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El
miedo en la infancia
La ansiedad y el miedo
Miedos evolutivos normales más
frecuentes en las fases del desarrollo infantil
¿Porque se producen los trastornos de
ansiedad en la infancia?
Conducta a seguir en los
trastornos de ansiedad
LA ANSIEDAD EN LA INFANCIA
Se trata de una vivencia displacentera que generalmente
ocurre como respuesta frente a situaciones de amenaza, reales o imaginarias,
expresada a través de síntomas físicos o psíquicos que tienen una función
defensiva ante la experiencia de amenaza.
Estas situaciones de peligro,
tal como las describe Freud, son el miedo a ser abandonado, a perder el
objeto amado, el miedo a la venganza y al castigo, y la posibilidad de
castigo por parte del “superyó” (en psicoanálisis, en el lenguaje coloquial
es “lo que cree el niño o el adulto que debería haber hecho”).
Reaccionamos con ansiedad ante las dificultades de la
vida. Y ante los hechos agradables o placenteros por temor a la pérdida.
Lo importante para la salud física y mental no es tener o
no ansiedad, sino la cantidad, la calidad y el tipo de la misma.
La existencia de conflictos profundamente inconscientes,
si no son elaborados, puede dar lugar a estados de ansiedad crónica que se
manifestarán por trastornos mentales. Esta ansiedad crónica puede llevar a
auténticas enfermedades, como las enfermedades psicosomáticas o
psicofisiológicas, como por ejemplo antrosis cervicales, trastornos
cardiovasculares (por ej, el infarto de miocardio), ulceras gastroduodenales,
asmas y bronquitis, etc.
EL MIEDO EN LA
INFANCIA
Cuando la ansiedad se produce por estímulos específicos,
se habla propiamente de
miedo.
La mayoría de los niños experimentan muchos temores leves, transitorios y
asociados a una determinada edad que se superan espontáneamente en el curso
del desarrollo. El miedo constituye un primitivo sistema de alarma que ayuda
al niño a evitar situaciones potencialmente peligrosas. El
miedo a la separación
es la primera línea de defensa; si se rompe ésta, entonces entran en acción
los miedos a
los animales y a los daños físicos. Desde
esta perspectiva, los miedos son respuestas instintivas y universales, sin
aprendizaje previo, que tienen por objetivo proteger a los niños de
diferentes peligros. Los miedos innatos, es decir, que se presentan desde el
nacimiento, se pueden agrupar en cinco categorías generales:
Miedo a los estímulos intensos.
Miedo a los estímulos desconocidos, como por ejemplo, el temor a los
extraños.
Miedo a la ausencia de estímulos, como por ejemplo, la oscuridad.
Miedo a estímulos que han sido potencialmente peligrosos para la especie
humana en el transcurso del tiempo, como la separación, las alturas, las
serpientes u otros animales salvajes.
Miedo a las interacciones sociales con desconocidos.
MIEDOS EVOLUTIVOS NORMALES MÁS FRECUENTES EN LAS FASES DEL DESARROLLO
INFANTIL
El niño de 0 a 1 año suele responder con llanto a los
estímulos intensos y desconocidos, así como cuando cree encontrarse
desamparado. 
En los niños de 2 a 4 años aparece el temor a los
animales.
En los niños de 4 a 6 años surge el temor a la oscuridad,
a las catástrofes y a los seres imaginarios (como brujas y fantasmas) así
como el contagio emocional del miedo experimentado por otras personas y la
preocupación por la desaprobación social.
Entre los 6 y los 9 años pueden aparecer temores al daño
físico o al ridículo por la ausencia de habilidades escolares y deportivas.
Los niños de 9 a 12 años pueden experimentar miedo a la
posibilidad de catástrofes, incendios, accidentes; temor a contraer
enfermedades graves; y miedos más significativos emocionalmente, como el
temor a conflictos graves entre los padres, al mal rendimiento escolar, o,
en ambientes de violencia familiar, el miedo a palizas o broncas.
Entre los adolescentes de 12 a 18 años tienden a surgir
temores más relacionados con la autoestima personal (capacidad intelectual,
aspecto físico, temor al fracaso, etc.) y con las relaciones
interpersonales.
Los miedos infantiles expuestos son muy frecuentes y
pueden afectar hasta al 40-45% de los niños. Son, por ello, normales,
aparecen sin razones aparentes, están sujetos a un ciclo evolutivo y
desaparecen con el transcurso del tiempo, a excepción del miedo a los
extraños que puede subsistir en la vida adulta en forma de timidez.
LA ANSIEDAD Y EL MIEDO
A menudo se usan de forma indiscriminada estos dos
constructos, pero veremos sus diferencias.
La ansiedad usualmente empieza con un peligro no muy bien
definido, mientras que el miedo usualmente empieza cuando hay una situación
que esta muy bien definida.
Funcionalmente dependen de dos clases de estímulos:
Los externos (lo que ocurre en su entorno)
Los internos (lo que siente el niño)
En la ansiedad, lo que ocurre en su entorno influye en
menor grado que en el miedo, en el que teme a algo en concreto. Y el sistema
de respuesta predominante en la ansiedad es el pensamiento, mientras que en
el miedo es el motor.
La ansiedad y el miedo nos causan muchos síntomas
mentales incómodos, como el sentirse indefenso, la confusión, la
aprehensión, la preocupación y los pensamientos negativos repetitivos. El
miedo y la ansiedad también pueden causar síntomas desde simples tensiones
musculares hasta un corazón latiendo fuertemente. Los síntomas posibles
están anotados en la descripción de ataques de pánico.
¿PORQUÉ SE
PRODUCEN LOS TRASTORNOS DE ANSIEDAD EN LA INFANCIA?
