|

¿Qué es el autoconcepto?
¿Qué es la autoestima?
¿Cómo establecemos nuestro
“yo”?
¿Cómo soy realmente?
¿Podemos cambiar nuestro
comportamiento?
Comenzaremos por definir
brevemente ambos conceptos, a continuación veremos la relación que tiene el
autoconcepto con la autoestima, ya que ambas están profundamente ligadas,
después veremos cómo se ha podido formar ese criterio sobre nosotros mismos
y, dado que es una web de autoayuda para mejorar tu vida, consideraremos la
mejor forma de realizar los cambios que te favorezcan.
¿Qué es el autoconcepto?
El autoconcepto es la suma de
creencias de un individuo sobre sus cualidades personales, es decir “que
sabemos (o creemos saber) de nosotros mismos”. Este concepto de sí mismo lo
vamos formando a lo largo de nuestra vida, por ejemplo vamos interpretando
nuestras emociones y nuestra conducta y la comparamos con la del otro ¿es igual
o diferente?
¿Qué es la autoestima?
Una vez formado un
autoconcepto coherente, construimos nuestra autoestima, es decir: “cómo nos
sentimos con nosotros mismos”. Según nuestro autoconcepto podemos sentir
desde que no valemos nada, lo que implica insatisfacción, rechazo y desprecio de
sí mismo, hasta una alta autoestima que expresa un sentimiento de que uno es
“suficientemente bueno”, o que somos los mejores.
La autoestima está
determinada por el concepto que tenemos de nuestro yo físico, el ético o moral,
el personal, el familiar el social, la identidad, la autoaceptación, el
comportamiento y la autocrítica (Fitts, 1965).
Una autoimpresión coherente
se forma con estos dos componentes: del concepto que tenemos sobre nosotros (lo
que sabemos de nosotros mismos) y de la autoestima (cómo nos sentimos con
nosotros mismos). Esta visión de nuestro yo no es inamovible, sino que está en
constante cambio y desarrollo dependiendo de nuestra experiencia, de las
circunstancias de la vida y del contexto social en el que nos movemos.
¿Cómo establecemos nuestro
“yo”? 
Desde épocas antiguas, ya los
filósofos griegos recomendaban “conócete a ti mismo”. Porque podemos
sentir que somos tímidos o lanzados, inteligentes o tontos, atractivos o no,
etc. pero ¿de dónde hemos sacado esas conclusiones sobre nosotros mismos?
Veremos más adelante cómo creamos nuestra impresión del yo, cómo llegamos a
creer saber cómo somos y cómo nos sentimos acerca de nosotros mismos.
Revisar cómo somos en
realidad es importante, una que una vez hemos establecido nuestro “yo”, todos
nuestros pensamientos, sentimientos y conductas tienden a corroborar este
criterio formado, y nos resistimos a la información que lo contradice.
Formamos el criterio sobre
nosotros mismos a través de cómo interpretamos nuestras acciones y sobre todo en
la infancia, de cómo las interpretan los demás, como piensan y sienten sobre lo
que hacemos, y en la infancia influyen en especial nuestros padres a formarnos
el criterio sobre nosotros.
Pongamos un ejemplo: si
nuestro padre/madre/maestro ante un suspenso en matemáticas nos dijo de
pequeños:
“Es extraño porque tú eres muy bueno
en matemáticas, quizás dedicaste poco tiempo” nuestro pensamiento confirmará
“soy muy bueno en matemáticas, dedicaré más tiempo”
Pero si su respuesta es “Es que a ti
te cuestan mucho las matemáticas”, nuestro pensamiento confirmará “no valgo para
las matemáticas, no merece la pena esforzarme”
Y de esta forma creemos que
valemos o no valemos para tal o cual cosa, que somos valientes, vergonzosos,
etc.
No es únicamente lo que nos
dicen, sino los sentimientos que nos transmiten sobre nuestras capacidades y
forma de ser lo que nos ayuda a ir formando un criterio de cómo creemos que
somos.
Pero a veces tenemos
contradicciones
A través de nuestra conducta
y también comparándonos con los demás para medir cómo somos, por ejemplo
pensamos:
Si salgo con frecuencia con amigos
creo que soy extrovertido.
Pero siento timidez, entonces es que
soy tímido.
Con mi familia soy extrovertido,
pero con las chicas soy tímido
¿Cómo soy realmente?
Nos vemos a nosotros mismos
adoptando una serie de roles diferentes: con la familia, con los amigos, en el
trabajo… y vemos que nos comportamos de forma diferente ¿porqué? Pues en muchas
ocasiones nos comportamos repitiendo el “papel” que se espera de nosotros, en
otras procedemos con mayor libertad y somos más nosotros mismos.
¿Podemos cambiar nuestro
comportamiento?
Hacerlo solos no es una tarea
fácil, ya que algunos de nuestros comportamientos están muy fuertemente
arraigados en nuestro cerebro, pero podemos intentarlo siguiendo estas pautas:
Detección. Cuando nos
encontramos en una determinada situación que nos resulta incómoda, es que ahí
hay un problema.
Análisis. Piensa qué te ha
pasado, porque has reaccionado así, que hubieras podido hacer para sentirte más
a gusto con tu conducta, y porque crees que no lo has hecho.
Acción. La próxima vez,
intenta comportarte de la forma que te hubiera hecho sentir bien.
Si no lo consigues con
facilidad, no seas duro contigo mismo. Piensa que toda la información que hemos
ido recibiendo desde pequeños se ha ido gravando de forma física a nivel
bioquímico en nuestro cerebro -es algo constatado por la neurociencia a través
de investigaciones y utilización de medios como las tomografías cerebrales- y es
por lo tanto un aprendizaje difícil sin la ayuda de un terapeuta que utilice
técnicas adecuadas, aún así, te animo a que lo intentes porque seguro que los
cambios y nuevas actuaciones que adquieras te van a sorprender.
Dra. Elisa Urbano
Psicóloga, sexóloga y
Terapeuta
|