos nunca aprenden a hacer uso del lenguaje, aunque
pueden responder a instrucciones simples. Algunos aprenden a gesticular con las
manos para compensar, hasta cierto grado, los problemas del habla. En la mayoría
de los que se incluyen en esta categoría puede reconocerse una etiología
orgánica. En una proporción pequeña pero significativa están presentes un
autismo infantil o trastornos del desarrollo, los cuales tienen una gran
repercusión en el cuadro clínico y en el tipo de tratamiento necesario. También
son frecuentes la epilepsia, los déficits neurológicos y las alteraciones
somáticas, sobre todo en los retrasos mentales moderados, a pesar de lo cual la
mayoría pueden llegar a ser capaces de caminar sin ayuda. Algunas veces es
posible identificar otros trastornos psiquiátricos, pero el escaso nivel del
desarrollo del lenguaje hace difícil el diagnóstico, que puede tener que basarse
en la información obtenida de terceros.
Incluye:
Imbecilidad.
Subnormalidad mental moderada.
Oligofrenia moderada.
F72
Retraso mental grave
Tanto el cuadro
clínico, como la etiología orgánica y la asociación con otros trastornos son
similares a los del retraso mental moderado, siendo lo más frecuente en este
grupo unas adquisiciones de nivel mas bajos que los mencionados en F71. Muchas
personas dentro de esta categoría padecen un grado marcado de déficit motor o de
la presencia de otros déficits que indica la presencia de un daño o una anomalía
del desarrollo del sistema nervioso central, de significación clínica.
Pautas para el
diagnóstico
El CI está
comprendido entre 20 y 34.
Incluye:
Subnormalidad mental grave.
Oligofrenia grave.
F73
Retraso mental profundo
El cociente
intelectual en esta categoría es inferior a 20, lo que significa en la práctica
que los afectados están totalmente incapacitados para comprender instrucciones o
requerimientos o para actuar de acuerdo con ellas. La mayoría tienen una
movilidad muy restringida o totalmente inexistente, no controlan esfínteres y
son capaces en el mejor de los casos sólo de formas muy rudimentarias de
comunicación no verbal. Poseen una muy limitada capacidad para cuidar sus
necesidades básicas y requieren ayuda y supervisión constantes.
Pautas para el
diagnóstico
El CI es inferior a
20. La comprensión y la expresión del lenguaje, se limitan, en el mejor de los
casos, a la comprensión de órdenes básicas y a hacer peticiones simples. Pueden
adquirir las funciones viso-espaciales más básicas y simples como las de
comparar y ordenar, y ser capaces, con una adecuada supervisión y guía, de una
pequeña participación en las tareas domésticas y prácticas. En la mayoría de los
casos puede ponerse de manifiesto una etiología orgánica. Lo mas frecuente es
que se acompañen de déficits somáticos o neurológicos graves que afectan a la
motilidad, de epilepsia o de déficits visuales o de audición. También es muy
frecuente la presencia de trastornos generalizados del desarrollo en sus formas
más graves, en especial de autismo atípico, sobre todo en aquellos casos que son
capaces de caminar.
Incluye:
Idiocia.
Subnormalidad mental profunda.
Oligofrenia profunda.
F78
Otro retraso mental
Esta categoría debe
usarse sólo cuando la evaluación del grado de retraso intelectual es
especialmente difícil o imposible de establecer mediante los procedimientos
habituales debido a la presencia de déficits sensoriales o físicos, tales como
ceguera, sordomudez, y en personas con trastornos graves del comportamiento e
incapacidad física.
F79
Retraso mental sin especificación
En estos casos hay
evidencia de un retraso mental, pero con información insuficiente como para
asignar al enfermo una de las categorías anteriores.
Incluye:
Deficiencia mental sin especificación.
Subnormalidad mental sin especificación.
Oligofrenia sin especificación.
F80-89 Trastornos del desarrollo psicológico
Los trastornos
incluidos en F80-F89 tienen en común las siguientes características:
a)
Comienzo siempre en la primera o segunda infancia.
b) Deterioro o retraso del desarrollo de las funciones que están
íntimamente relacionadas con la maduración biológica del sistema nervioso
central.
c) Curso estable que no se ve afectado por las remisiones y recaídas que
tienden a ser características de muchos trastornos mentales.