Hay niños muy
vulnerables a las situaciones de estrés, tanto en su aspecto biológico, como
psicológico, así como situaciones estresantes.
Se han
propuesto varias hipótesis referentes a la ansiedad de separación (Bragado,
1993) como muy influyentes.
Los déficits
de aprendizaje
Las experiencias traumáticas de separación
El reforzamiento de las conductas de dependencia por parte de los padres.
En suma, la
vulnerabilidad biológica, la vulnerabilidad psicológica y los
acontecimientos estresantes traumáticos hacen más probables, sobre todo
cuando actúan juntos, la aparición de la ansiedad de separación.
La mayor parte
de las actuales aproximaciones psicológicas consideran que los miedos y
sobre todo las fobias, son adquiridas o aprendidas por el individuo que las
presenta como consecuencia de su experiencia particular. Esto no significa
que desde un punto de vista psicológico se niegue la existencia de
reacciones “innatas” de miedo, que se producen ante determinados estímulos
casi desde el nacimiento.
Se puede observar por tanto que, en el origen de los
trastornos de ansiedad desempeñan un papel importante, por un lado, los
acontecimientos estresantes como el divorcio de los padres en los períodos
críticos de la infancia y, por otro, el estilo educativo de los padres con
los hijos.
En concreto, hay una estrecha relación entre la ansiedad
materna, la sobreprotección de los hijos y las respuestas de ansiedad por
parte de éstos. El temperamento del niño desempeña asimismo un papel
importante y refleja la predisposición hereditaria general. Los niños
ansiosos tienden a responsabilizarse excesivamente de los fracasos,
experimentan dificultades para generar alternativas de actuación y
discriminar las que son efectivas de las que no lo son y por último, suelen
ser lentos en la toma de decisiones.
La atención excesiva del niño a sus propias reacciones y
a sus propios pensamientos contribuye a desarrollar y mantener la ansiedad.
Las situaciones que provocan ansiedad en la infancia son
muy variadas. A continuación les ofrecemos una relación de factores que
pueden generar o precipitar la ansiedad. 
Enfermedades e intervenciones quirúrgicas.
La muerte de amigos o parientes.
Las dificultades escolares.
Ataques o experiencias sexuales.
Los problemas intrafamiliares.
Las situaciones de miedo.
Las preocupaciones y situaciones de peligro imaginario.
Los accidentes.
La menstruación.
Experiencias traumáticas específicas. “Estrés traumático”.
Los límites entre ansiedad normal y patológica
no siempre están claros. Las dificultades para establecer dichos límites se
multiplican en el caso de la ansiedad porque en ella intervienen factores
que dificultan la diferenciación.
La ansiedad crónica se manifiesta frecuentemente
por inquietud o conducta temerosa, con dificultades de tipo relacional o
social y menos veces con manifestación orgánica. Son menos aparatosos los
síntomas en las formas de ansiedad aguda, con predominio de
sentimientos de culpa o de preocupación excesiva, o acompañando ideas
obsesivas. La ansiedad crónica tiene un importante valor en
psicopatología del niño por su propio significado y por el fuerte poder
dinamizador que posee, posibilitando reacciones a medio y largo plazo con
consecuencias imprevisibles, siendo un factor de riesgo si permanece de
manera continuada durante años, creando además una vulnerabilidad psíquica
que se mantendrá en la vida adulta.
El rasgo es un modo de conducta, distintivo de una
persona, de naturaleza más o menos permanente. Es una característica de la
personalidad del sujeto, como por ejemplo la timidez. Ese rasgo no
tiene porque ser patológico a no ser que origine sufrimiento o dificultades
en su vida y en su equilibrio psíquico. La ansiedad estado en el niño
hace pensar en lo patológico, en trastornos por ansiedad identificables.
Uno de los peligros es que la ansiedad crónica se
involucra con la personalidad conforme el niño crece. El comportamiento
emocional y social del niño refleja sentimientos de inferioridad,
hipersensibilidad, vulnerabilidad emocional, exageración en las respuestas
emocionales, timidez, aislamiento social, vinculaciones afectivas
inadecuadas, autoconciencia de su situación, llantos, desequilibrios
emocionales, rigidez emocional, aplicación de la “ley del todo o nada”,
carácter “complaciente” y falsamente adaptado, etc.
CONDUCTA A SEGUIR EN LOS TRASTORNOS
POR ANSIEDAD
En el caso de sospechar que se trata de un estado de
ansiedad, recomendamos hacer una evaluación psicológica para comprobar que
se trata realmente de un estado de ansiedad. Que la psicóloga/o pueda
evaluar los criterios diagnósticos y efectuar el diagnóstico diferencial con
la depresión infantil, evaluar las afectaciones del estado de ánimo y la
capacidad para disfrutar.
En casos leves, pueden estar muy relacionados con la
ansiedad de la madre, etcétera, vale la pena intentar recibir medidas
ambientales tipo consejo.
Apolonia
Manchón y Elisa Urbano
Temas relacionados:
para mayor información consulta en artículos de autoayuda:
tipos de padres,
etapas evolutivas
en los bebes,
problemas escolares,
hiperactividad,
inteligencia emocional en
niños, ansiedad
en la infancia, miedos,
enuresis,
autismo. y para
información de tratamientos en consulta:
tratamiento de
problemas escolares,
de la hiperactividad,
tratamiento de la violencia
en los niños,
tratamiento de ansiedad en los niños,
miedos y
enuresis, y
psicoeducación para
mejorar la inteligencia emocional en los niños.
Dra. Elisa Urbano
Psicóloga, sexóloga y
Terapeuta
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