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LAURA
ROSELL
Vuelos virtuales con aterrizajes complicados, ascensores virtuales
que se paran en el peor momento, arañas virtuales que aparecen por
sorpresa en la cocina...
Casi cualquier escenario es posible en los entornos creados para
tratar distintas fobias, como la fobia a volar, la claustrofobia, la
fobia a las arañas, a las alturas y el trastornos de pánico con
agorafobia. “Los tratamientos aplicados por medio de realidad
virtual son tan eficaces como los tradicionales y con mucha menos
aversión por parte del paciente”, explica Cristina Botella,
catedrática de tratamientos Psicológicos y directora del Servicio de
Asistencia Psicológica de la Universidad Jaume I de Castellón.
Simulación destinada a
combatir la aracnofobia
Los pacientes viven las
situaciones como si fuesen reales pero con la confianza de que no corren
peligros reales como, por ejemplo, quedar atrapados en in avión con
problemas técnicos graves o ser picados por una araña. Otra ventaja de
la realidad virtual aplicada es la facilidad de acceso a cualquier
objeto o situación temida (cuevas, arañas, aviones, etc.
Progreso calculado
La metodología básica de los
tratamientos consiste en que la persona, paso a paso, va superando la
ansiedad incontrolable que siente al enfrentarse a aquello que le
produce miedo. Los pacientes, equipados con unas gafas y un tracker
–que es un rastreador de posición que permite que lo que el paciente ve
a través de las gafas sea lo mismo que se proyecta en el monitos- se
sitúan delante del ordenador y, una vez inmersos en la situación, deben
moverse, tomar decisiones e interactuar en cada escenario.
Cada sesión de tratamiento se
diseña a medida de las necesidades de cada paciente y las circunstancias
a las que se enfrenta pueden ir incluso más allá de la realidad, hasta
el punto de que algunos pacientes temen más a la situación virtual que
el mundo real. Por ejemplo, una paciente que padecía una claustrofobia
grave dijo a su psicólogo: “Si venzo a esta habitación, podré con
cualquier cosa”. La habitación tenía una pared movible que dejaba
encerrada a la persona en un espacio cada vez más pequeño. “La
exposición está dirigida a facilitar el procesamiento emocional del
miedo”, afirma Botella.
La exposición al objeto temido
es gradual y sólo se pasa a la siguiente escena cuando la ansiedad del
paciente disminuye. Por ejemplo, en una terapia para la fobia a volar,
que suele durar entre seis y siete sesiones a razón de 70 euros cada
una, el paciente, siempre de forma virtual, prepara las maletas en la
habitación de un hotel, toma un taxi, pasea por el aeropuerto y factura
su equipaje. Al final, embarca en un vuelo virtual, en el que el
terapeuta controla todas las variables como el número de pasajeros, el
grado de turbulencias, las condiciones atmosféricas, las características
del despegue, etc.
Para el psicólogo, el precio del
software Virtual Fligth, para el tratamiento de la fobia a volar,
es de 2.900 euros y el equipo completo cuesta alrededor de 2.500 euros.
No más pizza
La empresa española Previ crea y
comercializa diversas aplicaciones de realidad virtual. Además del
tratamiento de las fobias, existe software para el tratamiento de
la distorsión de la imagen corporal en los trastornos alimentarios y
para el juego patológico. Otras aplicaciones que se han realizado,
sobre todo en Estados Unidos, han sido dirigidas al tratamiento del
estrés postraumático, muy utilizado por veteranos de la Guerra del
Vietnam, y a los niños autistas.
El único inconveniente de estas
técnicas, explica José Gutiérrez Maldonado, profesor de la Universidad
de Barcelona (UB) y coordinador de un proyecto de investigación sobre la
aplicación de nuevas tecnologías en Psicología Clínica, es la
“enfermedad del simulador”, cuyos síntomas son alteraciones visuales,
mareos y náuseas, pero, si se controla la duración de la sesión para
cada paciente, el tiempo de exposición razonable a los estímulos y se
respeta una graduación adaptada a cada persona, este efecto o no se da o
desaparece muy pronto. Desde el grupo de investigación de la UB se está
trabajando en los distintos campos de la psicología clínica, como el
tratamiento de la ansiedad ante los exámenes o la evaluación del esquema
corporal en pacientes con trastornos alimentarios.
Algunas pacientes mayores que no
está acostumbradas a utilizar el ordenador, al principio se muestran
algo escépticas y ofrecen resistencias. Por el contrario, los más
jóvenes, acostumbrados a los juegos digitales, se lo toman más como una
terapia en cierta manera divertida.
Una paciente bulímica, tras
comer una pizza virtual, le espetó a su terapeuta: “Por favor, no me
hagas comer más, estoy superllena”. Algunos incluso dan ideas para
mejorar los entornos, como, por ejemplo un guardia de seguridad con
agorafobia que, en una situación de exposición virtual en unos grandes
almacenes indicó que en ese centro escaseaban los guardias.
“El futuro de la realidad
virtual como técnica de intervención psicológica es prometedor”
pronostica Gutiérrez Maldonado. En su opinión, los precios de los
programas bajarán, aparecerán aplicaciones que permitirán a los
psicólogos construir a medida sus escenarios y se perfeccionarán otros
complementos.
PREVI:
www.previsl.com
UB:
www.ub.es/personal/rv/rv1.htm
Dra. Elisa Urbano
Psicóloga, sexóloga y
Terapeuta
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