En la mayoría de
los casos las funciones afectadas son el lenguaje, el rendimiento de las
funciones viso-espaciales o de coordinación de movimientos.
F80
Trastornos específicos del desarrollo del habla y del lenguaje
En estos trastornos
las pautas normales de adquisición del lenguaje están alteradas desde estadios
tempranos-del desarrollo. Estos trastornos no son directamente atribuibles ni a
anomalías neurológicas o de los mecanismos del lenguaje, ni a deterioros
sensoriales, retraso mental o factores ambientales. Aunque el niño pueda ser
capaz de comprender y comunicarse en ciertas situaciones muy familiares, más que
en otras, la capacidad de lenguaje es deficitaria en todas las circunstancias.
F80.0 Trastorno específico de la pronunciación
Se trata de un
trastorno específico del desarrollo en el que la pronunciación de los fonemas
por parte del niño está a un nivel inferior al adecuado a su edad mental, pero
en el que el nivel es normal para el resto de las funciones del lenguaje.
Pautas para el
diagnóstico
La edad a la que se
domina la pronunciación de los fonemas y el orden del desarrollo de la
adquisición de los mismos, tiene variaciones individuales considerables.
Desarrollo
normal: A los cuatro años de edad
son normales errores en la pronunciación de los fonemas, pero el niño es capaz
de hacerse comprender fácilmente por extraños. A los 6-7 años de edad ya se han
adquirido la mayor parte de los fonemas, aunque pueden persistir dificultades
para ciertas combinaciones de sonido, lo cual no implica problemas para la
comunicación. A los 11-12 años el dominio de casi todos los fonemas es completo.
Desarrollo
anormal: Tiene lugar cuando el niño
adquiere los fonemas de un modo retrasado o desviado, lo que le lleva a
pronunciar mal, con las consiguientes dificultades para hacerse comprender. Se
presentan omisiones, distorsiones o sustituciones de los fonemas del habla e
inconsistencias en la pronunciación de sonidos coincidentes (por ejemplo, el
niño puede pronunciar correctamente fonemas en algunas posiciones de palabras
pero no en otras).
El diagnóstico debe
hacerse únicamente cuando la gravedad del trastorno de pronunciación excede los
límites normales teniendo en cuenta la edad mental del niño, cuando la
inteligencia no verbal está en un rango normal, cuando las funciones del
lenguaje expresivo y receptivo estén dentro de los límites normales y, cuando
las anomalías de la pronunciación no puedan ser directamente atribuidas a una
anomalía sensorial, estructural o neurológica y cuando los fallos de la
pronunciación sean claramente anormales en el contexto de los usos coloquiales
del entorno socio-cultural del niño.
Incluye:
Trastorno del desarrollo de la articulación del lenguaje.
Trastorno funcional de la articulación del lenguaje.
Lambdacismo.
Dislalia.
Trastornos del desarrollo fonológico.
Excluye:
Trastornos de la articulación debidos a: Hendidura palatina y otras anomalías
fonatorias implicadas con el habla (Q35-Q38).
Apraxia (R48.2).
Disfasia o ataxia sin especificación (R47.0).
Pérdidas de audición (H90-H91).
Retraso mental (F70-F79).
Déficits de la articulación que acompañan a trastornos del desarrollo de la
expresión del lenguaje (F80.1).
Déficits de la articulación que acompañan a trastornos del desarrollo de la
recepción del lenguaje (F80.2).
F80.1 Trastorno de la expresión del lenguaje
Se trata de un
trastorno específico del desarrollo en el que la capacidad del niño para la
expresión del lenguaje oral es marcadamente inferior al nivel adecuado a su edad
mental, pero en el que la comprensión del lenguaje está dentro de los límites
normales. Puede haber o no alteraciones de la pronunciación.
Pautas para el
diagnóstico
Aunque existe una
considerable variación individual del desarrollo normal del lenguaje, la
ausencia de la expresión de palabras simples (o aproximaciones de palabras)
alrededor de los dos años y el fracaso en la elaboración de frases sencillas de
dos palabras hacia los tres años, deben ser tomados como indicios significativos
de un retraso. Más tarde se presenta una limitación del desarrollo del
vocabulario, un recurso al uso excesivo de un escaso número de palabras
generales, dificultades en la elección de las palabras adecuadas, la sustitución
de unas palabras por otras, la utilización de frases cortas, la estructuración
inmadura de las frases, errores sintácticos, en especial omisiones de sufijos o
prefijos y errores u omisiones de elementos gramaticales concretos, tales como
preposiciones, pronombres, artículos, formas verbales y derivados de
sustantivos. Pueden presentarse también generalizaciones incorrectas de reglas
gramaticales y también una falta de fluidez de las frases o de la capacidad de
ordenar adecuadamente en el tiempo acontecimientos pasados. Es frecuente que los
déficits del lenguaje hablado se acompañen de retrasos o anomalías en la
pronunciación de los fonemas que forman las palabras.
El diagnóstico debe
hacerse únicamente cuando la gravedad del retraso del desarrollo del lenguaje
expresivo exceda los límites de la variación normal y cuando la comprensión del
lenguaje está dentro de los límites normales para la edad del niño (aunque a
menudo el lenguaje receptivo puede estar en algunos aspectos por debajo de lo
normal). El recurso a signos no verbales (sonrisas y gestos) y el lenguaje
interior (imaginación y juegos de la fantasía) están relativamente intactos, así
como la capacidad para la comunicación no verbal en sociedad. A pesar del
déficit del lenguaje, el niño intenta comunicarse y tiende a compensar la
carencia lingüística mediante el uso de expresiones demostrativas, de gestos, de
la mímica y de vocalizaciones no lingüísticas. Sin embargo, no son raras las
dificultades de las relaciones con los compañeros, los problemas emocionales, el
comportamiento desorganizado o hipercinético y déficits de la atención. En una
pequeña parte de los casos puede presentarse una pérdida auditiva parcial (a
menudo selectiva) concomitante, pero ésta no es de una gravedad suficiente como
para justificar el retraso del lenguaje. La participación inadecuada en las
conversaciones o una privación ambiental más general, pueden jugar un papel
importante o contribuir significativamente a la génesis del trastorno de la
expresión del lenguaje.
Incluye:
Disfasia o afasia del desarrollo (de tipo expresivo).
Excluye:
Disfasia o afasia del desarrollo de tipo receptivo (F80.2).
Trastornos generalizados del desarrollo (F84.-).
Afasia adquirida con epilepsia (síndrome de Landau-Kleffner) (F80.3).
Mutismo selectivo (F94.0).
Retraso mental (F70-F79).
Disfasia o afasia sin especificación (R47.0).
F80.2 Trastorno de la comprensión del lenguaje
Se trata de un
trastorno específico del desarrollo en el que la comprensión del lenguaje por
parte del niño es inferior al nivel adecuado a su edad mental. Prácticamente en
todos los casos existe además un deterioro notable de la expresión del lenguaje
y son frecuentes las alteraciones en la pronunciación de los fonemas.
Pautas para el
diagnóstico
Deben tenerse en
cuenta los siguientes indicios de retraso: un fracaso para responder a nombres
familiares (en ausencia de claves no verbales) hacia el duodécimo mes de la vida
y la incapacidad para reconocer los nombres de al menos algunos objetos
corrientes a los 18 meses y para llevar a cabo instrucciones simples y
rutinarias a la edad de dos años. Mas tarde se presentan otras dificultades,
tales como incapacidad de comprensión de ciertas formas gramaticales (negativas,
interrogativas, comparativas, etc.) y falta de comprensión de los aspectos más
sutiles del lenguaje (tono de voz, gestos, etc.).
El diagnóstico debe
hacerse sólo cuando la gravedad del retraso de la comprensión del lenguaje
excede los límites de la variación normal para la edad del niño, cuando la
inteligencia no verbal está dentro de los límites normales y cuando no se
satisfacen las pautas del trastorno generalizado del desarrollo. En casi todos
los casos está también retrasado de un modo muy importante el desarrollo de la
expresión del lenguaje y son frecuentes las alteraciones de la pronunciación de
los fonemas. De todas las variedades de trastornos específicos del desarrollo
del habla y el lenguaje, ésta es la que más suele acompañarse de problemas
sociales, emocionales y del comportamiento, los cuales no tienen ninguna forma
específica, pero son relativamente frecuentes la hipercinesia y los déficits de
atención, la inadaptación social y el aislamiento de los compañeros, la
ansiedad, la hipersensibilidad y la excesiva timidez. Los niños que presentan
las formas más graves de trastorno de la comprensión del lenguaje pueden
presentar un cierto retraso de su desarrollo social, pueden imitar un lenguaje
que no comprenden y pueden tener intereses muy limitados. Sin embargo, se
diferencian de los niños autistas en que normalmente son capaces de participar
en una interacción social y en representaciones lúdicas normales, de conseguir
respuestas de los padres para satisfacer sus necesidades, de recurrir casi
normalmente a la mímica y presentar sólo leves déficits en la comunicación no
verbal. No es raro cierto grado de pérdida auditiva para los tonos altos, pero
sin que el grado de sordera llegue a ser suficiente como para justificar el
déficit del lenguaje.
Incluye:
Afasia o disfasia del desarrollo tipo receptivo.
Sordera verbal.
Agnosia auditiva congénita.
Afasia del desarrollo de Wernicke.
Excluye:
Afasia adquirida con epilepsia (síndrome de Landau-Kleffner, F80.3).
Autismo (F84.0, F84.1).
Mutismo selectivo (F94.0).
Retraso mental (F70-F79).
Retraso del lenguaje secundario a sordera (H90-H91).
Disfasia o afasia sin especificación (R47.0).
Disfasia o afasia tipo expresivo (F80.1).
F80.3 Afasia adquirida con epilepsia (síndrome de Landau-Kleffner)
Se trata de un
trastorno en el que el niño, habiendo progresado de un modo normal en la
adquisición del lenguaje, pierde la capacidad de comprensión y de expresión del
mismo, pero conserva la inteligencia general. La aparición del trastorno se
acompaña de anomalías paroxísticas en el electroencefalograma (casi siempre en
los lóbulos temporales, normalmente de un modo bilateral, pero con frecuencia
con un trastorno disrítmico más generalizado) y en la mayoría de los casos
también de ataques epilépticos. La aparición suele tener lugar entre los tres y
los siete años de edad, pero puede tener lugar antes o después, durante la
infancia. En la cuarta parte de los casos la pérdida de lenguaje tiene lugar de
manera gradual durante un período de varios meses, pero lo más frecuente es que
la pérdida sea brusca, en el curso de días o semanas. La relación temporal entre
la aparición de los ataques y de la pérdida del lenguaje suele ser variable,
precediendo unos a la otra o viceversa, con un intervalo de varios meses a dos
años. Es muy característico que el deterioro de la comprensión del lenguaje sea
profundo, y que las dificultades para la comprensión de los sonidos sean la
primera manifestación de este trastorno. Algunos niños enmudecen totalmente,
otros limitan su expresión a una jerga particular, mientras que otros presentan
déficits más leves en la expresión y fluidez verbales, a menudo acompañados por
disartria. En algunos casos se presenta una afectación de la calidad de la
vocalización, con una pérdida de las inflexiones normales. A veces, en las fases
tempranas del trastorno, parece fluctuar la afectación de las funciones del
habla. En los meses posteriores a la pérdida inicial del lenguaje son bastante
frecuentes los trastornos del comportamiento y los emocionales, pero éstos
tienden a mejorar a medida que el niño adquiere algún medio de comunicación.
Excluye:
Afasia adquirida secundaria a un traumatismo, tumor u otra patología cerebral
conocida. Otro trastorno desintegrativo de la infancia (F84.3).
Autismo (F84.0, F84.1).
F80.8 Otros trastornos del desarrollo del habla y del lenguaje
Incluye:
Ceceo.
Balbuceo.
F80.9 Trastorno del desarrollo del habla y del lenguaje sin especificación
Trastornos sin
especificación en los que haya un deterioro significativo del desarrollo del
habla o del lenguaje que no puedan explicarse por un retraso mental o por un
déficit neurológico, sensorial o somático que afecten directamente al habla o al
lenguaje.
Incluye: Trastorno
del lenguaje sin especificación.
F81
Trastornos específicos del desarrollo del aprendizaje escolar
Son trastornos en
los que desde los primeros estadios del desarrollo están deterioradas las formas
normales del aprendizaje. El deterioro no es únicamente consecuencia de la falta
de oportunidades para aprender, ni es la consecuencia de traumatismos o
enfermedades cerebrales adquiridos. Por el contrario, los trastornos surgen de
alteraciones de los procesos cognoscitivos, en gran parte secundarias a algún
tipo de disfunción biológica. Al igual que la mayoría del resto de los
trastornos del desarrollo, estas alteraciones son considerablemente más
frecuentes en varones que en mujeres.
Los trastornos
específicos del desarrollo del aprendizaje escolar abarcan grupos de trastornos
que se manifiestan por déficits específicos y significativos del aprendizaje
escolar. Estos déficits del aprendizaje no son la consecuencia directa de otros
trastornos (como un retraso mental, déficits neurológicos importantes, problemas
visuales o auditivos sin corregir o trastornos emocionales), aunque pueden estar
presentes. Los trastornos específicos del desarrollo del aprendizaje escolar
suelen presentarse acompañados de otros síndromes (tales como trastornos de
déficit de atención o trastornos específicos del desarrollo del habla y el
lenguaje).
Pautas para el
diagnóstico
Primero, debe haber
un deterioro clínicamente significativo del rendimiento escolar específico,
valorado a partir de la gravedad definida por el nivel de escolaridad (por
ejemplo, por el nivel esperable en menos del tres por ciento de la población
infantil escolar), por la presencia de antecedentes (es decir si, las
dificultades escolares fueron precedidas en la edad preescolar por retrasos o
desviaciones del desarrollo, del habla o del lenguaje), por la presencia de
problemas concomitantes (déficits de atención, hipercinesia, problemas
emocionales o trastornos disociales), por formas o conjuntos específicos de
rasgos (es decir, por la presencia de anomalías cualitativas que no suelen
formar parte del desarrollo normal) y por la respuesta a intervenciones
concretas (las dificultades escolares no remiten rápida y correctamente tras
ayuda extra a la enseñanza en casa o en el colegio).
Segundo, el déficit
debe ser específico en el sentido de que no sea explicable por un retraso mental
o por déficits menores de la inteligencia general. Debido a que el CI y el
rendimiento escolar no son exactamente paralelos, esta distinción sólo puede
hacerse teniendo en cuenta los tests de CI y de rendimiento, estandarizados,
aplicados de forma individual, que sean adecuados para la cultura y el sistema
educativo del niño. Estos tests deben ser empleados junto con tablas
estadísticas que faciliten datos sobre el nivel medio de rendimiento esperado
para un CI a cualquier edad cronológica. Este último requisito es necesario por
la importancia de los efectos de la regresión estadística, por eso, es muy
probable que los diagnósticos basados en la sustracción de la edad de
rendimiento de la edad mental estén notablemente sesgados. Sin embargo, es poco
probable que, en la práctica clínica, la mayor parte de las veces se cumplan de
hecho estos requisitos y por lo tanto, la pauta clínica general es simplemente
que el nivel de rendimiento del niño sea considerablemente más bajo que el
esperado para su edad mental.
Tercero, el déficit
debe ser precoz, en el sentido de que debe haber estado presente desde el
comienzo de la educación y no haber sido adquirido con posterioridad. La
historia del progreso escolar del niño facilitará datos sobre este punto.
Cuarto, deben estar
ausentes factores externos que pudieran justificar suficientemente las
dificultades escolares. Como se indicó más arriba, el diagnóstico de los
trastornos específicos del desarrollo del aprendizaje escolar debe apoyarse en
general en la presencia positiva de un trastorno del rendimiento escolar
clínicamente significativo debido a factores intrínsecos del desarrollo del
niño. Sin embargo, para aprender con eficacia, los niños deben tener
oportunidades adecuadas. No obstante, si está claro que el bajo rendimiento
escolar se debe directamente a un absentismo escolar muy prolongado, sin
enseñanza en casa o a una educación totalmente inadecuada, los trastornos no
deben ser codificados aquí. Las ausencias frecuentes de la escuela o la
interrupción de la escolarización debidas a cambios en la escuela normalmente no
son suficientes para que se presente un retraso escolar del grado necesario para
el diagnóstico de los trastornos específicos del desarrollo del aprendizaje
escolar. Sin embargo, una escolarización escasa puede complicar o aumentar el
problema.
Por último, en
quinto lugar, los trastornos específicos del desarrollo del aprendizaje escolar
no pueden deberse directamente a déficits visuales o de audición no corregidos.
F81.0 Trastorno específico de la lectura
Déficit específico
y significativo del desarrollo de la capacidad de leer que no se explica por el
nivel intelectual, por problemas de agudeza visual o por una escolarización
inadecuada. Pueden estar afectadas la capacidad de comprensión de lectura, el
reconocimiento de palabras leídas, la capacidad de leer en voz alta y el
rendimiento en actividades que requieren leer. A menudo se presentan
dificultades de ortografía concomitantes con el trastorno específico de la
lectura, que suelen persistir durante la adolescencia, aun a pesar de que se
hayan conseguido progresos positivos. Los niños con trastornos específicos de la
lectura suelen tener antecedentes de trastornos específicos del desarrollo del
habla y del lenguaje y la evaluación exhaustiva de cómo se utiliza el lenguaje,
pone a menudo de manifiesto otros problemas más finos. Además del fracaso
escolar, suelen ser complicaciones: las faltas de asistencia a la escuela y los
problemas de adaptación social, en especial en los últimos años de la escuela
elemental y secundaria. Este trastorno se presenta en todas las lenguas
conocidas, pero no hay certeza de si su frecuencia se ve afectada o no por el
tipo de estructura del lenguaje y de la escritura.
Pautas para el
diagnóstico
El rendimiento de
lectura del niño debe ser significativamente inferior al nivel esperado de
acuerdo a su edad, su inteligencia general y su nivel escolar. El mejor modo de
evaluar este rendimiento es la aplicación de forma individual de tests
estandarizados de lectura y de precisión y comprensión de la lectura. La
naturaleza exacta del problema de lectura depende del nivel esperado de la misma
y del lenguaje y escritura. Sin embargo, en las fases tempranas del aprendizaje
de la escritura alfabética, pueden presentarse dificultades para recitar el
alfabeto, para hacer rimas simples, para denominar correctamente las letras y
para analizar o categorizar los sonidos (a pesar de una agudeza auditiva
normal). Más tarde pueden presentarse errores en la lectura oral como por
ejemplo:
a)
Omisiones, sustituciones, distorsiones o adiciones de palabras o partes de
palabras.
b) Lentitud.
c) Falsos arranques, largas vacilaciones o pérdidas del sitio del texto
en el que se estaba leyendo.
d) Inversiones de palabras en frases o de letras dentro de palabras.
También pueden presentarse déficits de la comprensión de la lectura, como las
siguientes:
e) Incapacidad de recordar lo leído.
f) Incapacidad de extraer conclusiones o inferencias del. material leído.
g) El recurrir a los conocimientos generales, más que a la información
obtenida de una lectura concreta, para contestar a preguntas sobre ella.
Es frecuente que en
las etapas finales de la infancia y en la edad adulta, las dificultades
ortográficas sean más importantes y de la lectura. Es característico que las
dificultades ortográficas impliquen a menudo errores fonéticos y parece que,
tanto los problemas de lectura como los ortográficos, pueden ser en parte
consecuencia de un deterioro de la capacidad de análisis fonológico.
Incluye:
Retraso específico de la lectura.
"Lectura en espejo".
Dislexia del desarrollo.
Disortografía asociada a trastornos de la lectura.
Excluye:
Alexia y dislexia adquirida (R48.0).
Dificultades adquiridas de lectura secundarias a trastornos de las emociones
(F93.-).
Trastorno de la ortografía no acompañado de dificultades para la lectura
(F81.1).
F81.1 Trastorno específico de la ortografía
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